miércoles

Diana Bellessi(Argentina) PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2011 por su libro TENER LO QUE SE TIENE.

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“…No es la propia boca aquello que queremos, sino la intuición de que lo propio vuelve sólo desde lo ajeno…”, escribió la poeta nacida en Zavalla, provincia de Santa Fe. La ciudadana ilustre de Buenos Aires. La que estudió Filosofía en la Universidad del Litoral y demoró seis años en recorrer América a pie. La que coordinó talleres de escritura en cárceles. Y aún hoy cumple esa tarea del lado de acá de los barrotes. La que tradujo a poetas norteamericanas contemporáneas. La que desde 1970 y hasta hoy, publicó más de veinte colecciones de poemas propios. Ésa poeta es la autora de Tener lo que se tiene obra por la que el jurado la distinguió con el Primer Premio Nacional de Poesía.

Tikal

¿Sería un guerrero en desgracia,
exiliado entre los dioses
quien me hablara?
¿O sacerdotes del templo V
tras un humo leve
un rosario de hojas y de agua?

¿Sería la mujer,
atado de leña al hombro, murmurando:
—Yo soy tú,
en delicados jeroglifos ideográficos?

Lo que sé,
es que la ciudad hablaba.

de Crucero Ecuatorial(1983)

Varias posturas, "opuestas", sobre el premio nacional de poesía.
Alguna de ellas, como la expresada por la Dra Bordelois el 2/9/11 en nota publicada el La Nación(autora, doctorada en lingüística en el MIT, es poeta y ensayista) quien descalifa el mérito y el reconocimiento a la obra de la poeta Diana Bellessi y pone en duda su mérito poético en favor de poetas magníficos como J.L. Escudero. A Bellessi la respaldan no sólo su obra sino la decisión del Jurado notable.
Y una segunda nota, la expresada en respuesta por Jorge Monteleone,también publicada en La Nación el 6/9/11, (autor, investigador del Conicet y escritor)quien integró el jurado del Premio Nacional de Poesía 2011.
La ótra, la del poeta Jorge Aulucino.
Aquí ambas notas...

"Los últimos serán los primeros"
Por Ivonne Bordelois
(autora, doctorada en lingüística en el MIT, es poeta y ensayista).
La © La Nacion, 2/09/011


