lunes

Carmen Naranjo (Costa rica,1928)

Pin It

“Si estas reflexiones llegan a la orilla de un pensador, la misión está cumplida”.

LXIX En esta tierra redonda y plana (extracto)

Quizás fue ayer
quizás nunca
tu ondulante deseo de nacer
y naciste con hambre de casas
de madres y de amantes.

Si soñaste
estoy segura
soñaste con viajes
con residencias y rincones
en tierras extrañas
y hubo que buscarlos
y pagarlos
según tus necesidades y caprichos.

Te conocí un día
cuando buscaba
una Vudú más humana
en esta tierra plana
quien se me fue
hacia la tierra redonda
que también era tuya
y me confiaste
en secretos circulares
inconclusos
en que nunca vi
hasta que te fuiste
ese revés de tu medalla.

En abril me escogiste
en abril de 1974
cuando me aconsejaban
la más gorda la más fuerte
la más sana la más lista.

Fue tu agarrarte
a mis ruedos
con cara de tonta encantadora
fueron tus ojos ya huérfanos
los que me escogieron de compañera
sin saber si te querría.

Y seguiste insistiendo
desteñida
torpemente
con ansiedad de lengua afuera
sin rasgos de pura raza
y sin parecido
a alguien con pedigree.

Ya me tenías escogida
cuando te alcé muerderuedos
que me recordaron la besaruedos
de otros tiempos.

Al alzarte un sueño de tierra redonda
se me vino encima
como ese olor a verano y pasto
que aún persistía
junto a tu muerte.

Y te lleve a una casa hostil
a un trabajo hostil
a un discurso hostil
en un mundo plano.

Ahí empezó a aparecer
su sorprendente inteligencia
tu redonda virtud
de dar vuelta a las cosas.

No tuve necesidad de defenderte
te defendías sola
y sabías defenderme.

Nadie podía despertarme
ni sacudir la cama
ni ofrecerme desayuno
una verdadera fiera
vigilaba mi sueño
mi reposo mi hacer
lo que me daba la gana.

Te hiciste dueña y señora
de tus lugares y rincones
con tu prestigio de fúrica
cuando era conveniente.

Creciste entre conferencias y giras
mesas redondas
visitas inauguraciones
corta cintas
aplausos críticas y premios.

Recuerdo todavía el discurso
cuando te vi haciendo lo que no debías
con el perro más horroroso
todo chato desteñido en sarna
con las patas vueltas
y un rabo retorcido
que para vos mi loca alborotada
debía ser síntesis de hermosura.

No podía interrumpirte
por lo que te embarazaste
sin pudor de espectáculo
ni gritos virginales.

Después te regañé
Michel Michus Michú
y el veterinario
ah esos veterinarios que siempre odiaste
rompió tu enlace con la vida florecida
y casi te me vas
porque tu voluntad y la mía
desconocieron el respeto mutuo.

Siempre fuiste gentil
con amigos y enemigos
la mistad en persona
porque en tu tierra redonda
veías los mejores rostros
las palabras verdaderas
y desde ahí te reías
de todo lo pasajero.

Te tuve en mi propia prisión
hasta que comprendí
tu sentido de libertad
entonces te llevé
a mi residencia de utopías.

Fue después del parto
ese parto en que aprendimos
las dos a parir.

El primero nos falló
no supiste abrir a tiempo
la bolsa del despertar
y como madre amorosa
no me dejabas separarlo
de los vivos nueve enceguecidos
buscando torpes tu calor.

Yo te ayude como pude
con el último porque te caías de cansancio
luego con la placenta.

Fue un parto largo
empezó en la mañana
y todavía a las diez de la noche
anunciaba por teléfono
otro más no sé qué hacer.

Al día siguiente con los nueve
en una enorme canasta
te llevé donde encontraste
con más claridad tu tierra redonda.

Ahí con ayuda de biberones
fueron creciendo los nueve
uno caminaba sólo para atrás
lacio de pelo chupado
como en los tiempos de Gardel
le pusimos Carlitos.

