miércoles

Denise León (Argentina,1974)

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Llueve en la tierra,
Señor.
Ella está acostada
en el barro
y sabe bien
que
las madres
gobiernan.

Blanco
de lluvia.
Blanco
de salvación.
Ella duerme
en el barro.
Los vientos cambian,
ilegibles:
ser hija
y estar presa
son lo mismo.
En el aire
de mediodía
–que era
un desmayo–
alguien
encendió
la chispa
y ardió
todo
el campo.
¿Qué fragancia?
¿Qué viento?
¿Qué esperanza?
No quedó nada.
Los animales
no logran comprenderlo
y regresan
como si dijeran
dónde está el hogar.
¿Cómo fue posible
la vida?
Todo era diferente
el otoño pasado.
La tierra
se comportaba
como si nada malo
pudiese ocurrir.
Solo hicieron falta
una chispa
un viento
una nada.

de Templo de pescadores, Alción, 2013.

ROSABETTY MUÑOZ (Chile, 1960)

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LA FLOR DE LA DICHA


Aquí, a orillas de la mesa
con la ventana entreabierta
y una tetera silbando monocorde,
el instante despliega su andamiaje.

Descanso el rostro sobre el brazo
y me dejo recorrer por esta paz.
Ya antes de todo, ahí
en ese sitio
estaba concentrada la plenitud.

El fuego, la luz, los objetos amados
reunidos en capullo
se abren sin aspavientos.

Es la flor de la dicha
que estalla unos segundos
y perfuma, al extinguirse,
los demás momentos del día.

martes

Eunice Odio ( Costa Rica, 1919 - México, 1974)

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Declinaciones del monólogo

I

Estoy sola,
muy sola,

entre mi cintura y mi vestido,
sola entre mi voz entera,

con una carga de ángeles menudos
como esas caricias
que se desploman solas en los dedos.

Entre mi pelo, a la deriva,
un remero azul,

confundido,

busca un niño de arena.

Sosteniendo sus tribus de olores
con un hilo pálido,

contra un perfil de rosa,
en el rincón más quieto de mis párpados
trece peregrinos se agolpan.

jueves

Susana Thenon Argentina, 1935-1991)

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NADA

Mis ojos se ennegrecen
ante estos días
de luz y risas ajenas,
de sal, de muerte hueca
en la sangre.
Quisiera desnudar mi grito
en la calle,
volcarlos en las esquinas,
atravesar paredes
y canciones,
golpear en lo más bajo,
trepar los pensamientos,
devorar las raíces del asombro.
Mis manos se marchitan
abrazando la nada
como esas hojas turbias
que se aferran al árbol.
La burla sopla su clarinete
y mi niebla se desenrosca,
me pide libertad,
se marcha
y se estrangula las horas.

lunes

Lorena Curruhinca (Argentina,1981)

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Quiero escribir un poema alegre.
Hablar de cosas pequeñas, delicadas,
diminutas como prendedores,
dedales, hebras de té.
Pero no puedo: lo minúsculo son organelas celulares y su función,
los mecanismos de transporte de energía.
El hilo, finísimo, es el mismo que enhebré para mi abuela
y también, para mi mamá; es el filamento por donde transcurre
mi memoria y me configuro;
se tensa con cada evocación.

¿Cómo quedará tejido, entonces, cuando
termine el relato?


***

Magnitud

Cambio de canal
tapada hasta la nariz.
Escucho a mis hermanos
bajar rápido las escaleras.
Atraviesan la cortina de cuentas
que golpea con el adorno
de piezas de vidrio
-balanceo escalonado
del choque, resuena-.
Nada de fascinación por el tintineo;
tampoco el gesto primitivo de alertar.
Los objetos que colocamos
en las aberturas
son dispositivos
de medición en tiempo
del espacio que se deja.
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