martes

Paulina Vinderman

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La muerte de la imaginación

"Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
Sylvia Plath


El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
(nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
(el más inútil)

La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
(y dice que es real)

¿Alguien pudo tocar a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.

El mundo es un hueco tapado con barniz
(y no respira.)


La luna que no ví

En Palenque
la sombra empieza a caer sobre el palacio.
El último visitante conserva el sombrero sobre la cabeza
y el ojo iluminado por el bajo relieve.
Mira hacia abajo, agobiado por el peso de los jardines que
no existen
y el calor.

Yo seré esa figura para el foco de otro,
pero me quitaré el sombrero
(frente al sol que se va)
y pondré unas hojitas plateadas, la botella de agua,
unas pocas preguntas sobre el esplendor.

¿Qué es lo que realmente queda de una
civilización?

La noche distorsiona, el alma distorsiona.

En el aire amarillo la memoria enfatiza sus
propios solitarios patios.
La luna
va a crecer como un hongo imposible a mis espaldas,
a espaldas de cualquier manera de narrar.


Estoy cercada.
El murciélago se ha llevado mi historia. *


* El murciélago...: metáfora maya para excusarse, cuando alguien olvida lo que quería decir.



Nació en Buenos Aires en 1944. Publicó los siguientes libros de poesía:
"Los espejos y los puentes" (ed.Buenos Aires Sur, 1978)
"La otra ciudad" (ed.Botella al Mar,1980)
"La mirada de los héroes" (ed.Botella al Mar, 1982)
"La balada de Cordelia" (Fundación Argentina para la poesía, 1984)
"Rojo junio" (Literatura Americana Reunida, 1988)
"Escalera de incendio" (ed.Último Reino", 1994.)
Obtuvo la Faja de Honor de la SADE (1988) y el Tercer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires (bienio 1988-89).
Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al italiano y al alemán y fue incluida en numerosas antologías. Colabora en publicaciones del país y del exterior:
La Nación (Buenos Aires)
La Prensa (Buenos Aires)
El Espectador (Bogotá, Colombia)
Hora de Poesía (España)
Fue invitada al Primer Encuentro de poetas hispanoamericanos en Bogotá, Colombia, 1992 y al Tercer Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, 1993.

lunes

Susana Valenti(Argentina- Santa Fe)

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Los oficios de la locura

Indócil, como tanteando algún enigma,
dice breves palabras que en ciegas claridades
adensan su camino.
Y su inútil rumor que acentúa la vida
se acomoda al silencio
(la única apariencia verdadera).
No hay nadie para medir la tierra en su abandono.
Sin embargo, esa voz tan natural,
colmada de secretos,
cubre a otro ser que sueña, acaso.
Es la señal, aunque perdida,
de que un pájaro en el aire
sube, vacila, avanza.
Las existencias son pocas:
desaparecen en la curva del tiempo
o se transforman en locura.
Por eso, él siempre habla así,
callando, a las estrellas.

***

Cada día es un eco, un rastro, algún gemido.
Tal vez, pregunta algo que en su boca se duerme.
Y luego balbucea, apretando los labios:
Amigos, olvidadme.
Llevando la mano al pecho pretende conocer
el final de la duda,
el valor inconciente de las contradicciones.
Hombre es, que muerto o vivo
estalla y resucita.
Qué difícil es velar la madrugada. Solo.

***

Nadie como él puede reconocer
las significaciones del gesto
en sí mismas hermosas y, a la vez, deleznables.
Como un intérprete de oscuras profecías
demuestra que la gloria no resguarda
la imagen de los hombres, tan indignos
del tiempo y la memoria.
Con un solo argumento, quizás intraducible,
enciende el comienzo y el fin con una lámpara.
Luego, percibe su condena y afirma:
Para tener razón tienes la eternidad.

Nació en Santa Fe. Actualmente reside en Rosario.
Ha publicado La tierra sin llaves (1976); Aventuras en el País de Algún Día (1984); Los caminos del agua, Premio Edición Rosalina Fernández de Peirotén (1987); Los cuentos de la lluvia (1988); Límites de la sombra (1995).
Se desempeña como docente y coordina el proyecto Las Escuelas de Arte van a las Escuelas, dependiente de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe.
Desde 1994 integra la comisión organizadora de cada edición anual del Festival Latinoamericano de Poesía, organizado por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe.

sábado

Leda Valladares

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Profesora de filosofía y Pedagogía de la Universidad Nacional de Tucumán; egresada del Conservatorio Provincial de música de Tucumán.
Leda Valladares fue becaria del Fondo Nacional de las Artes para la investigación folklórica, 1960 y del Monzarteum Argentino, 1978 y subsidiada por UNESCO 1988, para la reedición de su trabajo de investigación y documentación "Mapa musical de la República Argentina" (13 discos).
Realizó una extensa tarea en investigación, recopilación, clasificación y divulgación del folklore de las provincias del noroeste argentino y en distintas regiones de América del Sur y Central.
Representante argentina en el Congreso Nacional de Música, 1968 y en el festival de Munich, 1972.
Desde 1951 hasta el presente ha dictado cursos en distintas universidades y centros musicales del país y del extranjero.
A partir de 1953 hasta 1963 integra con María Elena Walsh, el dúo Leda y María, de larga actuación en el país, Europa y USA. Seis discos de su período son grabados en Francia.
Como intérprete solista ha grabado también numerosos discos sobre motivos folklóricos y propios. Compositora, letrista e intérprete, su obra musical desde 1971 hasta la actualidad, ha sido impresa por las editoriales Lagos y Ricordi; también han sido editados varios de sus libros sobre temas de su especialidad y poesía.
Compuso también música para obras de teatro, comedias musicales infantiles. Realizó ciclos de T.V., audiovisuales y videocasettes (1962/88), obteniendo numerosas distinciones (Universidad Austral de Valdivia, Nacional de Tucumán, etc.) y premios (Martín Fierro, Konex1994,2005, Organización Mundial de las Naciones, Rotary Internacional, etc.).