Aureolada por una tenaz trayectoria profesional, Diana Bellessi acaba de conquistar el codiciado Primer Premio Nacional de Poesía. La siguen en jerarquía Arturo Carrera y Hugo Gola, con el segundo y tercer premio. A Jorge Leónidas Escudero, un sanjuanino de 91 años que muy de tarde en tarde condesciende a Buenos Aires, le corresponde una muy modesta Mención, apenas mencionada en la prensa.
Antes que de las personas, correspondería hablar aquí de los derechos de la poesía. Cuando decimos poesía hablamos de esa fuente que mana y corre aunque es de noche, y verdaderamente parece estar anocheciendo en el cielo estelar de la crítica literaria argentina. La historia no es nueva: recordemos el premio denegado a Borges y discernido a un oscuro escritor que ya nadie recuerda, pero que tenía la virtud de ser menos extranjerizante que el autor de "El jardín de los senderos que se bifurcan", allá por los años 40.
Paralelamente a la economía actual, nuestro país tiene un capital poético extraordinario, pero en algunos casos negado y en otros muy mal distribuido. Nadie recuerda ya a un poeta excepcional como Juan Rodolfo Wilcock; Manuel Castilla sería una eminencia poética en cualquier territorio literario menos descuidado y más atento y lúcido que el nuestro. El esnobismo, la imitación, las vanas banderas ideológicas o demagógicas, los padrinazgos o madrinazgos supuestamente conseguidos y encumbrantes, los contactos internacionales bien o mal logrados, las hábiles maniobras y acrobacias publicitarias han exaltado y laureado a evidentes mediocridades hoy rutilantes y mañana olvidables.
Nada de esto es nuevo, se me dirá, pero el tema es que la mala repartición del prestigio poético acerca y luego aleja definitivamente a un público que quisiera de buena fe entrar en el reino de la poesía y se ve expuesto sólo a lo retórico, lo fingidamente transgresor, lo trivial, lo desarticulado, lo insípido o lo exangüe. O simplemente a lo convencional descriptivo, como los "Sudorosos en el porche", de Bellessi: "Se ha bañado en la hora caliente/ del mediodía y ahora, posado/ entre las ramas de la hortensia/ se despulga y se peina con su pico/ batiendo grácil las alas. A sólo/ un metro de distancia. Estoy quieta/ mientras leo y no soy de presa, un árbol/ más que no le da miedo. Qué regalo/ esta secreta cercanía nuestra,/ yo en la veranda y él en la rama/ tan despiertos y tan en calma somos/ vecinos el zorzalito y yo".
Es un problema de voz, de impostación central: hay esos textos que se llaman poesía y pueden ser amables y correctos, con cierto oficio, sí, pero lo fundamental es que no nos ocurre nada leyéndolos. Y hay otros de los que emergemos necesariamente transformados, como este poema de Escudero, "Ultima apuesta": "Apártense, déjenme pasar/ vengo de estar existiendo y ya lo sé/ voy a las palideces. Merezco/ descanso pero antes/ quiero mirar atrás del horizonte para/ no verme siempre aquí como árbol seco/ donde no hay más que hablar./ No atajen, no digan que hay medicina buena/ dejen que me siente en el umbral/ a ver pasar la última gente. Los pájaros/ están escondiendo la cabeza bajo el ala// Manden alguien a comprar pan/ no digo de aquí sino de mañana/ porque mi hambre última/ es de lo que aún no he visto".
En dos poemas alguien se siente como un árbol, en los dos hay pájaros. Pero uno es una pintoresca estampa, tan previsible como olvidable, dibujada por una vecinal y apacible contempladora de la naturaleza que, como el zorzalito, "bate grácil las alas" (¿se puede escribir así en el 2011?), mientras que el otro nos arroja un manotazo de verdad inclemente, una música negra indómita, una humanidad irrenunciable.
Aquí no se trata del Primer Premio Nacional de Poesía, sino del inmerecido agravio que recibe Jorge Leónidas Escudero, un anciano e insigne poeta sanjuanino. Que el Honorable Jurado, acompañado de su impresionante cortejo curricular de cátedras, premios, menciones, ediciones y demás equipajes, se haga cargo.




