martes

Charo Marquez(Argentina, 1987)

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de “Ganas de de salir” de Charo Márquez del libro “Gordx el que lee”. Editorial Brandon.
 

lunes

Teresa Parodi (Argnetina, 1947)

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PARA MILAGRO SALA



Pueden ponerle cerrojos
con saña oscura a tu cuerpo
pero no hay forma ni modo
de que se apague tu fuego.

Pueden atarte las manos
llenos de odio y de miedo
pero no hay forma ni modo
de que te corten el vuelo.

Pueden creer que te encierran,
que te encadenan al cepo
pero no hay forma ni modo
que te encarcelen los sueños

Sigue tan vivo el milagro
de tanto amor verdadero
que desespera el verdugo
porque no puede con eso

Desde las sombras, alumbras
y en lo brutal del encierro
tu voz derriba los muros
desafiando al silencio

No habrá manera ninguna
de amordazar estos versos,
ni de imponer el olvido,
ni de quitarte del medio

Así de simple, Milagro.

Así de simple y de cierto.

jueves

Elena Anníbali (Argentina, 1978).

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Madre


Mi madre, la Esquiva, la Lejana,

la perra blanca con sus tetas de leche,

con sus dulces venas azules agigantándose en la noche de la fiebre,

trepando las paredes para chupar mis sombras,

con su hermoso pico rosa, con todos sus brazos.

Mi madre tiene saudade de las ciudades que ha dejado atrás,

de donde le viene el cabello negro, suoi occhi de guerra.

Viene levantándose desde el poniente,

una Galatea de las esferas, que rueda sobre el mundo,

que lo impregna brevemente de sus perfumes,

y desde entonces, nada existe, sino su raza mezcla de bestia e inglés,

nada, sino sus cacerolas trashumantes, sus estropajos,

las vendas con nuestras sangres que guarda como sudarios.

¿Será ella, ese violento olor a almizcle que anuncia la mañana?

¿Dónde se anuncia su heredad en mi cuerpo?

Y a partir de la pregunta, aparecen las cicatrices, las alas,

la sal bajo la lengua, ese como a olor a humo y a calandria,

y todo el resto, todo, como una triste Barataria de sueños.


de  Las madres remotas

miércoles

Nora Mendez(El Salvador, 1969)

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Autoretrato 35

Me parezco a la bruja de Hansel
vivo con dos niños muy pequeños
con quienes me alimento de huesos y sobras
y la gente cree
que vivo en una casita de chocolate.



Mujer de Gloria Martín (Venezuela)

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MUJER
Mujer si te han crecido las ideas
de ti van a decir cosas muy feas
que, que no eres buena,  que si tal cosa 
que cuando callas te ves mucho más hermosa
Mujer, Espiga abierta entre pañales
cadena de eslabones ancestrales
ovario fuerte, dí, di lo que vales
la vida empieza donde todos son iguales
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Mujer si te han crecido las ideas
de ti van a decir cositas muy feas
cuando no quieras ser incubadora
diran. No sirven estas mujeres de ahora
Mujer, semilla fruto, flor camino
pensar es altamente femenino
hay, hay en tu pecho
dos, dos manantiales
fusiles flancos!, y no anuncios comerciales
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Angela Jean, o antes Manuela
mañana es tarde y el tiempo apremia
Te digo mañana es tarde
te digo que el tiempo apremia,
Te digo mujer que es tarde
Oye el tiempo apremia
Angela Jean

lunes

Adélia Prado (Brasil, 1935)

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Dolores

 

Hoy me dio tristeza,

sufrí tres tipos de miedo

acrecentado por un hecho irreversible:

Ya no soy joven.

Discutí política, feminismo,

la pertinencia de una reforma penal,

pero al final de todos estos asuntos

sacaba de mi bolsillo mi espejito

y llenaban los ojos de lágrimas:

Ya no soy joven.

Las ciencias no me dieron socorro,

ni tengo por definitivo consuelo,

el respeto de los muchachos más jóvenes.

Fui al Libro Sagrado

a busca perdón por mi carne soberbia

y allí estaba escrito:

“Fue por la fe que también Sara, a pesar de su avanzada edad,

llegó a ser capaz de tener descendencia…”.

Si alguien, insistí todavía,

me fijara en un cuadro, en un poema...

y fueran objetos de belleza mis músculos flácidos …

Pero no quiero.

Exijo la suerte común de las mujeres con sus baldes,

de las que jamás verán su nombre impreso, y no obstante

sostienen los pilares del mundo, porque incluso viudas dignas

no rehúsan casamiento, antes bien, creen que el sexo es agradable,

condición para la alegría normal de atar una cinta en el cabello

y barrer la casa por la mañana.

