lunes

Marta Braier (Argentina,1947)

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Mujer sentada


Pero sé que debo hablar de esa puerta,
en un hotel para turistas de la calle Cangallo.

Recuerdo con nitidez un finísimo rayo de sol
y las partículas del aire jugando con la luz.
( Ah el sencillo fulgor de una habitación en penumbras).

Estoy sentada sobre un sucio cobertor.

El conserje me entregó la llave de la diecinueve
y miró con cara de nada
cuando le hablé de tiempo de sosiego.

Cerró la puerta y me dejó queriendo comprender.

(Los mosaicos hacían muecas con su geometría).

Poco importa si por la calle pasa un hombre,
si hay una fábrica, un frigorífico, o muchos árboles.
Pero, el aire. ¿Entra por los pulmones, sale o permanece?

¿Qué hago, qué hago aquí,
en un cuadrado sórdido y ajeno?
Ajeno. Sórdido. Agujero del mundo, digo.

Sentada sobre un sucio cobertor.De Gestos de minué



de “Ésta es la tierra, corazón” (Último Reino, 2005)


La poeta nacióta en Tucumán (Argentina). Es Profesora en Letras egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de esa provincia. Poeta, especializada en Creatividad y Crítica Literarias. Dirige talleres de Escritura y Literatura desde 1982 y coordina actualmente el Taller Literario para Jóvenes de la Biblioteca Nacional Es autora del poemario "Gestos de minué" (Libros de Tierra Firme, 1999) y de "Ésta es la tierra, corazón" (Último Reino, 2005). Tiene en preparación una nouvelle poética “El río secreto”.

jueves

Adalgisa Nery ( Brasil 1905-1980)

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descanso

Dame la mano
Y yo te llevaré a los campos con música de
canción de la cosecha
ven antes de que los pájaros nos arrebaten 
los frutos,
antes de que los insectos se alimentar de las hojas
entreabiertas
Dame la mano
y  te llevará a disfrutar de la alegría de la tierra
agradecida
Te armaré una cama en la tierra amistosa
 y reposará la cabeza en el
Silencio hierba de los campos.
Nadate preguntaré,
Sólo escucharás el canto de las jóvenes aguas
Y las palabras de mi mirada en tu cara tan
 amada.




Repouso


Dá-me tua mão
E eu te levarei aos campos musicados pela
canção das colheitas
Cheguemos antes que os pássaros nos disputem
os frutos,
Antes que os insetos se alimentem das folhas
entreabertas.
Dá-me tua mão
E eu te levarei a gozar a alegria do solo
agradecido,
Te darei por leito a terra amiga
E repousarei tua cabeça envelhecida
Na relva silenciosa dos campos.
Nada te perguntarei,
Apenas ouvirás o cantar das águas adolescentes
E as palavras do meu olhar sobre tua face muito
amada.




*traducción grupo Conestabocaenestemundo

Alicia Genovese (Argentina, 1953)

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*Cami en la pileta - óleo sobre tela de Martha da Costa


EL BAÑO

Hay una ducha al fondo
de la casa
y cada tardecita
después del calor, el río
los mates, las conversaciones 
sudorosas en el porche
es la hora del baño
Atravieso los ligustros
dejo la toalla en una rama
el jabón 
sobre un tronquito
hachado al ras; un mínimo 
preparativo antes de hacer 
correr 
el agua 
Fría al comienzo
después más tibia
llega la que el sol
abrasó en el tanque 
de fibrocemento
el día entero
Al aire libre
la caña de ámbar
vuelve encantamiento,
el rito diario;
me lavo la cabeza
me bajo los breteles,
la malla y vigilo, casi 
con inconsciente cuidado
que los sonidos sean 
los habituales: 
algún zorzal 
que levanta vuelo
una gallineta que picotea
las últimas migas 
en el pasto, esa quietud 
atardeciendo
las casas vecinas
y la variedad inabarcable
de hojas y ramas en el monte
extasiadas rozándose
Me enjabono
la espalda, los hombros 
arden y otra vez el agua
reciben plácidos, 
más sensible 
el borde sin solear
del cuerpo siempre enmallado;
los pelitos de la vulva emblanquecen 
con la sedosa jabonada
y los pezones se agrandan
bajo las marcas 
geométricas del escote 
Abro por completo la ducha
y el caudal
cae a brochazos
casi helada me apura
fuera del letargo 
de la respiración;
hasta que cierro y vuelvo
al calor de las telas
al sigilo en la toalla
mientras el agua 
por la zanjita 
perfumada corre
como un suspiro aliviado
como un instante amoroso
y su exigente vigilia
No sabe nadie
nadie presencia
mi tarde detrás
del arroyo;
piedrita que alguien regala
y al aceptarla toma 
la forma de tu mano;
no tiene valor
no se cotiza
ni siquiera se pone
en una vitrina
de objetos exóticos;
se vive con poco
con nada
se hace un reino

de Química diurna, Alción, 2004

lunes

MARY OLIVER (EE.UU., 1935)

