julio 04, 2009

Preparándote para el Apocalipsis-Gloria Frym(EEUU,1947)


Considera la voluntad de amar
como la decisión de sobrevivir.

Así operan los agentes del Eros
penetran furtivamente tus sueños
un momento antes del fin del mundo.


GLORIA FRYM(EE.UU; 1947)
Dirige talleres de poesía creativa en las cárceles del estado de California.Es autora de IMPOSSIBLE AFFECTION y SECOND STORIES.

junio 29, 2009

ANTOLOGÍA de POETAS MUJERES de HONDURAS



Waldina Mejía Medina ,1963
PATRIA



Aquí tenemos el corazón sellado a miedo y lodo.
Con el helado espanto de res en matadero
vemos cómo mutilan a la patria
y asesinan sus sueños
desde siempre
hijo mío, desde siempre
esta hilacha de patria que queremos
porque nos engendró el barro de su dolor
es la cosecha diaria del bandido
y en las aguas sangrientas del dinero
mueren de hambre los hijos de los hombres
y pululan en paz los asesinos.
Pequeño mío,
pájaro florecido del dolor,
cuando a usted le toque ser un hombre
¿cómo será la patria?
¿hoguera enardecida, fuego fatuo?
¿será mejor Usted de lo que nosotros hemos sido?



Clementina Suárez
Lamentos en el espacio

Afuera ruge el viento.
Tu cabeza está
en mis piernas.
la noche se entretiene en ronda de fantasmas.
Aguas desbarrancadas cortan narcisos y nieblas,
para adornar la tumba de tanto pájaro muerto.
Tú peinas y despeinas mi cabello
mientras el mar arrastra sangre y lodo.
La sombra parece que esculpiera cadáveres.
¿Quién llora y se desespera en el aire?
Amor. Tú estás dormido,
-sin darte prisa por salir de la noche-
mientras yo atajo lamentos
de madres y de niños.




JUANA PAVON, 1945
LLEGUÉ SOBRE LA CARNE



Llegué sobre la carne de muchos
llevándoles la fresca aurora
de mi música interna oliendo
a sábanas de monja
y empapadas con jugo de niña.
Llegué sola con mis carnes intactas
temblorosa de inviernos de hospicio
y de chorchas cautivas sollozantes.
Llegué con la luna entre mis piernas
revolcada en la hierba de lo místico
con mi himen cubierto de musgo
y arañas con hilos de seda.
Llegué así con mi semilla
palpitante sosteniendo
a los hombres con mis manos.



Amanda Castro
Éxodo



Todo se había vuelto un Profundo silencio
—un caos como al principio—
Bajo una piedra se hallaba la placenta de la vida
que podrida como estaba hizo surgir a Odosh’a
el espíritu del mal Xibalbá
—la casa de los cuchillos—
—la casa de los tormentos—
Los seres de maíz empezaron
a pelearse entre ellos
y fue así como nació el odio
y el llanto

En la casa de los murciélagos
la sangre del maíz se transformaba
en vísceras humanas
En la casa de los espejos los hombres
se arrancaban los ojos con las manos
—Odosh’a les enseñó a matar
y Odosh’a estaba alegre—




ARMIDA GARCIA, 1971
nudo ciego XVIII


Pero la soledad
no se marchó
fue sólo que ya no pude
volver a tocarla.


Lety Elvir, 1966
A veces
una sólo quiere perderse
en la noche de alguien
descongelarle el frío enquistado
en su pecho
levantarse la falda
gritarle muchas verdades.

Rebeca Becerra, 1970
Siluetas


Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques
No olvidan
porque no han vivido pasan...
como un simple viento
de muerte.


Francesca Randazzo, 1973
Amanece

doloroso en mi garganta.
El sol despunta entre las piernas,
nublado y seco.
Alguien busca, tropieza,
intuye detrás del vidrio.
Voces se pasean por mi ropa,
una mano las sacude;
mis pies ya no están,
trato de recordar la puerta que no atravesaron.
Pruebo dar un paso
pero sólo mis ojos avanzan y encuentran el miedo.

