lunes

ANTOLOGÍA de POETAS MUJERES de HONDURAS

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Waldina Mejía Medina ,1963
PATRIA



Aquí tenemos el corazón sellado a miedo y lodo.
Con el helado espanto de res en matadero
vemos cómo mutilan a la patria
y asesinan sus sueños
desde siempre
hijo mío, desde siempre
esta hilacha de patria que queremos
porque nos engendró el barro de su dolor
es la cosecha diaria del bandido
y en las aguas sangrientas del dinero
mueren de hambre los hijos de los hombres
y pululan en paz los asesinos.
Pequeño mío,
pájaro florecido del dolor,
cuando a usted le toque ser un hombre
¿cómo será la patria?
¿hoguera enardecida, fuego fatuo?
¿será mejor Usted de lo que nosotros hemos sido?



Clementina Suárez
Lamentos en el espacio

Afuera ruge el viento.
Tu cabeza está
en mis piernas.
la noche se entretiene en ronda de fantasmas.
Aguas desbarrancadas cortan narcisos y nieblas,
para adornar la tumba de tanto pájaro muerto.
Tú peinas y despeinas mi cabello
mientras el mar arrastra sangre y lodo.
La sombra parece que esculpiera cadáveres.
¿Quién llora y se desespera en el aire?
Amor. Tú estás dormido,
-sin darte prisa por salir de la noche-
mientras yo atajo lamentos
de madres y de niños.




JUANA PAVON, 1945
LLEGUÉ SOBRE LA CARNE



Llegué sobre la carne de muchos
llevándoles la fresca aurora
de mi música interna oliendo
a sábanas de monja
y empapadas con jugo de niña.
Llegué sola con mis carnes intactas
temblorosa de inviernos de hospicio
y de chorchas cautivas sollozantes.
Llegué con la luna entre mis piernas
revolcada en la hierba de lo místico
con mi himen cubierto de musgo
y arañas con hilos de seda.
Llegué así con mi semilla
palpitante sosteniendo
a los hombres con mis manos.




Amanda Castro
Éxodo



Todo se había vuelto un Profundo silencio
—un caos como al principio—
Bajo una piedra se hallaba la placenta de la vida
que podrida como estaba hizo surgir a Odosh’a
el espíritu del mal Xibalbá
—la casa de los cuchillos—
—la casa de los tormentos—
Los seres de maíz empezaron
a pelearse entre ellos
y fue así como nació el odio
y el llanto

En la casa de los murciélagos
la sangre del maíz se transformaba
en vísceras humanas
En la casa de los espejos los hombres
se arrancaban los ojos con las manos
—Odosh’a les enseñó a matar
y Odosh’a estaba alegre—



ARMIDA GARCIA, 1971
nudo ciego XVIII


Pero la soledad
no se marchó
fue sólo que ya no pude
volver a tocarla.


Lety Elvir, 1966
A veces
una sólo quiere perderse
en la noche de alguien
descongelarle el frío enquistado
en su pecho
levantarse la falda
gritarle muchas verdades.

Rebeca Becerra, 1970
Siluetas


Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques
No olvidan
porque no han vivido pasan...
como un simple viento
de muerte.


Francesca Randazzo, 1973
Amanece

doloroso en mi garganta.
El sol despunta entre las piernas,
nublado y seco.
Alguien busca, tropieza,
intuye detrás del vidrio.
Voces se pasean por mi ropa,
una mano las sacude;
mis pies ya no están,
trato de recordar la puerta que no atravesaron.
Pruebo dar un paso
pero sólo mis ojos avanzan y encuentran el miedo.




REBECA BECERRA 1970
Siluetas



Todos caminan apresurados
sin tiempo para las aceras
y los parques

No olvidan porque no han vivido pasan...
como un simple viento de muerte.