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El viaje 

Un día supiste por fin
lo que tenías que hacer, y empezaste,
aunque a tu alrededor las voces
seguían gritando
sus malos consejos ---
aunque toda la casa
empezó a temblar
y sentiste el antiguo tirón
en los tobillos.
“¡Arreglame la vida!”
gritaba cada voz.
Pero no paraste.


Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento hurgaba
con sus dedos rígidos
en las bases mismas ---
aunque su melancolía
fuese terrible. Ya era bastante
tarde, y una noche salvaje,
y la calle llena de ramas
caídas y de piedras.


Pero de a poco,
mientras dejabas las voces atrás,
las estrellas empezaron a arder
entre las sábanas de nubes,
y había una voz nueva,
que lentamente
reconociste como tu propia voz,
que te acompañaba
mientras te adentrabas más y más
en el mundo,
decidida a hacer
lo único que podías hacer --- decidida a salvar
la única vida que podías salvar.

sábado

Claudia Masin( Argentina, Chaco, 1972)

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El hilo

Esta mañana corrí como si ellos

vinieran detrás y ellos sonrieron

desde adentro. Mala soy

mala como la nena que cayó

desde un décimo piso por mirarse

demasiado en los espejos.

No era vanidad, no,

era terror apenas.

Desciendo de tu cuerpo

con mi oficio de boa no sé

qué hacer primero:

si tatuar una figura

que te muestre muriendo

allí en tu propio pecho, o desollar

despacio las piernas sonriendo,

o tal vez quemarte los pómulos y ensayar el gesto

de mamita en vigilia pero

quién te toca como lo hace

la única que te ama quién

sino la misma que te arrastra

y se va –asesina- con un rumor

de guerra, de arena, de alegría.


El tiempo

Lugar: hospital de pueblo
a las dos de la tarde.

El médico que me atiende se parece
-sospechosamente-
al médico kafkiano. Estoy
tan feliz de tener
mi propio médico rural.


Admiro en mi costado
la herida hermosa, los gusanos
como flores exóticas. escucho:
ha nacido con ella.

Una ronda de niños
arroja mi cabeza.
Parece una moneda
de cobre en el espacio
clarísimo en la tarde
sin sol.

-Hay una prenda para
quien la deje caer, aviso,
agitada por tanto vaivén.

Mientras circula de mano
en mano, mi boca apenas dice
que lo hermoso se convierta
en horrible,
que lo horrible amanezca
belleza.
Bostezan
enfermeras y abuelas
a los pies de mi cama.
Son las dos de la tarde
desde hace cinco años.
Estoy aquí, ocupada en contar
el número de pasos
desde la puerta hasta mí,
el número de veces
que respiro en la noche.
La eternidad me observa,
incrédula, celosa.




El nido

La sonrisa radiactiva del padre

esparciendo su haz de luz mortífera,

parece decir: estoy aquí

para trazar la línea,

arbitrario y generoso como Zeus.
De este lado, los pollitos

sanos y hermosos, mis hijos.

Del otro, los cadáveres, sus plumas

revoloteando en el aire

creado por mi aliento.

Otorgo el alimento y el veneno

por partes iguales.

Ordeno la fila, corto los vértices

que sobresalen, satisfecho

por la magnitud de la desgracia que puedo

hacer brotar de las piedras

como agua.

(de Bizarría,1997)

En "La vista ", lo que se rememora no es tanto ya esa larga mañana de sol con que confundimos la infancia, sino el pacto, el romance primero - fatalmente desigual- entre dos criaturas. O más aún: su ruptura, ese hiato implacable por el que el ser humano vislumbra, quizás por primera vez, su primordial orfandad.
La vista,Edit Visor,2002. (fue II Premio Casa de América de poesía Americana).

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