Mayra Oyuela, 1982
Tranviaria


Llevo al mundo como pendientes en mis orejas,
rozo con mis pestañas a los desconocidos,
beso manos de transeúntes
(hormigueo en los labios).
Que alguien me aborde,
soy el metro que esta ciudad jamás conoció,
atrevidos en mi todos los años,
en mí el transcurrir,
en mí la palabra ventrílocua de cada estación,
en mí la espina
y el diente que muerde la rosa de lo oculto.
Mis muertos no son sombras raídas en la luz.
Que alguien me aborde,
sé cual es el principio y el final de este cuento.
Que alguien suba y se detenga en mí.
Mis ojos son túneles que dan a cualquier lugar,
mis manos paredes para reposar en lo oscuro,
mis brazos sillones para que vengan a hacer el amor.
Roto ya todo lo íntimo en mí,
he de saberte andar,
mundo, con los puños cerrados en señal de auxilio
y no de defensa cerrados
para llevar en ellos el resto del aire que no supo caber en mis pulmones.
En la imperfección está lo bello.
No necesito ser el poeta sino el poema,
la belleza está por encima
de la lógica de cualquier poeta.
Necesito andarte despacio, camino,
no me detengo en el asombro de saber llegar,
mundo: en tus barrios, tatuadas están
las paredes de calcárea sumisión,
en tus barrios fue donde aprendí
a defender el descenso.
Soy el metro que esta ciudad jamás conoció;
en mí los volantes con fotos de desaparecidos,
en mí tumultos de palabras
que alguien no pudo barrer bajo la alfombra,
en mi el transcurrir.
Que nadie venga a preguntar
porque no te describo,
esperanza,
yo hablo de eso otro bello,
que no está en lo bello.
Abórdenme predicadores de la tarde,
zanates, pirueteros, estudiantes:
no olviden el punzón y esriban en la oquedad de mis vagones
teléfonos para citas de amor,
DJ, bartenders y todos con título
de extranjerismo en su profesión,
suban carniceros del San Isidro, conserjes
y putas, albañiles vengan a devolver la sonrisa
a las princesas de los domingos.
Mujeres: describan con su carmín
la caricia que no les tocó,
suban, fresitas del high school,
madres solteras, suicidas,
docentes, vengan a traficar
perfumes traídos del Canal de Panamá,
vengan a abordarme, en mí el transcurrir,
todos los años, el suspenso del que anda a tu lado,
a pesar de su humanidad.
Sé quien soy, basta una palmada en el hombro
y retorno a mis pies nauseabundos de sueños,
basta una palmada en el hombro
y retorno a mí al anonimato,
a la flatulencia, a la humana que soy.
¡Abórdenme!!!
soy el metro que esta ciudad jamás conoció,
vengan y calcen mis pies
ya que nunca podrán calzar mis zapatos.


Karen Valladares, 1984
Cielo



Me faltan siglos para dejar de ser.
La palabra me sobra a veces.
Los movimientos de la tarde se
desprenden hasta caer en la curvatura de mis ojos.

El sol es un conjunto de monedas lanzadas al aire.
Un trazo de papel
rayado por un niño
es el cielo.


REBECA BECERRA 1970
Siluetas



Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques

No olvidan porque no han vivido pasan...
como un simple viento de muerte.


Alejandra flores Bermúdez, 1957
POR LA VEREDA


Por la vereda va una mujer
cargando frutas en una canasta
Por la vereda van las frutas
cargando a la mujer que lleva una canasta
Por la canasta pasa la vereda
y una mujer que vende frutas
Por una fruta pasa el campo
lleno de árboles adonde
hay una vereda
Por una mujer pasa la vereda
cargada de frutas y montañas
En la canasta hay leña y humo
y hombres y mujeres
que tejen cestas y ven hacia las montañas
Por una montaña
hay una vereda llena
de mujeres que carga frutas
Por una mujer
crecen las veredas las frutas,
canastas e inmensas montañas...


Diana Espinal, 1964



IX
Me desnudo en tu boca de almendro
acantilado entreabierto
desprendo los ruidos los ruedos
y el biés de mi falda allá lejos entre el agua
y la sal te desnudo dentro de múltiples lunas.