Alejandra flores Bermúdez, 1957
POR LA VEREDA


Por la vereda va una mujer
cargando frutas en una canasta
Por la vereda van las frutas
cargando a la mujer que lleva una canasta
Por la canasta pasa la vereda
y una mujer que vende frutas
Por una fruta pasa el campo
lleno de árboles adonde
hay una vereda
Por una mujer pasa la vereda
cargada de frutas y montañas
En la canasta hay leña y humo
y hombres y mujeres
que tejen cestas y ven hacia las montañas
Por una montaña
hay una vereda llena
de mujeres que carga frutas
Por una mujer
crecen las veredas las frutas,
canastas e inmensas montañas...


Diana Espinal, 1964



IX
Me desnudo en tu boca de almendro
acantilado entreabierto
desprendo los ruidos los ruedos
y el biés de mi falda allá lejos entre el agua
y la sal te desnudo dentro de múltiples lunas.


HILDA INTERIANO DE PAYES [MARINA DE LA CUEVA]
NOSTALGIA Y SOLEDAD

Cuando cae la tarde,
mi nostalgia se agudiza más...
Estás ausente y no quisiera pensar...
Cuando cae la tarde,
una música dulce y tierna
Llega a mis oídos.
Estoy melancólica y triste...
Mi corazón siente tu lejanía.
Sobre las alas de la tarde Comienzo mi vuelo,
Sin pensar... ni existir...
¿Volver a la realidad?
¿Para qué...?
tú no estás y yo...
sigo muriendo con la tarde que se va.
Las tinieblas de la noche
Me envuelven con su negro manto.
No hay luceros...
No hay estrellas...
Sólo silencio y soledad.
¿Sin ti?
¡Todo terminó!
¿Yo?
He dejado de existir.


María Eugenía Ramos, 1959
Una aurora alambrada


La fragua.
La fragua es dura.
Nos calientan al rojo vivo
y nos golpean sin misericordia.

Bajo el martillo apretamos los dientes.
Sentimos que la carne se desprende de los huesos,
nos estiran los nervios,
nos arrancan las vísceras de sus cavidades.
Pensamos haber llegado al límite del dolor
o del goce, de la soledad o de la borrachera.

Y al otro día de nuevo nos estremecen el vacío,
la miseria y la grandeza humanas.
Somos un poco más libres
porque ya no nos angustia la pureza.
No nos atemorizan tanto el sufrimiento
ni el deseo.
Una piedra se estrella contra el muro en la noche.
Estando enamorados de imposibles
aseguramos el pan de los días inéditos.


Soledad Altamirano
NO TE BUSQUÉ

No te busqué en las vetas desgastadas del tiempo,
ni te grité en las voces delgadas de los hombres.
Caminé largas noches
ahuecando las horas con mis pasos
y no te encontré por los hondos abismos.
Tan cerca de mi estabas,
que al roce de mi sueño con tu dolor herías.
Te llevaba en el alma, tallado en un poema.
Y un enorme dolor me comenzó a latir con tu llegada.