Yo fui testigo(nota publicada en suplemento de Pag 12)

Leda tiene más de noventa años y ha decidido retirarse de la vida pública. Dio a Las/12 la última entrevista, en la que desgranó pausada y amorosamente sus andares por el norte redescubriendo y recopilando bagualas y vidalas, desentrañando un misterio que después compartió con muchos otros músicos. Algunos de ellos opinan aquí sobre el papel que Leda desempeñó en sus propias carreras y en la historia musical argentina.

Trabajos editados:


*Serie Mapa Musical de la Argentina Recopilación sonora y textos de Leda Valladares Realización conjunta de Discos del Rojas y Melopea S.A.

Esta colección guarda gran parte del trabajo documental registrado por Leda Valladares en la década del 60, testimonio fabuloso del mundo de músicos y cantores anónimos y legendarios de nuestro país, patrimonio del folklore centenario y milenario de Argentina y América. Los cantores que han puesto su voz en estas grabaciones nos enseñan lo que los libros no dicen, lo que la cultura oficial ignora. En estos ocho compact-discs encontramos huaynos, carnavalitos, bagualas, vidalas, cuecas, chacareras y milongas interpretados por "gente del pueblo", músicos no profesionales que mantienen vivas melodías que sobreviven por siglos en la memoria popular. La colección comprende ocho CD.

*CD1.Documental folklórico de la Quebrada de Humahuaca Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 1
*CD2. Documental folklórico de Tucumán. Cantores de patio y de los valles Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 2
*CD3. La montaña va a la escuela Serie Mapa Musical de la Argentina N°3
*CD4. Manantiales del Canto. Argentina en cerros y llanos Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 4
*CD5. Documental folklórico de Cuyo Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 5

*CD6. Documental folklórico de Salta Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 6

*CD7. Documental folklórico de Santiago del Estero Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 7
*CD8. 8. Documental folklórico de la Provincia de Buenos Aires Serie Mapa Musical de la Argentina Nº 8

Cueros en América

(1992,Melopea)


Grito en el cielo Volumen 1

(1994,Melop.)


Grito en el cielo Volumen 2

(1994, Melop.)


Quebrada de Humahuaca

(1997,Melop.)


viernes

Claribel Alegría (Nicaragua, 1924).

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Tamalitos de Cambray


A Eduardo y Helena que me pidieron una receta salvadoreña

Dos libras de masa de mestizo
media libra de lomo gachupín
cocido y bien picado
una cajita de pasas beata
dos cucharadas de leche de Malinche
una taza de agua bien rabiosa
un sofrito con cascos de conquistadores
tres cebollas jesuitas
una bolsita de oro multinacional
dos dientes de dragón
una zanahoria presidencial
dos cucharadas de alcahuetes
manteca de indios de Panchimalco
dos tomates ministeriales
media taza de azúcar televisora
dos gotas de lava del volcán
siete hojas de pito
(no sea malpensado es somnífero)
lo pones todo a cocer
a fuego lento
por quinientos años
y verás qué sabor.



The American Way of Death


a mi hijo Eric
Si arañas día y noche la montaña
y acechas detrás de los arbustos
(la mochila-fracaso va creciendo,
abre grietas la sed en la garganta
y la fiebre del cambio
te devora)
si eliges la guerrilla,
ten cuidado,
te matan.

Si combates tu caos
con la paz,
la no violencia,
el amor fraternal,
las largas marchas sin fusiles
con mujeres y niños
recibiendo escupidas en la cara,
ten cuidado,
te matan.

Si tu piel es morena
y vas descalzo
y te roen por dentro las lombrices,
el hambre,
la malaria:
lentamente te matan.

Si eres negro de Harlem
y te ofrecen canchas de fútbol,
con el suelo de asfalto
un televisor en la cocina
y hojas de marihuana:
poco a poco te matan.

Si padeces de asma
si te exaspera un sueño
-ya sea en Buenos Aires
o en Atlanta-
que te impulsa de Montgomery
hasta Memphis
o a cruzar a pie la cordillera,
ten cuidado:
te volverás obeso
y sonámbulo
y poeta.

Si naces en el ghetto
o la favela
y tu escuela es la cloaca
o es la esquina,
hay que comer primero,
luego pagar la renta
y con el tiempo que te sobra
sentarte en el andén
y ver pasar los coches.

Pero un día te llega la noticia,
corre la voz,
te la da tu vecino
porque tú no sabes leer
o no tienes un cinco
para comprar el diario
o el televisor se te ha jodido.
De cualquier modo
te llega la noticia:
lo han matado,
sí,
te lo han matado.


Claribel Alegría nació en Estelí, Nicaragua, en 1924. Desde muy niña vivió en El Salvador. Ha publicado una veintena de libros de poesía y narrativa así como testimonios históricos en colaboración con su marido, Darwin J. Flakoll. Entre estos últimos destacan Fuga de Canto Grande (1992) y Somoza: Expediente cerrado (1993).
Entrevista a Claribel Alegría .

jueves

Verónica Viola Fischer (Argentina, 1974)

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Blancanieves


Ya nadie podrá acusarme

de tener el corazón leproso
el que ensucia manos si se intenta
tocarlo, con un trozo de sí.
 He construido un vampiro
en el medio de mis ojos
puedo escarbar el fango
sin encontrar nada y sigo igual
tan tranquila, amiga
mía es la ventaja
del hambre y vos, repleta, harta
peligrás frente al ocio de tu espejito.
¿Quién es la más bonita?
Tu mamá se enamoró de la mía, locas
cada brote es un espacio zigzagueante
entre las piernas un pétalo
negro. Sin duda sos vos la elegida
por Venus. De mi nariz sale un perfume 
que no tiene imitación
ni cuello. 