HILDA INTERIANO DE PAYES [MARINA DE LA CUEVA]
NOSTALGIA Y SOLEDAD

Cuando cae la tarde,
mi nostalgia se agudiza más...
Estás ausente y no quisiera pensar...
Cuando cae la tarde,
una música dulce y tierna
Llega a mis oídos.
Estoy melancólica y triste...
Mi corazón siente tu lejanía.
Sobre las alas de la tarde Comienzo mi vuelo,
Sin pensar... ni existir...
¿Volver a la realidad?
¿Para qué...?
tú no estás y yo...
sigo muriendo con la tarde que se va.
Las tinieblas de la noche
Me envuelven con su negro manto.
No hay luceros...
No hay estrellas...
Sólo silencio y soledad.
¿Sin ti?
¡Todo terminó!
¿Yo?
He dejado de existir.


María Eugenía Ramos, 1959
Una aurora alambrada


La fragua.
La fragua es dura.
Nos calientan al rojo vivo
y nos golpean sin misericordia.

Bajo el martillo apretamos los dientes.
Sentimos que la carne se desprende de los huesos,
nos estiran los nervios,
nos arrancan las vísceras de sus cavidades.
Pensamos haber llegado al límite del dolor
o del goce, de la soledad o de la borrachera.

Y al otro día de nuevo nos estremecen el vacío,
la miseria y la grandeza humanas.
Somos un poco más libres
porque ya no nos angustia la pureza.
No nos atemorizan tanto el sufrimiento
ni el deseo.
Una piedra se estrella contra el muro en la noche.
Estando enamorados de imposibles
aseguramos el pan de los días inéditos.


Soledad Altamirano
NO TE BUSQUÉ

No te busqué en las vetas desgastadas del tiempo,
ni te grité en las voces delgadas de los hombres.
Caminé largas noches
ahuecando las horas con mis pasos
y no te encontré por los hondos abismos.
Tan cerca de mi estabas,
que al roce de mi sueño con tu dolor herías.
Te llevaba en el alma, tallado en un poema.
Y un enorme dolor me comenzó a latir con tu llegada.

antologadas en:
*Honduras, Mujer y Poesía, por Ada Luz Pineda. Edit. Guadabarranco. Tga. 1989.



*Poetry by Contemporary Honduran Women Edited by Amanda Castro. Traslated by Amanda Castro y Margarita McNab. Edwin Mellen Press. N.Y. 2002.

*Voyage au Coeur des femmes latino-américaines. Nouvelles choisies et traduites par Agnès Poirier. Editions Michalon. Paris. 2003

junio 18, 2009

Circe Maia (Uruguay, Montevideo,1932)


Cambios

Unas veces el cambio se prepara
en forma subterránea pero estalla
de modo brusco, abierto:
nova en el cielo
grieta en la tierra
inundación de luz en plena noche
lengua de fuego
asoma sorpresivamente en la mirada
del otro, vuelto Otro, vuelto ajeno.

Otros cambios se gestan
imperceptiblemente.
De una oscura manera
de un modo
silencioso
lo que no estaba está y lo que estaba
es destruido.

Pero tan gradualmente
que siempre quedan restos:
de la mirada, alguna
chispa
alguna vez.
De la voz, algún eco
(palabra no enfriada
todavía).

junio 06, 2009

Rosario Castellanos (México, 25 de mayo de 1925-1974)


El otro
¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

mayo 28, 2009

Alfonsina Storni nacía un 29 de mayo de 1892





Barrancas del Plata en Colonia

Redoble en verde de tambor los sapos
y altos los candelabros mortecinos
de los cardos me escoltan con el agua
que un sol esmerilado carga al hombro.

El sol me dobla en una larga torre
que va conmigo por la tarde agreste
y el paisaje se cae y se levanta
en la falda y el filo de las lomas.

Algo contarme quiere aquel hinojo
que me golpea la olvidada pierna,
máquina de marchar que el viento empuja.

Y el cielo rompe dique de morados
que inundan agua y tierra; y sobrenada
la arboladura negra de los pinos.


