viernes

Alfonsina Storni

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NOCTURNO

Es muy dulce el silencio de esta hora;
hay algo en el jardín que tiembla y llora.
Oh, ven, que entre tus manos haré almohada,
para apoyar mi testa desolada.
Te esperaré en nuestro banco
y por gustarte vestiré de blanco.
No esperes, al llegar, que yo me mueva
de la glorieta que nos finge cueva.
Me lo suele impedir el corazón
que a tus pasos se pone en desazón.
Mi corazón está tan castigado
que como un vaso morirá trizado.
Si algún día entre tus brazos se me aquieta,
tú, que tienes instinto de poeta,
Ponme sobre las sienes muchas rosas
con tus mano delgadas y nerviosas.
Las sentiré caer como un suspiro
desde el silencio azul de mi retiro.
¿No sabes que la muerte es la dulzura
jamás gustada en nuestra vida impura?
¡Oh, si fuera el allá silencio eterno
ni sol de enero, ni quietud de invierno!
Estoy cansada de escuchar sonidos;
me molestan y me ofenden tantos ruidos..
El cerebro me pesa como un cuervo
clavado adentro por destino acerbo.
y tengo tal deseo de dormir...
Oh, qué hermoso, qué hermoso no sentir.
¡Oh, dejarse llevar sin voluntad
como una estrella por la inmensidad!
No saber de uno mismo; ser el ave;
llevar las alas sin buscar la clave.
No esperes que se aquiete el corazón;
mátalo tú en un rapto de pasión.
Esta noche, mi bien, y no mañana.
¡Es tan dulce esta hora vesperiana!
Aquí, entre flores pálidas y mustias
que se mueren también por mis angustias.
No tardes esta noche, amado mío...
el cielo se ha nublado; tengo frío...
No tardes esta noche que estoy sola . .
y tiemblo... tiemblo... soy una corola.
Esto es amor, esto es amor:
yo siento en todo átomo vivo un pensamiento.
y soy una y soy mil;
todas las vidas ¡pasan por mí;
me muerden sus heridas.
y no puedo ya más;
en cada gotade mi sangre
hay un grito y una nota.
y me doblo, me doblo bajo el peso
de un beso enorme, de un enorme beso.

miércoles

Blanca Guifarro(Honduras, 1946)

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LA PATRIA ES MATRIA

las mujeres somos esa multitud 
de mariposas - gatas - panteras 
y brujas del mundo 

parimos y no parimos 
y hacemos del amanecer 
arrullos de bocas frescas
sacudimos el mantel 
y en cada cuerpo erotizado 
emprendemos 
la lucha cotidiana 

somos bandera -himno - brassavola 
y toda la belleza 
enredada en bugambilias 

vendemos fuerza de trabajo 
cuidamos la prole 
rompemos la nostalgia 
y entre llanto y llanto 
volvemos a empezar 

matria es 
amor, lucha, fuerza. tempestad 
mujeres 
con olor a fogón - yuca - maíz 
conciencia y pasión
somos estrellas 
luminosas y ardientes 
cuando olemos opresión 

de Resistencia (2009)



AMAS DE CASA

El reducido espacio
en que navegamos
impide soñar con cosas agradables
y proyectos a largo plazo,
sacar basura los lunes y jueves,
esperar con alegría el agua racionada,
encender la radio para verificar contactos,
la costumbre es el colchón
de muchas vidas
que sin aspiraciones de trascender
sostienen la existencia.

de La otra...mitad(1966)