IN MEMORIAM Marosa di Giorgio 1932/2004

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"Toda la muerte y la vida se colmaron de tul. Y en el altar de los huertos, los cirios humean".
(de Historial de las violetas)






¿Cuál es el secreto, cuál la clave de la inconfundible obra de Marosa di Giorgio? Su originalidad, su belleza, su audacia imaginativa, su potencia renovadora, su fidelidad con un mundo y un lenguaje únicos en la literatura hispanoamericana, la definen como una voz ineludible de nuestro tiempo.

Wilfredo Penco

Sensual hasta la exasperación, disparada por una conciencia que parece hecha de una memoria atávica y una imaginación que deja en suspenso los juicios morales, la escritura de Marosa parece disolver la insalvable distancia entre las palabras y las cosas.
Guillermo Saavedra, La Nación

Su estilo es muy peculiar; se lo reconoce a la lectura de una línea cualquiera, y no se parece a nadie.

César Aira, Diccionario de autores latinoamericanos

Ni poemas en prosa, ni prosa poética, ni récit poétique, cada uno de estos textos se niega a las clasificaciones de manual: son auténticos poemas, y quien los lea sentirá en cada uno de ellos la inminencia abismal de la poesía.

Ana Becciú, El País de Madrid




Tal como señaló Ángel Rama, es una de las voces mayores de la lírica latinoamericana. Su extensa obra poética está compilada en Los papeles salvajes, que reúne su producción desde su primer libro, Poemas (1954), hasta Diamelas a Clementina Médici (2000). En narrativa ha publicado Misales (1993, traducido al francés y reeditado en Chile y en Colombia), Camino de las pedrerías (1997), Reina Amelia (1999) y Rosa mística (2003). Sus poemas y relatos han sido traducidos al inglés, francés, portugués e italiano.

Al mediodía las ásperas magnolias. <<<picá aquí
( para leer y escucha a la propia Marosa)



Marosa Di Giorgio Medici, poeta y, como gustaba definirse hace una década, "druida" uruguaya, nacida en Salto en 1932 y residente en Montevideo desde 1978 hasta el pasado martes 17 de agosto, fecha de su inesperada muerte, fue, es y será una de las voces más amadas y singulares de las letras rioplatenses. Pródiga tanto en la escritura como en la capacidad de ejercer una sutil, pero profunda influencia sobre sus lectores, Di Giorgio es una de esas raras figuras que se dan, muy de tanto en tanto, en el universo de una lengua. Una figura mágica, fértil y misteriosa: como el milagro mismo de la Poesía encarnada, o la estatuilla animada de una diosa terrestre con el don de la palabra original, cada vez nueva y atávica, por siempre resonante, trascendente, libre. Quienes conozcan su obra comprenderán que no resulta fácil referirse a ella sin caer en la redundancia del asombro, la tibieza de la mímesis o el mero afán de glosar aquello que allí es epifanía pura. Porque precisamente de eso se compone su poesía: de la "manifestación" espontánea y vibrante de las potencias que traman, desde antaño, una suerte de teogonía perpetua en la que las fuerzas que animan el mundo (con infinito amor, crueldad semejante y todo lo que hay en medio) coinciden con el impulso de la voz mística que encarna y canta. "Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. La busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí./ Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste./ Un picaflor le trabaja el sexo./ Ella brama y llora./ Y el pájaro no se detiene", dice un verso breve de La flor de lis que bien vale como cifra de la relación pánica que la poeta mantiene con el universo, su particularísimo universo. Un reino en que vivos, muertos, espectros y hados conviven, copulan y contraen enlace con (cuando no devoran, perturban o raptan) toda clase de otros seres de naturaleza animal, vegetal, mineral, divina e infrahumana, para así hacer aflorar el caos coral, dulce y terrible que el tráfico inter-especies nos ofrece como espejo del mundo que queremos creer el nuestro. Desde el deslumbramiento inicial de Los papeles salvajes, Di Giorgio nos brindó en cada uno de sus libros la ocasión de aprender y declinar una lengua nueva y, desde ya, completamente distintiva en la literatura hispanoamericana. "Su estilo es muy peculiar, se lo reconoce a la lectura de una línea cualquiera; y no se parece a nadie", afirma César Aira en el Diccionario de autores latinoamericanos. Pero todavía más, nos llevó a recuperar, con esa lengua, el ideal primero de la poesía: el de la palabra eficaz, que nombra y conjura, que crea, cuida y cura las heridas de un mundo que mana sin cesar tanto deleite como dolor, espanto y extrañeza. Una tarea digna de una auténtica Poeta-druida, la que a los 4 años estaba en el jardín de su casa materna y de pronto sintió "como si fuera sustraída del mundo y reinsertada de otra manera", sujeta a partir de allí "a un tic-tac perenne, un alerta constante"; una médium cuya razón de ser yace en expresar aquí lo que hay de más allá, de ese algo inexpresable ("Oí decir en casa que yo era bruja, una tarde en casa siendo tan chiquita. Algunos sollozaron, creo; alguien dijo: -No hay que asustarse. Nació así. ¿Por qué tener miedo? Yo miraba hacia todos lados para ver si venía alguna explicación. Ninguna nunca venía..."). El último libro de Marosa, La flor de lis, que El Cuenco de Plata acaba de distribuir, viene entonces a religar. Los lectores fieles a Di Giorgio podremos encontrar en estos poemas recientes, quizás, el eco de lo que antes fue una potencia abrumadora, variaciones y otras visitaciones de un reino que siempre se añora y no mengua, aun en la mengua. Los lectores nuevos, es de esperar, quedarán cautivos. Pero una nota aparte merecería el CD Diadema, incluido en esta edición, que reúne veintiséis poemas de Los papeles salvajes leídos por la autora. Lisa y llanamente, Diadema es una joya impar: tanto para los que tuvimos la suerte de escucharla en alguna de sus performances como para los que no, la experiencia de dejarse llevar por la voz baja y caudalosa de Di Giorgio recitando, susurrando, casi cantando las vocales estiradas y temblando o afirmándose en las pronunciaciones de erres y eses con esa cualidad histriónica tan suya, con su raro tempo natural, es imperdible, y es un testimonio vivo de la mejor poesía en nuestro idioma, a celebrar en grande.
El lenguaje de los cuerpos suelta sus amarras. Los lectores sólo podemos festejar.

lunes

Violeta Luna Carrera (Ecuador, 1943).