De Mascarilla y trébol
(Montevideo 1938)
A finales del siglo XIX el matrimonio formado por Alfonso Storni y Paulina Martignoni, ambos de nacionalidad suiza, se unió a la ola de inmigrantes europeos que por ese entonces emigraban a la Argentina en busca de un futuro prometedor. Se instalaron en la ciudad de San Juan y allí nacieron sus dos primeros hijos. Sin embargo, en 1890 decidieron regresar a su país natal y se asentaron en un pequeño pueblo llamado Sala Capriasca, ubicado en la Suiza italiana. Allí nació Alfonsina, el 29 de mayo de 1892. Cuatro años después, la familia decidió viajar de nuevo a San Juan donde residirá hasta 1900, año en que se trasladó a la ciudad de Rosario en busca de nuevas oportunidades.
Alfonsina creció en un ambiente de estrechez económica y por ello, cerca de los once años, tuvo que abandonar sus estudios y ayudar a su madre que trabajaba como modista para compensar la falta de recursos causada, en gran medida, por la inestabilidad laboral y emocional de Alfonso Storni. En 1906, cuando muere su padre, Alfonsina entra a trabajar como aprendiza en una fábrica de gorras. Más adelante comienza a trabajar en el teatro y llega a formar parte de la compañía del actor español José Tallaví. De esta forma, desde muy joven adquiere conciencia de que debe trabajar duro para ganarse el pan. Sin embargo, no la abandona su deseo de estudiar y en 1909 se matricula en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda, donde también ocupa el cargo de celadora. Al año siguiente obtiene el título de maestra rural e inicia sus prácticas en la ciudad de Rosario.
En esta época empieza a publicar sus primeros poemas en revistas locales pero muy pronto, cuando le faltan pocos meses para cumplir los veinte años, abandona Rosario y toma el tren rumbo a Buenos Aires: embarazada de un hombre casado y veinticuatro años mayor que ella, está decidida a empezar de nuevo en la capital argentina. Desde ese momento hasta su muerte, afrontará la vida como madre soltera pasando por alto los prejuicios morales de una sociedad hipócrita y estrecha.
Durante sus primeros años en Buenos Aires debe ajustar las exigencias domésticas y la crianza de su hijo a su incorporación al mundo literario; además trabaja, primero como cajera en una farmacia y en una tienda, y después como «corresponsal psicológico» en una empresa importadora de aceite de oliva. En 1916 aparece su primer libro, La inquietud del rosal; asimismo, consigue sus primeras colaboraciones literarias en Fray Mocho, Caras y Caretas, El Hogar, Mundo Argentino, que la ayudan a llegar a fin de mes y la estimulan intelectualmente. También establece amistad con reconocidos intelectuales de pensamiento socialista, como Manuel Ugarte y José Ingenieros, y empieza a recitar sus poemas en bibliotecas de barrio.
En 1919 se hace cargo de una sección fija en la revista La Nota y más tarde en el periódico La Nación, en las que escribe de las mujeres y del lugar que merecen en la sociedad: «Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán» (en «Cositas sueltas»). A menudo se refiere, no sin ironía, a la actitud de las mujeres huecas; por ejemplo, en «Diario de una niña inútil» habla de las vidas tediosas y superficiales de las caza-novios. Asimismo, escribe sobre el derecho al voto femenino —que las leyes argentinas no aprobarán hasta el año 1946— y cuestiona las pesadas tradiciones que les impide a la mayoría de mujeres a elegir un camino más allá del matrimonio. De hecho, en sus artículos adopta un periodismo combativo y en más de una ocasión enfatiza que lo primero que se tiene que hacer para cambiar la situación de las mujeres es romper con los tópicos, los arquetipos, los lugares comunes que la sociedad patriarcal espera de ellas y para ello las insta a demostrar que son seres pensantes.
Estas ideas, en la década de los años veinte, y en Hispanoamérica, resultaban realmente innovadoras. De allí que las mujeres de su tiempo se dividieran ante su actitud libre y desprejuiciada: unas la admiraban y otras la consideraban peligrosa. Es posible que sus artículos lleguen a desencantar a sus lectoras del siglo XXI, pero no se puede prescindir de estos ya que muestran sus convicciones feministas, muchas veces planteadas en formas heterodoxas, humorísticas e irónicas: llega a afirmar que incluso aquellas mujeres que justifican su rechazo al feminismo ya están siendo feministas.
A lo largo de estos años, Alfonsina trabaja intensamente: publica poesía, dicta conferencias y se desempeña como profesora en escuelas públicas, primero en el colegio Marcos Paz y la Escuela de Niños Débiles del parque Chacabuco y, más adelante, en el Instituto de Teatro Infantil Labardén y la Escuela Normal de Lenguas vivas. A partir de 1926 dispondrá también de una cátedra en el conservatorio de Música y Declamación donde impartirá clases de Arte escénico, mientras que por las noches dará clases de castellano y aritmética en Escuela de Adultos Bolívar.
