miércoles

María Elena San Martín.*Argentina 1958-1977

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Intento de inventario



Este cuarto
Las voces que se cayeron en sus pozos insalvables
Una ventana azul
El paciente ritual del sol
Cuatro o cinco olvidos
El olor de mi ropa y mis palabras
El desorden incorregible de estas cosas y estos días
Unos cuantos inviernos y otras tantas lluvias
La piel cansada de contarse las mismas mentiras
Una sola muerte
Y varias resurrecciones sucesivas.




24 de junio de 1976
La escritora María Elena San Martín fue desaparecida durante la ultima dictadura militar en manos de fuerzas para-militares el 1 de julio de 1977, a los 19 años.
Al cumplirse 30 años de su desaparición, se presento este domingo 1 de Julio en el Centro Cultural de la Cooperación, Fantasmas de la infancia (Editorail.Último Reino), un libro que reúne sus poemas y prosas. En un justo homenaje se recupera "la presencia encarnada en la palabra de María Elena San Martin" asi como también una obra de un alto valor poético. Más allá de su testimonio, quien lea sus páginas encontrará una voz madura y abierta a una visión del mundo que no engaña y no se deja engañar.

domingo

Mirta Rosemberg (Argentina,1951)

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La vida ha cambiado, se decía, untándose
los labios con la lengua, relamiendo, aaámm,
como si de un bocado se tratara, o de un perfume. 
Éste es mi gusto,  y sin embargo, el pelo
se me atiesa y cae como... ¿un sudario?
No, una señal de giro. A la hora pico
nadie se ha apoyado contra mí... o sí en mi contra:
rueda la edad, canta la alondra y el leve maquillaje
en las mejillas ha cobrado una espesura
de mitad de la vida que adelante. No fresca,
pero dura con el pelo así: en consonancia.
¿Será el recelo de la mala figura, o la blusa candorosa,
olanes y satines, de una vejez pasada? Vieja no,
gastada y brillosa en los codos y en los puños,
sobre las uñas manicuradas. Cuidar las manos
con amor, con garra, con impudor, coqueto:
lo que relumbra es brillo. ¿Aprieto el gatillo?
Laca descolorida para esa cómoda nueva que, envejecida,
empieza a tornarse incómoda. El cajón superior
de la derecha, por ejemplo, ha perdido
el tirador. ¿Y si gatillo? Allí guardo soutiens,
sostenes, corpiños, todo en desuso. Lo que hice,
ya lo excuso: tuve niños, reía y buscaba
los parecidos. Confuso: en parte, todo mentira,
en parte aliño, letal, del pecado original.
¿Cuál es mi parte?



de Madam

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No tengo arte. El arte de una amada
es ocultarlo tras el cuerpo. Este poder,
decía, es un espectro. Porque amo soy,
esclava y gozne de ilusión, insomne
que abrirá, tras el jardín, la cerca.
Atrás nardos, ciclámenes, violetas: se completa
la guirnalda, y aquella falda drapeada,
cuando era bella. ¿Aquel amado? ¿Recuerdas?
¿Tuvo otra casa, ella? ¿Otro jardín, y cerca?
Tantos abrazos. ¿Gemía acaso "no tengo arte"
cuando observaba, erguida en falso,
lo fatal del lazo? Su parte era ser bella,
misteriosa por demás, urdida sobre sí
como celdilla de un panal desalojado. Las abejas,
en otro lado y tiempo, finito, para espiar
por la mirilla. Esta mujer, decía,
admiraba la traición y le insuflaba en peso.
Ése, digo yo, sería su exceso. Cada movimiento
de su voluntad un átomo duraba, que volvía
con tiento a la materia irreal del tiempo.
Allí cabía verdad, olvido, igual, ausente.


Mirta Rosenberg, Rosario, 1951
de El tiempo, Bajo la luna, Buenos Aires, 1998

viernes

Audre Lorde ( E.E.U.U., 1934- 1992)

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Quién dijo que era simple

Son tantas las raíces del árbol de la rabia
que algunas veces las ramas se quiebran
antes de florecer.
Sentadas en Nedicks
las mujeres reunidas antes de la marcha
charlan sobre las problemáticas chicas
a quienes contratan para liberarse.
Un empleado casi blanco pasa por alto
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas ni advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de la propia esclavitud.
Pero yo, atada por mi espejo,
igual que por mi cama
veo razones en el color
así como en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yoes sobrevivirá
a todas estas liberaciones.




martes

Daisy Zamora (Nicaragua, 1950)

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Para dirigentes y demás hombres
Los buenos días que das al llegar al trabajo
¿tu mujer los disfruta también?
La atención que prodigas a quienes te consultan
¿contrasta con el silencio que impones a tus hijos e hijas?
El tiempo que invertís bebiendo con partidarios y amigos
¿es igual al que concedes a los tuyos en cumpleaños
y otras celebraciones familiares?
Cuando te preocupa dar explicaciones
¿te acordás de tus gritos si alguien en tu familia
se equivoca?
Cuando te señalan injustamente
¿pensás en tu costumbre de echarle a la mujer
la culpa en todo?
Si tenes que ser flexible en una discusión de trabajo
¿por qué en tu hogar nadie puede contradecirte
y deben aceptar que tu palabra es ley?
Cuando hables en defensa de los pobres,
de los niños, de las mujeres,
de justicia, de voluntad de cambio y de consenso,
acordate de tu casa
donde toda tu furia, tu frustración,
tu impotencia por no tener un mundo a tu medida
la descargás sobre estos débiles
que aparecen en las estadísticas.
Acordate de tu casa
en donde no hay políticos
ni competidores
ni enemigos.

de Tierra de nadie, tierra de todos (Casa de Poesía, Costa Rica, 2007)
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