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Si supieras,

si sólo una milésima,
si sólo un pedacito,
un lado de mí misma conocieras
sabrías que estoy hecha de ciruelas,
de almendras y duraznos.
Sabrías que por dentro soy de azúcar, que sólo un dedo tuyo
y un término rosado es suficiente
para que pierda mi alma el equilibrio.
Una mirada sola,
clarísima y brillante,
un simple yo te quiero
podrían encender mi vieja lámpara
y hacer que tras la tarde
se moje de pasión alguna orquídea.
Si supieras
que sólo soy de vientos primitivos,
de aquellos que hacen fuego
y avivan las fogatas campesinas.
Si sólo una milésima,
un lado de mí misma conocieras
sabrías que estoy hecha de aceitunas,
de abejas y geranios,
sabrías que la noche es mi cuaderno
con un redondo verso que es la luna.
Sabrías que por dentro tengo cítaras,
que sólo una caricia
podría convertirme en oleaje,
en lluvia de amapolas y campanas.
Si supieras
que estoy de ti tan llena
que sólo bastaría que te acerques
para nacer de nuevo.
No sabes que soy frágil,
que sólo soy de piel ansiosa y húmeda
que sólo soy mujer,
así sencillamente,
sin rótulos ni farsas, tan sólo soy así:
aquella que te espera contratodo.


Poeta, narradora y crítica literaria nace en Guayaquil

Obra: “Poesía universitaria” (1964), “Ayer me llamaba primavera” (1973), “La sortija de la lluvia” (1980), “Memorias de humo” (1987), “Solo una vez la vida” (2000).
Está incluida en “Lírica ecuatoriana contemporánea” (Bogotá, 1979, “Diez escritoras ecuatorianas y sus cuentos” (1982); Poesía viva del Ecuador (1990), “Antología de narradoras ecuatorianas” (1997) y


domingo

Homenaje a Storni y a Orozco

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Homenajes

A lo largo de la historia de la literatura argentina
hubo algunos escritores que ganaron popularidad
y otros que fueron olvidados, pero que merecen
ser reconocidos por su obra.
Esta sección se propone rescatar a todos los que
dejaron, de una u otra manera, su marca a través
de la escritura.


Alfonsina Storni
Existen muy pocos registros que preserven la voz de Alfonsina Storni.

En este audio de enero de 1938 –el mismo año de su fallecimiento-

Alfonsina lee una serie de poemas que acababa de escribir en Colonia

y a los cuales llama "Antisonetos".La primera audiovideoteca virtual del

país realiza un homenaje a Alfonsina Storni, e incluye un audio de 1938

donde lee sus poemas.
Audio - Biografía - Bibliografía



Olga Orozco fue invitada en agosto de 1991 a realizar

una lectura pública en el Instituto de Cooperación Iberoamericano (ICI).

Allí leyó este poema que pertenece a, "Desde lejos", su primer libro publicado.

Agradecemos este material a la videoteca del Centro Cultural de España

en Buenos Aires.
-Audio- Video-Biografía - Bibliografía


Memoria Audiovisual de la Literatura


En este archivo de imágenes y sonidos, los protagonistas son los escritores y escritoras argentinos.
El objetivo de la Audiovideoteca es conservar y difundir los
registros que son fundamentales para la historia de la literatura.
El fondo documental está conformado por las entrevistas audiovisuales producidas, y por los materiales que se incorporan gracias a las donaciones y a la colaboración de diversas instituciones públicas y privadas, tanto del país como del exterior. La información sobre estos registros se encuentra disponible en la base de datos.
Los fragmentos de las entrevistas realizadas están disponibles en video, audio y texto.


*Podrán disfrutar de fragmentos

de video, de audio y al texto de las entrevistas realizadas a:

Luisa Valenzuela, Liliana Heker, Angélica Gorodischer,

Diana Bellessi, Juana Bignozzi, Tununa Mercado,

Griselda Gambaro,Ana M Shua, Liliana Heer,

Cristina Siscar, Silvia Iparraguirre,

Hebe Uhart , María Esther Vázquez , Vinderman Paulina,

Ángela Padrelli,Elvira Orphée.



También se pueden consultar las biografías y bibliografías completas de cada escritor.
Para completar la propuesta, los domingos a las 22 hs., el Canal Ciudad Abierta
emite el programa Obra en Construcción, donde los escritores hablan de su trabajo, de los libros que influyeron en su escritura y leen fragmentos de sus obras.
http://www.audiovideotecaba.gov.ar/

sábado

Lina Zerón (México, 1959)

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Todo se transforma,
hasta el amor más grande
en rutina se transforma
y el perfecto amante
en esposo se convierte.


El romance prohibido
ahora lo avalan las leyes.
Las secretas caricias
en el lecho se acaban,
la ansiedad por sentir una boca
buscando tus orillas desaparece.