A mediados los años veinte sufre una crisis de agotamiento físico y emocional debido al exceso de trabajo. Se le recomienda descanso absoluto y así comienzan sus reposos anuales en Mar del Plata y Córdoba. Pero esos reposos duran poco: Alfonsina necesita de su trabajo para vivir y sacar adelante a su hijo. No obstante, a pesar de sus crisis nerviosas y, sobre todo, gracias a su empeño, a finales de la década de los años veinte Alfonsina ha logrado convertirse en una mujer profesional consolidada en el mundo intelectual de Buenos Aires, un mundo dominado por hombres. Por aquel tiempo asiste ya a las reuniones y comidas del grupo Anaconda, con Horacio Quiroga (con quien llegó a compartir una intensa relación), Enrique Amorim, Emilio Centurión, etc. También participa activamente en las tertulias artísticas lideradas por Benito Quinquela Martín en el café Tortoni y en las del grupo Signo, realizadas en el hotel Castelar. En estas últimas conoce a Ramón Gómez de la Serna y a Federico García Lorca; allí también suele divertirse cantando algún tango o jugando al truco con sus amigos.
La obra poética de Alfonsina es el mejor legado para intentar comprender su vida, marcada por la lucha cotidiana. Sin embargo, pasó por un largo proceso de aprendizaje poético para realmente fundir la voz de la mujer moderna que ella era, con la voz interna de sus poemas. Sus primeros cuatro poemarios (La inquietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente, Languidez), publicados entre 1916 y 1920, todavía imitan el estilo romántico-modernista, herencia de sus lecturas rubendarianas y de otros autores modernistas como Amado Nervo; en ellos se respira la fragancia del lenguaje preciosista (cisnes, oro, perlas, lunas). La mayoría de sus poemas de esta época se ajustan al llamado «poema de amor», formato plagado de clichés anticuados y excesivamente románticos que en ese entonces prevalecían en la escritura femenina, la de las llamadas «poetisas», la forma común con que se designaba a las mujeres poetas para diferenciarlas de «los poetas», y una manera de colocarlas en un subgénero literario. En esos años no era común que la mujer escribiera pero, si lo hacía, debía ajustarse a las formas tradicionales sin sobrepasar los límites que dividían al amor ingenuo del deseo puro; en otras palabras, debían esconderse bajo expresiones sentimentales que no resultaran peligrosas para el público asustadizo. Aunque Alfonsina en esta primera etapa escribió dentro de este estilo particular, es justo decir que estos primeros poemarios nacen, ante todo, de profundos temas humanos, de experiencias vividas; en definitiva, poemas sinceros y autobiográficos (en «La loba», por ejemplo, hace alusión directa a su supuesta maternidad ilícita). Así, más que en lo artificioso y literario, Alfonsina ahonda en el vértigo del mundo emocional a la par de lo cotidiano (como en «Sábado» o «Tempestad»). El resultado: poemas de tono íntimo y doméstico donde también sobresalen temas transgresores como el deseo femenino que le valieron los más duros comentarios por parte de la crítica tradicional, la doble moral a la que está sometida la virginidad de la mujer («Tú me quieres blanca»), la igualdad erótica entre los sexos y el derecho de independencia de ellas («Hombre pequeñito»), la posición subordinada y el legado de silencio heredado por las mujeres («Bien pudiera ser»). Y, por supuesto, su constante obsesión por la muerte («Oh muerte, yo te amo, pero te adoro vida... », nos dice en «Melancolía»).
Por lo tanto, a pesar que adoptó este formato tradicional, deformó sus contenidos ideológicos para dar cabida a un nuevo modelo de mujer, una que, sí, en ocasiones se sometía al hombre y le esperaba con regocijo de amante, pero que también libraba batallas, se autoabastecía de las cosas de la vida, deseaba pieles y olores, experiencias, y aceptaba derrotas para luego erguirse soberbia y altiva ante las vicisitudes. Las contradicciones evidentes en estos poemarios tuvieron que ver con aspectos biográficos: aunque para entonces ya era una mujer independiente, también anhelaba ser amada (sus relaciones amorosas siempre fueron malogradas); en pocas palabras, ansiaba ternura y aceptación. El hombre será, en este sentido, el amado enemigo, y la sociedad, una entidad que no alcanzará a comprender su diferencia. Por eso su rebeldía, su subversión, la expresará por medio de la burla y la risa ácida («¿Qué diría?»). Sin embargo, a veces su excesiva sensibilidad traicionará su fortaleza y sufrirá, como ya se ha dicho, recurrentes crisis nerviosas causadas también por el exceso de trabajo.