mujeres con letra propia

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¨𝒟ℯ𝓈𝒹ℯ 𝓆𝓊ℯ 𝓂ℯ 𝓇𝒶𝓎ó 𝓁𝒶 𝓅𝓇𝒾𝓂ℯ𝓇𝒶 𝓁𝓊𝓏 𝒹ℯ 𝓁𝒶 𝓇𝒶𝓏ó𝓃 𝒻𝓊ℯ 𝓉𝒶𝓃 𝓋ℯ𝒽ℯ𝓂ℯ𝓃𝓉ℯ 𝓎 𝓅ℴ𝒹ℯ𝓇ℴ𝓈𝒶 𝓂𝒾 𝒾𝓃𝒸𝓁𝒾𝓃𝒶𝒸𝒾ó𝓃 𝒶 𝓁𝒶𝓈 𝓁ℯ𝓉𝓇𝒶𝓈, 𝓆𝓊ℯ 𝓃ℴ 𝒶𝒿ℯ𝓃𝒶𝓈 𝓇ℯ𝓅𝓇ℯ𝓈𝒾ℴ𝓃ℯ𝓈...𝓃𝒾 𝓅𝓇ℴ𝓅𝒾𝒶𝓈, 𝒽𝒶𝓃 𝒷𝒶𝓈𝓉𝒶𝒹ℴ 𝒶 ℯ𝓈𝓉ℴ𝓇𝒷𝒶𝓇 ℯ𝓈𝓉ℯ 𝒾𝓂𝓅𝓊𝓁𝓈ℴ 𝓃𝒶𝓉𝓊𝓇𝒶𝓁 𝓆𝓊ℯ 𝒟𝒾ℴ𝓈 𝓅𝓊𝓈ℴ ℯ𝓃 𝓂𝒾.¨
¨¿𝐄𝐧 𝐪𝐮é 𝐡𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐦𝐢 𝐝𝐞𝐥𝐢𝐭𝐨? ¨
𝐒𝐨𝐫 𝐉𝐮𝐚𝐧𝐚 𝐈. 𝐃𝐞 𝐥𝐚 𝐂𝐫𝐮𝐳


Rosario Castellanos(México,1925 - Israel, 1974)

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DOS MEDITACIONES


I
Considera, alma mía, esta textura
áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
y en el color, sombrío pero noble,
firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.

Piensa en la tejedora; en su paciencia
para recomenzar
una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.


EL DIA INUTIL

Me han traspasado al agua nocturna, los silencios
originarios, las primeras formas
de la vida, la lucha,
la escama destrozada, la sangre y el horror.
Y yo, que he sido red en las profundidades,
vuelvo a la superficie sin un pez.


Rosario Castellanos (Ciudad de México, México; 25 de mayo de 1925 - Tel Aviv, Israel; 7 de agosto de 1974) fue una destacada poetisa, novelista y promotora cultural mexicana.
Rosario Castellanos nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Chiapas, concretamente en Comitán, al extremo sur del territorio mexicano, lugar que influyó poderosamente en la atmósfera y estilo de sus obras. Hija de una importante familia de terratenientes, fue muy pronto consciente de las injusticias que impedían en progreso de los indios: una compresión que, junto a su carácter introvertido y unas ambiciones intelectuales “impropias” de una mujer de su época y momento histórico, le impidieron siempre sentirse integrada en la sociedad caciquil.
Estudió la Maestría en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se relacionó con Ernesto Cardenal, Dolores Castro, Jaime Sabines y Augusto Monterroso. Estudió también en la Universidad de Madrid con una beca del Instituto de Cultura Hispánica. Fue profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como en la Universidad de Wisconsin, en la Universidad Estatal de Colorado y en la Universidad de Indiana. Escribió durante años en el diario Excélsior, fue promotora del Instituto Chiapaneco de la Cultura y del Instituto Nacional Indigenista, así como secretaria del PEN Club. En 1954 fue becada por la Fundación Rockefeller en el Centro Mexicano de Escritores.
Dedicó una extensisíma parte de su obra y de sus energías a la defensa de los derechos de las mujeres, labor por la que es recordada como uno de los símbolos del feminismo latinoamericano. A nivel personal, sin embargo, su vida estuvo marcada por un matrimonio desastroso y continuas depresiones que la llevaron en más de una ocasión a ser ingresada. Castellanos murió a la temprana edad de 49 años a causa de un desafortunado accidente doméstico (murio debido a una descarga electrica con una lampara).

martes

Maria Teresa Andruetto (Argentina, 1954)

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Desnuda en la tienda



Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.


Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.

Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.

sábado

Marina Alessio (Argentina,1980)

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Sophia dice que los géminis somos así
estamos cerca pero estamos lejos
estamos cerca pero distantes
somos como gatos
escurridizos como el mercurio
nos dejamos agarrar pero nos escapamos
Sophia podría ser un hombre de 60
pero elije ser una chica de 20
su prioridad en la vida es no envejecer
evitar lo inevitable
Sophia es vecina de Courtney Love
nos señala su ventana con el dedo
pero la vista se desvía hacia la luna enorme y llena
Sophia dice que los géminis somos así
que vemos poesía en cualquier lado

martes

Elina Wechsler (Argentina, 1952)

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El carnaval explota en sus colores.
Un hombre baila con la muerte en el centro de la pista,
lleva en sus brazos un esqueleto y todos miran, ríen y sospechan.
Hay hombres que creen que el carnaval 
constituye algo así como la vida,
se disfrazan a diario,
disfrazan a sus mujeres.
Cuando intentan el desnudo
advierten que ya es tarde.





lunes

Mariel Manrique(Argentina, 1968)

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COSITA

Ahora soy la máscara ritual
que agradece la industria cosmética.
Tus hormonas morbosas se encabritan
un rato. Soy tu muñeca, tu sedosa cosita.
Qué rápido se olvida
la provisoriedad de las metamorfosis.
Del carnaval de Venecia queda el papel picado.
Sombras apresuradas
absorbidas por los ángulos de niebla.
Es como si no hubiera existido la fiesta,
sino las sobras y los platos sucios
después de despedir al último invitado.
A la hora en la que retroceden los vampiros,
ya no seré tu Marylin.
Porque en estado salvaje
me habrás corrido el rimmel,
despintado los labios,
lavado de accesorios y carnadas.
Con el pelo revuelto,
sin push-up, sin encajes,
sin sala cinematográfica a la vista,
te asomarás al abismo del aro.
Un inmisericorde rayo de sol
se posará en mis pómulos.
Advertirás mis medidas incorrectas,
mi cicatriz, mis tobillos dispares,
el mapa irreversible de mis pecas.
Se habrá fugado la pin-up.
Y tus pies tendrán que decidir.

jueves

Diana Bellessi y Saer... Febrero

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El cristal


Con sereno equilibrio se va febrero,
cada quien y toda la naturaleza

suspendida bajo el sol como si fuera
un capullo que reverbera en la tibieza

fresca y calma cuando se opaca la luz
y cae la noche mientras los últimos

colibríes atraviesan el follaje
agradecido de los árboles, y ellos

descansan por un momento, así mi alma
y el alma de las cosas saben de esa

melancolía, la mano amiga y cierta
de la belleza, tan entera y tan frágil

como la luna que nace en el cielo
de occidente al volverla visible al sol

en retirada y algo asciende y algo baja,
por ejemplo la dulzura de febrero

que uno a uno los vecinos halagan
con decidida vehemencia para hacerlo

todavía más hermosos reconociendo
su generosa partida que parece

decir: se va la vida y por eso la ven
radiante mis pequeños, ahora bébanla


"La mirada rebota, vuelve a fijarse, y vuelve a rebotar, en el espacio de febrero, en el mes irreal, que adviene para poner, como una cifra del tiempo entero, en el tapete, la evidencia"
J. J. Saer

miércoles

Giovanna Pollarolo Giglio (Perú, 1952)

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El premier viaje contigo

fue de Tacna a la Boca del Río
un sábado de invierno por la mañana.
Compraste dos Inca Kolas y dos mixtos en el Italia
y yo saqué a escondidas dos toallas de mi casa.
Había apenas una tenue resolana
zurumbe,
acá llaman zurumbe a la neblina de mediodía que refresca y alivia
los calores del verano, te expliqué;
no era verdad, pero la palabra te gustó y me creíste
a pesar del invierno.
Te hablé de una playa llamada Pozo Redondo
que parecía de postal:
algún día levantaré ahí una casa para mi vejez, dije
y te fui indicando el camino.
Cuando llegamos empezó a brillar el sol
la playa también te pareció hermosa
como el sueño de la casa mirando al mar, en lo alto.
Ahí mismo, en la arena
junto a la inmensa roca que nos protegía del viento
hicimos el amor por primera vez.
El sol cegaba mis ojos, pero creo que fui feliz.
Anochecía cuando regresamos
y yo me senté muy cerca de ti, juntas nuestras manos.
Mirando la carretera, mirándonos
nos detuvimos varias veces
te gustaba el olor limpio del desierto
y el silencio y las estrellas y el cielo despejado.
Juramos que nos amaríamos siempre.


Tuve que detener el auto al costado de la carretera
lloré hasta cuando el sol me hizo saber que era mediodía
y el calor me agobiaba.
Entonces me soné la nariz
y el pañuelo se llenó de sangre.
Se me ha roto el corazón, pensé.

de La ceremonia del adiós, Peisa Editorial, 1997
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