La pasión del cuerpo
en tu pecho descansa,
la espera del amante
humedece tu vientre…


Traspasa tu piel con besos
y dibuja en tu rostro la sonrisa
de la mujer que vive tan sólo
para sentir en silencio y a escondidas,
el acoso perfecto,
la entrega completa del hombre al que amaba
siendo tu amante,
para convertirse en el predecible esposo.

viernes

Joyce Cavalccante,Brasil

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Clara estratagema para enfrentar lo inesperado
Aunque el expendio de bebidas no fuera el principal, el único o el más interesante punto de encuentro del poblado, Alain pasaría la eternidad examinando los estantes y contando, una por una, las botellas de bebidas expuestas en desorden, unas a medias otras aún por abrir, tan sólo por el placer de estar cerca de aquella por quien su corazón era un volcán en erupción.
Clara. Clara como el mismo paisaje que arropaba el lugar lleno de sol, sonido de mar y silbido del viento. Ventarrón que zumbaba a todas horas y mucho más en la noche, después de que todos se habían ido a dormir.
El siempre se acostaba solo. A veces con ropa, se quedaba mirando hacia el techo en lo oscuro. Sin esperanzas, apagaba el quinqué para no desperdiciar gas, y dejaba tan sólo que la claridad del fuego en su interior, incandescente como las llamas del infierno, quemara su pecho y su vientre repleto de deseo insatisfecho.
Aquello debía ser una condena por el mal que había hecho a otros, principalmente a las mujeres, que no habían sido pocas. Quizá Clara fuera la venganza de alguna diosa protectora del llamado sexo débil. Quién le diera volver a empezar e iniciar una vida inocente de gente común y corriente, con un humilde empleo de donde sacar el sustento y no tener que llevar esa existencia insegura de actor exótico que, en busca de la fama, busca los lugares mas escondidos del mundo para encontrarse. La verdadera vida era con una mujer que cuidar, y en el futuro, hijos que veamos crecer y que lo vean a uno morir.
Y esa mujer tenía que ser Clara, la hija del dueño del expendio. Con sólo 15 años y pechitos alebrestados, piernas morenas, vientre plano que parecía una tabla. Risa enloquecedora cuando enseñaba la dentadura blanca y pareja. Alain se derretía cuando pensaba introducir su lengua ya madura entre aquella hilera de dientes; logrado lo cual, saborearía la lengua verde de la niña no tocada.
Abismado en esos pensamientos, su cuerpo le advertía que era necesario mucho más; lo quería todo, y se hinchaba entro del pantalón, cuando lo llevaba. Si estaba desnudo, se frotaba con la mano, lamentando tener que hacerlo. Nunca le había faltado mujer. Hubiera sido mejor tener a la chica a su lado para divertirse.
Era ella tan joven que aún le gustaban los juegos infantiles. Durante los tres meses que él ya había pasado allá se extasiaba viéndola bailar en círculo con los niños, dando vueltas. Otro de sus pasatiempos era el de ver cómo la niña se divertía con los instrumentos cuando bordaba para ayudar a la mamá a completar los encargos que venían de la ciudad. Decían que el lucro era casi nada, pero todas las mujeres del poblado trabajaban en eso desde que tenían uso de razón, consiguiendo algunos centavos para ayudar en los gastos. Clara se arremangaba la falda y la sujetaba entre las piernas mientras ejercía aquel menester. Cuántas y cuántas tardes no perdió Alain escondido detrás de un tamarindo sólo por el placer de contemplar los movimientos de la chica que, con los ojos bajos, se entretenía concentrada en su quehacer. A cada uno de aquellos movimientos, por insignificante que pareciera, el corazón del muchacho saltaba de donde estaba guardado queriendo volar.
Un día, yendo tras ella, se adentró en el monte siguiéndole los pasos, curioso, queriendo saber a dónde iría. Caminaba con cuidado sin hacer ruido y a cierta distancia. Pero aun así fue sorprendido. Se encontraron solos parados uno frente al otro, bajo las hojas crujientes. Pensó acostarla allí mismo, abrazarla y realizar el rito del casamiento tantas veces soñado. Pero no sería esa la mejor manera. Claro que no.
Percibió que ella era tímida, muy tímida; en efecto, se sonrojó ante su mirada azul y se puso a correr, mirando hacia atrás de vez en cuando. El no se movió, avergonzado y temiendo que ella, con aquellos ojos amarillentos, hubiera leído sus pensamientos profanos. Se sentía como un niño atolondrado.
Ni siquiera parecía aquel hombre conquistador como lo había demostrado con Mariange, la mamá de su hijo que ya tenía veinte años y que aún ahora estaría dispuesta a recibirlo de nuevo. Gilda, que lo siguió de Brasil a Francia para obligarlo a que le diera su amor, pistola en mano, si fuera necesario. Natercia y Tereza, las dos actrices que aceptaron dividirlo entre sí durante más de dos años, ya que él era incapaz de otorgar la exclusiva a cualquier mujer. Silvia, la millonaria que lo dejó divertirse a sus anchas con su fortuna. Amores grandes y pequeños que pasaron por su lecho sin rozarle apenas el corazón. Amores que de tan numerosos y fugaces lo volvieron escéptico en el amor, hasta que, ya maduro, vino a dar a aquella playa tranquila, con el presentimiento de que allí encontraría a la mujer que nunca había tenido.
Los ojos de Clara eran iguales a los de un lobo Guará. También lo era su elegancia, al caminar. Por eso él no se alejaba de ella; ella, en cambio, parecía ni siquiera darse cuenta de que él existía. ¿Sería todo fantasía de su cabeza? No por eso se iba a desanimar. Se hizo amigo del papá de la chica, Sr. Jair, contándole historias de Europa, lugar donde había nacido; exactamente por eso era más conocido como “francés”. Por ahí nadie lo llamaba por su nombre propio.