Se buscaron hogares
inspeccionando el amor de la gente
y se fueron todos
menos la gorda
que se quedó con el nombre de Malva
y con el tiempo se llamó Uca
noble preciosa lenta
con gestos de los obesos
sus mismos ritmos
envueltos en golosinas



de En esta tierra redonda y plana. Madrid: Ediciones Torremozas, 2001.


Carmen Naranjo nació el 30 de enero de 1928 en Cartago. Cursó la primaria en la Escuela República de Perú, la secundaria en el Colegio Superior de Señoritas y la licenciatura de Filología en la Universidad de Costa Rica; muchas veces se ha declarado orgullosa del jugo que le sacó a la educación pública. Después realizó estudios de posgrado en las universidades Autónoma de México y de Iowa. Pionera, adelantada; fuerte y frágil a la vez: desafiante y emblemática en una época; luego, su propia sensibilidad artística y el medio tan poco propicio le reclamaron su espacio a la mujer pública y quizás la rindieron a su íntimo refugio.Los adjetivos no iban en balde: desde los años sesentas hasta la fecha las novelas, relatos, poemas y ensayos de Carmen Naranjo invitan a la reflexión sobre la cotidianidad costarricense, a salir del marasmo a que nos puede someter el apurado trajín urbano; al encuentro frontal con la mediocridad y el anonimato vital.
Abundante, sutil, renovadora y compleja, en la obra de Naranjo se hace nueva la frase hecha, compleja la cosa simple, desconocido el lugar común. Al aporte literario hay que sumar una entusiasta trayectoria de promoción cultural, tanto desde cargos oficiales -diplomática, Ministra de Cultura, Directora del Museo de Arte Costarricense, asesora de la OEA en el área de la seguridad social-, como en la calle, en conferencias y talleres literarios y como artífice de proyectos como Editorial Osadía.

Más que merecidamente, a doña Carmen se le reconoció con el premio Magón en 1986, el segundo para una mujer.
Al desempeñarse durante las décadas de los 50 y 60 en distintos puestos en la Caja Costarricense de Seguro Social y en el Instituto Costarricense de Electricida, Naranjo se familiarizó con la ciudadanía de clase media, tuerca en la máquina burocrática, que habría de retratar en sus principales escritos. El primero de estos fue el sensible poemario Canción de la ternura (1962), al que siguieron Misa a oscuras (1964) y Hacia tu isla (1966), pero fue con su novela Los perros no ladraron (1966) cuando Naranjo inició una labor de renovación de la literatura costarricense.
Durante los años siguientes, las novelas, relatos y ensayos de Naranjo fueron bisagras que abrieron puertas en la literatura costarricense: jugó con los recuerdos y tiempos en Memorias de un hombre palabra (1968); hizo crisis del mundo urbano en Diario de una multitud (1974) y de las costumbres costarricenses en los ensayos de Cinco temas en busca de un pensador (1977). En estos textos, y en posteriores como El caso 117.720 (1987) o En partes (1994), Naranjo ha querido mostrar la crisis de valores en la sociedad costarricense a través de la escisión entre palabras y acciones; lo suyo ha sido retratar esa clase media que se autocomplace.

Inquieta, casi hiperactiva, los años no han mermado su prolífica vocación: la novela Más allá del Parismina (2000) y los poemarios En esta tierra redonda y plana (2001) y Marina Jiménez de Bolandi: recordándola (2002) hacen cierta esta afirmación.

Dibujante de puntos y rayitas, cuando la palabra no le ha bastado en la expresión de sí; y miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, la primera entre las escritoras, desde 1980. La figura y la obra de Carmen Naranjo ha sido y es imprescindible si queremos comprender un poco más de las alegrías y penas del alma nacional.

1 comentario :

GrupoConestabocaenestemundo dijo...

Una mujer de letras, incansable luchadora, comprometida con tiempo
trabajadora de la palabra voz, cuerpo hecho escritura.
Nuestro pequeño homenaje a Doña Carmen.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...