El giro de su estilo poético comenzará a identificarse en Ocre, publicado en 1925 —a sus treinta y tres años— donde se muestra más introspectiva; el sufrimiento identificado en estos versos es menos estridente y sus autorretratos, irónicos. Como telón de fondo, toma fuerza la forma en que percibe la libertad de su cuerpo en una cultura conservadora; en una trilogía se atreve a elaborar una teoría sexual: «La rueda», «La otra amiga», «Y agrega la tercera». Para entonces ha descubierto que la causa de sus dolores no es el hombre sino ella misma; sospecha que este sólo le dará amor efímero e incomprensión y ha aprendido a aceptar este impasse entre las relaciones, la tiene sin cuidado porque precisamente vive su mejor momento: ha sabido salir adelante sola con su hijo (con quien mantiene una estrecha relación), es miembro de los grupos literarios y colaboradora de las revistas y periódicos más prestigiosos, es reconocida en las calles por sus lectores, aparece en reportajes y entrevistas de páginas enteras, se gana la vida ejerciendo su profesión de maestra, tiene buenos amigos y se ha ganado un lugar indiscutible en el ambiente cultural bonaerense. Se siente rodeada de aceptación y cariño, aunque algunos críticos todavía insisten en tacharla de inmoral.
Pero las cosas comienzan a cambiar a finales de esa década: su primera obra de teatro, El amo del mundo, estrenada en 1927, fue duramente criticada debido, entre otras cosas, a la mala interpretación que se hizo de las ideas feministas expuestas en ella. A los tres días se suspendieron las presentaciones y los cronistas la despedazaron; uno de ellos escribió: «Alfonsina Storni denigra al hombre». Ella, dolida e indignada, se defenderá en un artículo titulado «Entretelones de un estreno». Por otro lado, desde algunos años atrás, Alfonsina también recibía la crítica de la nueva estética argentina, es decir, los ultraístas en torno a la revista Martín Fierro, liderados nada más y nada menos que por un joven y talentoso Jorge Luis Borges. El Ultraísmo, que abogaba por un lenguaje metafórico donde la imagen era la protagonista absoluta, no podía tener afinidad con el estilo de Alfonsina, más inclinado a la confesión, hijo de la resaca modernista. Los martinfierristas a menudo la tildaron de cursi y se burlaron de ella en su famosa sección «Parnaso satírico». Su fracaso teatral y los dardos de la nueva generación de escritores fueron sin duda tragos amargos para Alfonsina.
No volvió a publicar otro poemario hasta 1934, nueve años después de Ocre. En los últimos años se había interesado por autores más contemporáneos y en 1930 y 1932 realizó viajes a Europa que le permitieron conocer el trabajo de la Generación del 27. Pronto descubrió una nueva forma de escribir, una más acorde a sus vaivenes interiores de ese momento. Así encarnó una metamorfosis maravillosa y evolucionó de «poetisa» a «poeta»: al fin la mujer liberada y la autora, ahora libre de su estilo anterior, se mezclaron en una sola voz. Mundo de siete pozos fue toda una revelación: Alfonsina adoptó una forma más visual de representar las emociones: juegos de imágenes dentro de un mundo precario e inestable, donde los pozos —ojos, oídos, boca, fosas nasales— por los cuales llega a nuestro cerebro la percepción del mundo son cargados de violencia y tensión; la angustia metafísica se convierte en la espina dorsal de los poemas («Agrio está el mundo, / inmaduro, / detenido»), una angustia que llega hasta nosotros por medio de representaciones de mariposas ebrias y mejillas musgosas. En este poemario también son recurrentes los motivos de ciudad: las avenidas, el transporte público, claras alusiones a la modernidad.
Cuatro años después, y un mes antes de su muerte, publica Mascarilla y trébol, donde culmina la aventura vanguardista aunque en el fondo de un abismo: en este último libro la realidad aparece rodeada de imágenes oscuras, a veces grotescas. Y esto se comprende teniendo en cuenta el momento biográfico por el que pasaba su autora: en 1935 se le diagnosticó un cáncer de pecho y debió someterse a una operación quirúrgica en la que perdió su seno derecho. El hecho de tener que pasar por una mutilación física para seguir viva, la marcó profundamente. En los dos años siguientes a la operación, presiente la cercanía de la muerte ya que su salud empeora de manera irremediable. Por lo tanto, Mascarilla y trébol, escrito en estado casi de trance ante la certeza de morir, tiene un tono de reconciliada despedida. Pero al mismo tiempo la arrinconan el dolor físico y la desazón anímica. No ayuda para nada que su amigo Horacio Quiroga, la hija de este, Eglé (a quien Alfonsina profesaba un cariño especial), y su enemigo literario, Leopoldo Lugones, hayan decidido quitarse la vida; Quiroga en 1937, Eglé y Lugones unos meses antes que ella.
Alfonsina, por lo visto, consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío: en un poema dedicado a Quiroga expresa su admiración por la valiente decisión del escritor. De esta forma, en octubre de 1938, se marcha a Mar del Plata, supuestamente a descansar. Una noche, después de unas horas de intenso dolor, llama a la asistenta de la pensión donde se hospeda y le dicta una carta para su hijo. En la madrugada del 25 de octubre, Alfonsina, de cuarenta y seis años, bajo una lluvia torrencial, se arroja al mar desde un espigón dejando como testamento un poema, «Voy a dormir», y una carta de despedida a su hijo Alejandro.