Clara como las espumas que se arrastran del mar a la playa. El nombre Clara es el nombre del cielo azul que aquí se extiende. En el poblado nadie usaba lentes oscuros, excepto él mismo. Por eso, pidiendo permiso al tendero, regaló unos lentes a aquella cuyo padre no sospechaba nada.
Era uno de esos padres valentones que quieren a toda costa que la hija se case, y por eso no la dejan buscar marido. Pobre de ella si le echara una mirada a algún sinvergüenza que se metiera a la tienda. Y ay del bribón que diera muestras aunque fuera de darse cuenta de que ella existía, aun cuando fuera ella la que sirviera la bebida en el mostrador. En esas ocasiones Alain no salía de allí, con el fin de observarla más de cerca, aunque para eso tuviera que estar bebiendo.
¡Carajo¡. No sé como ellos aguantan esa porquería con sabor de medicamento.
A pesar de esa repugnancia, real o aparente, se emborrachaba igual que los demás a quienes les gustaba aquella pócima. Y fue gracias a la borrachera como tuvo valentía para declararse.
Fue en plena tarde de un martes cuando, sospechando que no había testigos, siguió a Clara mientras iba con una canasta de ropa sucia bajo el brazo para lavarla en el río. Un río manso que se encontraba con el mar muy cerca del poblado. Con pasos torpes, bajó con dificultad la barranca agarrándose a los arbustos prendidos en la tierra de la ladera. Se extasiaba al ver con que agilidad bajaba la muchacha, parecía ir bailando mientras caminaba sin fijarse en lo que hacía, mirando hacia los lados, al el cielo y hacia atrás. Así fue como vio el esfuerzo de Alain que ya casi la alcanzaba. Asustada, ella cambió de rumbo entrando en la capillita, sin misa aquella tarde, pero con las puertas abiertas como siempre. El Padre vivía allí.
¡Ei, por qué esa falta de respeto, Clara! – vociferó el Sr. Cura Ferando. Esos no son modos ni vestido apropiado para entrar a la iglesia.
Clara miró hacia atrás, y viendo que Alain aún la perseguía, respondió que quería confesarse. El padre se fue al el confesionario y viendo también a Alain que nunca iba a misa, le preguntó en son de broma:
Y tú, ¿también te quieres confesar?
- Yo también – respondió el Francés, sin otra disculpa más plausible. Ahora
tendría que inventar pecados.
Y tendría que hacerlo de inmediato, ya que Clara no tardó ni cinco minutos a los pies del padre. Ahora le tocaba a él. Mientras tanto, la perdió de vista. Sospechaba que ella no lo quería; si no, ¿por qué le rehuía? Cuanto más pensaba en eso, más lo acuciaba el deseo, más intensamente su cuerpo exigía la posesión de aquella creatura. No podía precisar cuando el tormento era mayor.
Entonces fue cuando supo que ella no sabía leer. Y también el motivo. Lo oyó en la tienda de boca del mismo Sr. Jair: teniendo muchos hijos, no sobraba dinero para mandarlos a todos a la escuela.
¿Pero no es gratuita la escuela pública? Preguntó Alain.
Sí – respondió el viejo malhumorado, limpiando el mostrador con un trapo percudido. No se paga – repitió pensativo. Pero los zapatos que necesitan para ir allá cuestan caros. No tengo dinero para calzar a toda esa raza.
Conmovido, el Francés, como primer impulso sintió ganas de ofrecerle uno o más pares de zapatos para su preferida. Salió de la tienda con la idea en la cabeza. Pensó, desmenuzó la idea, la volvió a ensamblar y.. ¡eureka! La idea se estrelló como huevo en el piso, fragmentándose en planes. Se ofrecería para enseñarla a leer. Aunque él no supiera muy bien el portugués, aunque ella fuera alfabetizada parte en una lengua y parte en otra, emprendería la tarea. La enseñaría también a contar. En esto no necesitaba mucho; los rudimentos de aritmética serían suficientes. La excusa sería el hecho de que ella le tenía que ayudar al papá en la tienda; tenía que saber hacer las cuentas para saber cobrar, y escribir para apuntar lo fiado. Así podría convivir todos los días con su musa que le dedicaría toda la atención durante muchas tardes. De ahí podría surgir el enamoramiento. Al comienzo, secretamente, sólo entre los dos. Después hablaría con el papá, le pediría la mano de la chica, afirmando sus serias intenciones. Se casarían en la capillita, bendecidos por aquel cura agrio como un limón.
Pero, ¿de dónde sacaría el valor para enfrentar al tendero con la propuesta? El viejo podría sospechar, empecinarse, ¡vete a saber!. Esa gente era tan imprevisible. Miraba por la ventana pidiendo consejo al paisaje. Dirigía luego la vista hacia su cuarto invadido por la soledad. Se imaginaba en una casita allí cerca, bien aseada, con Clara calzada y alfabetizada cuidándolo.
Receloso, decidió hablar primero con ella, preguntarle su opinión. Pero sus intentos de abordarla fracasaron. Cuando ella no escapaba, se quedaba callada sin mostrar si había entendido o no la propuesta. Quizá él no le inspirara confianza. Gastó no poca energía intentando comunicarse sin éxito. La solución sería hacer todo a través del papá, como era costumbre. Así pues, se echó unos buenos tragos de aguardiente allí mismo en el mostrador y lleno de arrojo expuso su proyecto al posible futuro suegro. El hombre le echó una mirada escéptica moviendo la cabeza hacia los lados. En seguida le preguntó si no tenía nada mejor en que perder su tiempo. Teóricamente estaban solos, pero se notaba que Clara fisgoneaba detrás de la puerta.