Mayra Oyuela, 1982
Tranviaria

Llevo al mundo como pendientes en mis orejas,
rozo con mis pestañas a los desconocidos,
beso manos de transeúntes
(hormigueo en los labios).
Que alguien me aborde,
soy el metro que esta ciudad jamás conoció,
atrevidos en mi todos los años,
en mí el transcurrir,
en mí la palabra ventrílocua de cada estación,
en mí la espina
y el diente que muerde la rosa de lo oculto.
Mis muertos no son sombras raídas en la luz.
Que alguien me aborde,
sé cual es el principio y el final de este cuento.
Que alguien suba y se detenga en mí.
Mis ojos son túneles que dan a cualquier lugar,
mis manos paredes para reposar en lo oscuro,
mis brazos sillones para que vengan a hacer el amor.
Roto ya todo lo íntimo en mí,
he de saberte andar,
mundo, con los puños cerrados en señal de auxilio
y no de defensa cerrados
para llevar en ellos el resto del aire que no supo caber en mis pulmones.
En la imperfección está lo bello.
No necesito ser el poeta sino el poema,
la belleza está por encima
de la lógica de cualquier poeta.
Necesito andarte despacio, camino,
no me detengo en el asombro de saber llegar,
mundo: en tus barrios, tatuadas están
las paredes de calcárea sumisión,
en tus barrios fue donde aprendí
a defender el descenso.
Soy el metro que esta ciudad jamás conoció;
en mí los volantes con fotos de desaparecidos,
en mí tumultos de palabras
que alguien no pudo barrer bajo la alfombra,
en mi el transcurrir.
Que nadie venga a preguntar
porque no te describo,
esperanza,
yo hablo de eso otro bello,
que no está en lo bello.
Abórdenme predicadores de la tarde,
zanates, pirueteros, estudiantes:
no olviden el punzón y esriban en la oquedad de mis vagones
teléfonos para citas de amor,
DJ, bartenders y todos con título
de extranjerismo en su profesión,
suban carniceros del San Isidro, conserjes
y putas, albañiles vengan a devolver la sonrisa
a las princesas de los domingos.
Mujeres: describan con su carmín
la caricia que no les tocó,
suban, fresitas del high school,
madres solteras, suicidas,
docentes, vengan a traficar
perfumes traídos del Canal de Panamá,
vengan a abordarme, en mí el transcurrir,
todos los años, el suspenso del que anda a tu lado,
a pesar de su humanidad.
Sé quien soy, basta una palmada en el hombro
y retorno a mis pies nauseabundos de sueños,
basta una palmada en el hombro
y retorno a mí al anonimato,
a la flatulencia, a la humana que soy.
¡Abórdenme!!!
soy el metro que esta ciudad jamás conoció,
vengan y calcen mis pies
ya que nunca podrán calzar mis zapatos.
Karen Valladares, 1984
Cielo



Me faltan siglos para dejar de ser.
La palabra me sobra a veces.
Los movimientos de la tarde se
desprenden hasta caer en la curvatura de mis ojos.

El sol es un conjunto de monedas lanzadas al aire.
Un trazo de papel
rayado por un niño
es el cielo.







algunas de las poetas fueron antologadas en:
*Honduras, Mujer y Poesía, por Ada Luz Pineda. Edit. Guadabarranco. Tga. 1989.
 gracias a Karen Valledares

otras extraídas en:


*Poetry by Contemporary Honduran Women Edited by Amanda Castro. Traslated by Amanda Castro y Margarita McNab. Edwin Mellen Press. N.Y. 2002.

*Voyage au Coeur des femmes latino-américaines. Nouvelles choisies et traduites par Agnès Poirier. Editions Michalon. Paris. 2003.

4 comentarios :

Sandra Ignaccolo dijo...

Hermoso blog, interesantes trabajos, saludos.

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

La encíclica papal corrobora lo que venimos diciendo hace años:


VAMOS A UNA REVOLUCIÓN ÉTICA Y POÉTICA.

(ANTOLOGÍA de POETAS MUJERES de HONDURAS

Admirable antología, que copio en mi blog con mención del link. Si no estás de acuerdo notificame, por favor.



Lu

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

Una duda sobre Marta Oyuela, que ha escrito un poema del que creí entrever influencias mías.
¿Fue antologada en 1989 si nació en 1982 o en las posteriores revistas literarias?

La misma duda se me planteó con el poema Por la vereda de Flores Bernárdez.



"Sé quien soy".
¿No será mucho?

MARINA DE LA CUEVA dijo...

Alas queridas amigas Poetas y en especial a Amanda de Castro y Margarita McNabn mi agradecimiento y felicitación por la excelente Antologia "Poetry y Contemporary Honduran Women" que permite conocer a las inspiradas Poetas de HONDURAS. Mi abrazo fraternal para
todas y sigo soñando un día no lejano encontrarlas. Gracias y bendiciones, HILDA MARINA

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