mayo 22, 2009

MARLY DE OLIVEIRA( Brasil ,1938 - 2007 )



POEMA

I
Somos nosotros la verdad de lo que existe,
somos nosotros, mi amor;
es nuestra vida breve la que ampara la vida
de aquello que perdura.
De qué valen Ios vértices dorados
de los montes, si no los vemos;
aguas, campos y verdes sosegados
que peina la brisa?


II

Estos montes que nunca ha vestido la nieve
amplia sombra derraman sobre el campo
por donde, sosegados, en Ia hierba
que no existe, pacen rebanos silenciosos
que sólo yo veo
sumergida en el sueno del vivir.
Mas qué sé yo de vivir y de existir?
una lucha entre fuego y nieve fría,
entre 10 que veo y no veo,
asomarme a un campo cualquiera
si se acerca la noche y con ella la calma
de lo que ni sé si existe sobre la hierba,
la verde, tierna y fría hierba
que cubre, sombra y sueno, ese existir
tras de lo que aparenta, apenas, calma
y es fuego lento transformado en nieve,
arder de estío sobre el campo helado
que sólo yo alcanzo a ver y veo.
Y siento con mi cuerpo, más de lo que allí veo,
echada sobre esa hierba que no existe
de un silencioso y verde campo
sobre el cual las ventanas de la vida
se abren despacio, como al caer la nieve
sobre la calma cima de los montes.
Cae de mí, sobre mí la calma sombra
de algo que no sê si veo
y se confunde con esta otra nieve
que deja libre el monte y la fresca hierba,
y ni aun así acaba de existir
en mí, alegre de mirar el campo;
que aspiro así la suavidad del campo,
aquella paz sin fin, aquella calma
que no duele ni asusta de vivir,
y me hundo en la humedad de lo que veo,
apoyada en el sueño de esa hierba
que ni existe, tal vez, bajo la nieve.


III

Hoy no voy a coger ni naranjas,
ni flores, ni moras.
Veré crecer el día en la redondez de las frutas
y escucharé, sin prisas, el canto de las aves.
?Son las mismas de ayer?
Qué ha hecho de mí un día más?; ?qué hace?
Si no son estas aves
las que ayer cantaban, ?dónde están?
Sólo el canto es el mismo.
?Lo que veía ayer,
Lo que ahora veo ya no está en mí?
Acaso me renuevo
como el agua y las plantas?
Soy otra o acreciento la que soy?
Pero todo es igual
aun cuando sé que sólo en apariencia;
y mi ventura nace
de estar aquí sentada
reteniendo ese tiempo que jamás se detiene.


IV

En la tarde, el azul instala mansamente
un líquido silencio de luz sobre las cosas
y a mí me deja sola, como aislada

en la observancia fiel de un obsesivo
soliloquio amoroso que propicia
tu ausencia y tu memoria desdichada.