Al fin, el Sr. Jair rompe el silencio:
¿Y por qué usté no enseña de una vez a toda la recua a leer?
Pues..., sabe..., no, Sr. Jair. No es una buena idea. No creo que se deba sacar a los niños de la escuela para que aprendan conmigo.
No hablaba de los niños hombres, sino de las tres niñas. Tal vez sabiendo leer sean de más utilidad.
Eso era algo que el Francés no esperaba, pero no dejó que el viejo notara su confusión y aceptó. Sería maestro de Clara, la mayor; de Juana, de 10 años; y de Judit, de cuatro.
Compró cuadernos, lápices y borradores en la ciudad más cercana, pues en el poblado ni eso se encontraba. Dos días después recibió a las niñas en el comedor de su casa, con aire de autoridad. Estaba muy feliz al comienzo, pero después comenzó a perder la paciencia porque la más chiquita no ponía mucha atención. Fue de nuevo al papá de las alumnas y le sugirió que sólo las dos mayores estudiaran. Tal vez en el futuro él se dedicaría también a la menor. El tendero no sólo estuvo de acuerdo, sino que además alabó la idea, hablando a todo el mundo maravillas sobre el Francés:
Fíjense nomás, les da hasta merienda a las niñas, dizque para que aprendan mejor.
Las otras niñas analfabetas de la aldea comenzaron a mirarlo con actitud pedigüeña; las madres también. Menos mal que nadie osaba proponérselo. ¡No faltaba más! No eran pocas las dificultades sólo con aquellas dos alumnas. En efecto, él no sabía escribir el portugués de forma alguna. Iba a trompicones, improvisando, mientras ellas aprendían todo equivocado.
Estaba realmente enamorado. Soñaba todas las noches en el clarísimo espejismo, sentía su olor, veía el brillo de sus cabellos y tenía ganas de comerse su sonrisa. Ahora ella ya se dirigía a él, llamándolo, igual que la hermana, maestro. Él, que nunca había oído el sonido de su voz, deliraba al oírla. Respondía con amabilidad, adentrándose un poco, todo ternura mientras las pupilas iban aprendiendo.
Pero se supo el caso de Dico, un casi niño y simpático pescador, con Neusa, la hija de Neco, otro pescador ya encallecido. Neusa y Dico andaban de novios ya desde chiquitines. Apenas crecieron un poco, comenzaran a practicar el amor como Dios manda que no se haga. En una de esas, la niña resultó barrigona, y al hacerlo, condenó la garganta del noviecito al cuchillo del pescador Neco. El hecho provocó gran revuelo en el poblado, lo que ayudó a preservar la honra de Clara por mucho más tiempo. Si el Francés quería estrecharla en sus brazos rubios y peludos, no tenía más alternativa que: casarse o casarse. Me caso con ella, aseguraba Alain. ¿No es eso lo que más o menos quiero? Si ella quiere, yo quiero. Haría cualquier sacrificio para tenerla. Y se sumergía en físicas satisfacciones solitarias, claro, mientras Clara no se le entregara. Después todo cambiaría.
Era clarísimo que ella, como mujer, aún le rehuía, aunque como niña le demostrara adoración. Eso después que lo tuvo como maestro; pero él no quería sólo eso. La deseaba rendida en sus brazos como a tantas otras que había poseído. Todo eso pasaba por la cabeza del enamorado extranjero mientras sorbía su bebida diariamente en el expendio de bebidas del futuro suegro. Un suegro fuerte y macho que no se apartaba de su cuchillo ni siquiera para ir al baño, como él mismo afirmaba. Siendo así, Alain le hablaría de macho a macho, a pesar del temor que inspiraba la violencia propia de aquella cultura agreste. El haría cualquier cosa por su amada. Expondría sus buenas intenciones y lo convencería, pero sólo cuando tuviera certeza sobre el claro amor de la niña color cacao.
Contemplaba a su musa con embeleso. Que lo esperaran en las grandes ciudades del viejo mundo. Pensaba mientras contemplaba a Clara barriendo el piso de tierra de la tienda. Pies descalzos, piernas lindísimas que se movían tan sólo un poco ondulando la minifalda de tela barata y descolorida. Al verla agacharse para recoger la basura con la pala, vislumbró sus calzoncitos. Ante el peligro de perder la cabeza, decidió alejarse. No aguantaba tanto sufrimiento. ¡Clara, Clara, cuándo nos casaremos!
Tal vez adivinándole los pensamientos, ella le dirigió una mirada del mismo estilo. Dejando caer la escoba, la timidez, la vergüenza, el infantilismo y todo lo demás, Clara se le echó en los brazos espantados. Le ofreció la boca virgen, lista para ser estrujada por un beso que no llegó. Y confesó estremecida:
No tengas miedo. No creas que papá se va a enojar. El ya sabe. Te amo hace mucho tiempo. Desde que llegaste aquí. Yo ya no puedo vivir sin ti.
Y en su lenguaje de radionovelas dijo muchas más cosas, incluyendo casamiento. Sus brazos escuálidos de niña mal nutrida aún se le prendían al cuello. Su hálito era viciado como quien no se cepilla los dientes. Alain se alejó un poco, sonrojado de vergüenza. Vio todo de cerca. Unos pechitos que apenas se insinuaban, parecía muchacho. Vientre sumido, huesos puntiagudos sobresaliendo en un vestido raído. Un olor extraño de humo salía de sus cabellos. Pobrecilla, pensó él, que de repente pasó a ver todo desde otro ángulo.
Mientras ella repetía Yo te amo, cabizbaja, el Francés dejaba la escena, teniendo como público a toda la familia de Clara que, esperando un final feliz, habían visto todo por las hendiduras de la ventana. Inmediatamente se acordó que tendría que volver al lugar de donde había venido.