y una respuesta

MERECIDO PREMIO DE POESÍA
Por Jorge Monteleone
Para LA NACION, 6/9/11


En su artículo "Los últimos serán los primeros", publicado en esta misma página el viernes pasado (http://www.lanacion.com.ar/1402601-los-ultimos-seran-los-primeros), la escritora Ivonne Bordelois, cuya obra y carrera académica estimo, señala que el primer Premio Nacional de Poesía otorgado a Diana Bellessi constituye un "inmerecido agravio" al poeta Jorge Leónidas Escudero porque en el mismo concurso sólo obtuvo una mención. Como uno de los miembros del jurado, me hago cargo de la decisión, responsabilidad que al final de su nota la autora reclama.
Se presentaron 161 obras, de las cuales no menos de treinta eran notables, y muchas de ellas pertenecientes a autores insoslayables de la poesía argentina de varias generaciones. El reglamento permitía premiar sólo a seis libros, publicados entre 2007 y 2010. La elección, por eso, fue muy ardua y acaso ingrata. El criterio puede ser discutido, pero no sospechado de arbitrariedad. Se premiaba un libro y no una trayectoria: esa norma, igualmente discutible, formaba parte del reglamento previo que participantes y jurados aceptamos.
Así, entre los seis nominados, obtuvo el primer premio el libro de Diana Bellessi Tener lo que se tiene (2009, incluido entre las páginas 1087 y 1192 de la obra reunida bajo el mismo nombre, lo que pudo confundir) y obtuvo la primera mención el libro de Jorge Leónidas Escudero Aún ir a unir (2010). Los poemas que la Dra. Bordelois compara pertenecen a otros libros de esos autores: "Sudorosos en el porche", de Bellessi, se halla en su libro Mate cocido (2002), y "Ultima apuesta", de Escudero, está en su libro Senderear (2001). Es decir, no se encuentran en los libros premiados. La escueta comparación de Bordelois está lejos de definir las deslumbrantes obras respectivas de esos poetas. Asimismo, su artículo menoscaba el bien ganado prestigio de la poeta Diana Bellessi. El premio obtenido no "agravia" la extraordinaria trayectoria de un poeta como Escudero, a quien muchos lectores veneramos y al que la propia Bellessi considera uno de sus maestros. Escudero no recibió el Premio Nacional de Poesía entre los años 2000 y 2010 -la editorial Ediciones en Danza publicó ocho libros del poeta sanjuanino- por la sencilla razón de que la distinción dejó de ser otorgada durante esos años. Celebro que la Secretaría de Cultura de la Nación lo reinstaurara a partir de 2011. Me honró integrar un jurado que trabajó sin presión alguna, con total independencia de criterio, pluralismo y respetuosos disensos finalmente consensuados.
La argumentación sostenida por la Dra. Bordelois en su nota me parece insuficiente; su información, imprecisa, y su juicio crítico, limitado. Sí comparto su indeclinable admiración por la obra del gran poeta Jorge Leónidas Escudero, cuya lectura recomiendo enfáticamente a los lectores, como ella lo hizo. Pero también la de la gran poeta Diana Bellessi. Los libros premiados pueden hallarse en los gruesos volúmenes de la obra de Escudero (Poesía Completa, Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2011) y de la poesía reunida de Bellessi (Tener lo que se tiene, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2009). La rica poesía argentina, de todos modos, no necesita de voluntariosos jurados ni de críticos súbitamente justicieros.



Por Jorge Aulicino
© Diario Clarín, 8/09/011

Existe en la tradición anglosajona el Poeta Laureado. Se trata del oficialmente distinguido por el Estado y que de algún modo lo representa por cierto período. Exactamente por el período que dure la vida del poeta sobre la tierra. Con un regusto cortesano, en Inglaterra se espera del Poeta Laureado que componga piezas en honor a acontecimientos que honren a la Corona, y aun celebren cumpleaños y bautizos reales.

En "La muerte del canario del rey", un libro escrito en colaboración con J. Davenport, el poeta Dylan Thomas ridiculizó la institución creada por los Estuardo. La actual Poeta Laureada de Gran Bretaña es Carol Ann Duffy, no precisamente inclinada a gorjear cual canario, cabe decirlo.

Los Premios Nacionales argentinos, liberales como todos los de los países no monárquicos, tienen por fin el "estímulo" a autores de obras literarias y musicales, pero el Estado se engalana con la sola designación.

Su reciente entrega después de una inexplicada ruptura en su continuidad durante años (años en los que gobernó, en gran parte, el partido que gobierna actualmente), agitó los blogs de poesía, el género literario premiado esta vez.

Decepciona que un poeta considerado maestro, y redescubierto en las últimas décadas, como el sanjuanino Jorge Leónidas Escudero, haya recibido sólo una segunda mención. Y que apenas el tercero de los primeros premios haya sido para otro reconocido maestro, el santafesino Hugo Gola.

Los Premios Nacionales están destinados a los libros presentados a concurso por los autores en cada período, a través de jurados políticamente designados a dedo. De modo que no se juzga un cuerpo de obra sino libros eventuales, mejores o peores respecto de la media del autor.

Dado el carácter consagratorio que vox populi tienen los Premios, propongo una corrección del reglamento: que se premien obras enteras, y que las obras no deban ser presentadas por los autores, sino que el jurado trabaje cada vez sobre el conjunto de la obra de los autores vivos. Es decir, trabaje más.

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