Del voluntario yugo y la incerteza
nada me salva, que este mal de ahora
es sólo un bien en mal transfigurado


por obra del recuerdo y la distancia,
no del sueño, no del acaso ni del velo
que a veces cubre el mundo de nostálgicos


paisajes. !Qué nocturnas y densas y qué vanas
formas creadas por ese venturoso
imaginar, que ya ni el sueño calma,


suben de ti hacia a mí, se crecen en el aire
sin preguntas, ni anhelos, ni firmezas
y, despacio, se enredan en sí mismas


!impregnadas de limpia oscuridad!
En torno la soledad no desampara
y hace fecunda Ia naturaleza


que duerme, a tanto mito entrelazada.


v

Cuando flores y nubes,
mosaicos de silencio repentino,
frescos valles y montes,
donde crece la hierba y apacienta el ganado
y donde el río ofrece
su plateado ser a la ágil brisa
de sosegada sed;
cuando lo que ahora tengo sea recuerdos,
qué habrá de lo que hoy veo
si la más fiel memoria transfigura
lo que recuerda? Y, no obstante,
el mismo trigo crecerá en el campo
repitiendo un ritual
de milenios; las mismas-otras aguas
empañarán su dorso
de vidrio movedizo, con esas mismas ramas.
Estos serán los árboles,
los verdaderos, íntegros, antiguos,
que con el pensamiento
no alcanzo a ver en esa plenitud
de silencio y de vida.
Que una cosa es tener; recordar, otra.
Vivir salvajemente,
el sol sobre la piel
y el viento levantando
cortinas de esperanzas y de olvidos.
Y otra cosa es crear;
creación es olvidar lo que ya existe,
pues lo que existe es sólo
un ensayo o un punto de partida.
Y, en tanto puedo, vivo
la fértil realidad de lo lejano;
laboriosa, construyo
con esta miel, para futuros sueños
apacible morada.



(Poema publicado originalmente na Revista de Cultura Brasileña,vol. 36, diciembre 1973, p. 61-71)
traducción A.S.B.(grupo conestabocaenestemundo)


Marly de Oliveira, la celebrada poetisa y autora de O Mar de Permeio, nasció en Cachoeiro de Itapemirim (Espírito Santo) y falleció en 2007. Tenía 69 años.
Viuda del poeta Joao Cabral do Melo Neto, Oliveira fue elegida a la Academia de Letras y ganó el prestigioso premio Jabuti en 1998 por O Mar de Permeio _ un volumen de poemas acerca de la angustia y el vacío.Una de las más famosas, prestigiosas y destacasdas Poetas brasileñas. Lamentablemente, desconocida para el grande público. Publicó Cerco da primavera, poesia 1958; Explicação de Narciso, 1960 e A suave pantera, 1962. Ganó el Prêmio de Poesia do Instituto Nacional do Livro, 1958.
Em tempo: una bella edición de las Obras Completas de João Cabral de Melo Neto en dos volumes: vol 1. Serial e Antes y vol.2 A educação pela pedra e depois. Nova Froneteira, 1977 tuvo a Marly de Oliveira como curadora y presentadora.
Poseedora de una cultura sólida, realizó el mejor estudio sobre la obra de Cabral de Melo que se conoce. Marly era admirada por Antônio Cândido y el gran poeta Mario Faustino.
Oliveira, profesora de literatura hispana e italiana, escribió otros siete libros de poesía y otras obras, en una carrera de más de 40 años.
En este sentido, es oportuno recordar que la novela La pasión según G.H., una de las obras más sorprendentes y enigmáticas de Clarice Lispector, tuvo su origen en sus conversaciones con la poeta Marly de Oliveira, que la escritora fue recogiendo hasta darle forma de monólogo o de diálogo sin interlocutor

mayo 13, 2009

Clarice Lispector(Hungria-Brasil 1920-1977)

"por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo"
Alejandra Pizarnik


"Alivia mi alma, haz que sienta que Tu mano está cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no Te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la pregunta, haz que me acuerde que tampoco hay explicación de por qué el hijo quiere el beso de su madre y aún así quiere y aún así el beso es perfecto, haz que reciba el mundo sin temor, pues para ese mundo incomprensible fui creada y yo misma también incomprensible, entonces es como existe una conexión entre ese misterio del mundo y el nuestro, pero esa conexión no es clara para nosotros mientras queramos entenderla, bendíceme para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir que Dios me amo, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía amén."
CLarice Lispector