Traducción del portugués: Rafael Camorlinga Alcaraz
(Universidad Federal de Santa Catarina – Brasil)

Es la fundadora y actual presidenta de REBRA – Red de Escritoras Brasileñas y miembro del Comité Directivo de RELAT. Publicó seis libros de ficción en prosa, y participó de ocho colecciones de cuentos con otros autores.En los años de 1979 y 1980 fue premiada en el "Concurso de Cuentos Eróticos" organizado por la revista "Status", publicada por la editora"Três", São Paulo, con los cuentos "HISTORIA DE UN CUERPO DE NIÑA" y "LUCHA LIBRE" respectivamente. Recibió el premio APCA- Asociación Paulista de Críticos de Arte- en la categoría "Mejor libro de ficción de 1993" por su novela "ENEMIGAS INTIMAS".Sus libros más recientes son: RETALHOS MÍSTICOS –(Retazos Místicos). John Dôo Editor - S.P. - 1988 - Álbum de serigrafías y poemas en coautoría con el artista Élvio Becheronni. Texto bilingüe em portugués e inglés. INIMIGAS ÍNTIMAS –(Enemigas Intimas). Editora Maltese - S.P. - 1ª edición 1993 - 2ª edición - Editora Maltese - S.P. 1994 - Novela.

jueves

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UNA PALABRA ( Gabriela Mistral, Chile-1889)


Yo tengo una palabra en la gargantay no la suelto,

y no me libro de ellaaunque me empuje su empellón de sangre.

Si la soltase, quema el pasto vivo,

sangra al cordero, hace caer al pájaro.

Tengo que desprenderla de mi lengua,

hallar un agujero de castoreso sepultarla con cales

y calesporque no guarde como el alma el vuelo.

No quiero dar señales de que vivo

mientras que por mi sangre vaya y venga

y suba y baje por mi loco aliento.

Aunque mi padre Job la dijo,

ardiendono quiero darle, no,

mi pobre bocaporque no ruede y la hallen las mujeres

que van al río, y se enrede a sus trenzas

y al pobre matorral tuerza y abrase.

Yo quiero echarle violentas semillas

que en una noche la cubran y ahoguen

sin dejar de ella el cisco de una sílaba.

O rompérmela así, como a la víbora

que por mitad se parte con los dientes.

Y volver a mi casa, entrar, dormirme,

cortada de ella, rebanada de ella,

y despertar después de dos mil días

recién nacida de sueño y olvido.

¡Sin saber más que tuve una palabra

de yodo y piedra-alumbre entre los labios

ni saber acordarme de una noche,

de una morada en país extranjero,

de la celada y el rayo de la puerta

y de mi carne marchando sin su alma!


Laua Malatesta(Argentina,1962)

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I


CARACOL PETRIFICADO


Tu vida sucede inerte y fría
bajo todas las huellas que transitamos.


Inmemorial y añejo esperas hoy
la mano que te recoja
con curiosidad
con asombro
con sabiduría
con indiferencia,
caracol herido
en la inmortalidad
ce la roca.



Sos la arena
la savia animal
que te inmaculó
hasta mis días.
Caracol mineralizado
como una oreja hembra
como una oreja macho
del secreto mágico del universo.
Idioma acuático
hecho terrenal en la piedra.

Te fue dado el don de concentrar
ciento cincuenta millones de años
en la espina ocular de la roca.


Testigo mudo y secreto
de un fugaz encuentro:
la impronta de tu talla
y el pellejo de mis sueños.



II


PUNTA DE FLECHA


La dirección mortalmente exacta
fue desde siempre tu designio.
Pequeño triángulo solar petrificado
bajo la luna de un destino de muerte.


Y fue testigo la herida
y el animal acechado
y la sangre que humedeció tu huella
y el crepúsculo que sepultó el grito definitivo
y el brazo del aborigen y sus ojos
fueron testigos también
del último dictamen.


El viento copió tu exacto itinerario
hasta los puntos cardinales
y desde allí se trazó la historia.




ALFABETO GEOGRÁFICO



Magdalena apocalíptica sobre las estrellas del océano.
Latinoamérica.
Figura de globo medio desinflado
sobre la noche expectante de la tierra.
Grito aborigen que no pueden acallar los demonios.


Hay sangre y vida, y piedras
en tu costado indeciso de alboradas que esperan.
Gran nación que amasó con sangre su historia.
Tiempo de adviento que despertará con los pájaros
desde el vientre gris de otro paraíso.


Aureola de promesas proyectadas por los duendes.
Latinoamérica.
Te aguarda un futuro venturoso
como aguarda la vida en la semilla del surco.
No hay laureles eternos, nos mintieron.
La gloria reside en el trabajo fecundo de todos.
Así se construye la vida
entre sudor, esperanzas y proyectos,
con un verdadero desafío de honra y lealtad.
Sólo así nos convertiremos en testigos de la grandeza.
Latinoamérica.


León echado sobre el verdemar de dos océanos.
Bravura que crepita desde lo inmemorial.
Alfabeto geográfico.
Latinoamérica.


Árbol genealógico de triunfos y derrotas.
Flor cubierta que hay que descubrir
Entre los escombros y el futuro.





Nació en San Nicolás (Buenos Aires, Argentina) en 1962. Es profesora de Castellano, Literatura y Latín, también obtuvo el profesorado de Dibujo y Pintura. Fue miembro fundadora del Grupo Literario “Disámara” y de “A.N.J.E.” (Agrupación Nicoleña de Jóvenes Escritores). Integró la Comisión Directiva de la Filial San Nicolás de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) como así también fue integrante del Taller de Formación Actoral del Grupo teatral “Del Sol”. Obtuvo numerosos premios, a nivel nacional e internacional, tanto en el género narrativo como poético, y reconocimientos en proyectos educativos y culturales provinciales. Parte de su obra fue publicada en distintos diarios y revistas, como también en antologías diversas. En el año 2004, realizó una selección de su obra poética de los últimos a 20 años, para reunirla en su primer poemario titulado “Los Cristos interiores” (Yaguarón Ediciones, colección poética “Cielo en la tierra”).
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