Una tal esperanza imploro a Dios.


********************


Chorinho dulce

Ya tuve y perdí
una casa,
un jardín,
un umbral,
una puerta,
un marco de ventana con un perfil.
Sabía una modinha y no la sé más.
Cuando la vida da descanso, vuelvo a querer
el umbral,
el portal,
el jardín
más la casa,
el marco de la ventana y aquella cara abandonada
Todo imposible, todo de otro dueño,
todo de tiempo y viento.
Entonces me da por llorar, horas y horas,
el corazón ablandado como un higo en almíbar.


viernes

Nika Turbiná (Yalta, URSS 1974 - Moscú, Rusia 2002)

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Arrúllenme, háganme dormir,
cúbranme con una manta
para que sienta calor,
engáñenme con una canción de cuna,
por la mañana regálenme sus sueños,
los dibujos donde el sol
es más azul que la madrugada,
pónganlos debajo de mi almohada
antes del amanecer,
pero no esperen, oigan, no esperen…
La infancia huyó de mí.


Qué difícil / se volvió escribir, / las palabras / golpean mi corazón / como un tambor. / ¿A quién decírselas? / Terminé presa / como un pájaro / y la jaula es muy cómoda, / agua y alimento / todo abunda. / Pero la llave de mi encierro / fue forjada siete veces. / Mi amo / suele ser bueno / y abre la puerta / por las noches / pero deja a un custodio, / la oscuridad, / detrás de la ventana sucia. 




de, La infancia huyó de mí, Editorial Llantén, 2018, traducción al castellano de Natalia Litvinova.

Nika Georgievna Turbiná (1974 – 2002) fue una poeta soviética nacida en Ucrania. Comenzó a escribir poesía a la edad de seis años y publicó su primer libro en 1984, con diez. Una grabación de ella recitando sus poemas vendió más de treinta mil copias en la entonces Unión Soviética.

miércoles

OLGA OROZCO

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¿Cómo le gustaría ser presentada?
Como Olga Orozco, nada más. Cuando hablan de “lírica” o de “maestra”, miro para otro lado, para ver a quién se dirigen.

¿Y si la llaman poetisa?
No, por favor, poetisa no. Yo fui la que introduje en la Argentina la denominación poeta para las mujeres. Ya cuando tenía dieciséis años me indignaba que dijeran poetisa; parece un género literario, indica la época en que las mujeres escribían por entretenimiento o por descarga psicológica, y se lo asocia a desmayos y puntillas. Poetisa no es una catalogación decente.

Siempre interesa el momento en que un escritor empezó a escribir, ¿lo recuerda?
Siempre digo que empecé a escribir cuando no sabía hacerlo todavía. Me inquietaban muchas cosas, era una niñita medrosa, bastante tímida, llena de preocupaciones por todos los fenómenos que me rodeaban y que nadie podía explicarme satisfactoriamente. Por ejemplo, me preocupaba si un pájaro desplegaba el cielo, ese tipo de cosas. Como no me daban respuestas convincentes, empecé a contestarme yo sola; ahí ya estaba cantada mi vocación. Mi madre anotaba algunas veces mis consideraciones acerca de esos fenómenos, mis diálogos con ella; pero cuando fui un poco mayor y empecé a tomar en serio lo que estaba diciendo y a escribir, me puse muy autocrítica, muy exigente, y ya no dije esas cosas en voz alta. A los quince años, mamá me dio un montón de papeles con las anotaciones de mi infancia; estaban mis diálogos y mis opiniones sobre todo lo que me rodeaba. Lamentablemente hice una pira con todo; ahora me gustaría tenerlos…

¿Y alguna vez encontró una respuesta un poco más satisfactoria?
No, todavía estoy buscándola.

¿Cuál es su primer recuerdo de la infancia?
Es un poco impresionante. Yo tendría dos años o dos años y medio. Es una corrida precipitada en brazos de alguien, por un campo amarillo… Corremos delante de una persona que es perseguida también; más atrás hay una mancha colorada… Una vez le conté esto a mi hermana mayor y me dijo lo que había pasado: “Te llevé al campo de gira­soles frente a la casa donde vivíamos; había un toro y nos corrió. Junto con el toro corría un chico con una gorra colorada que estaba en el mismo campo. Saltamos una alambrada y a mí se me rajó la blusa, me lastimé y me salió mucha sangre”. Me deben haber impresionado mucho el esfuerzo de mi hermana por llevarme cargada y el vaivén de la corrida.

Siguiendo este supuesto orden cronológico de la charla, ¿qué libros la impresionaron en su infancia?
De chica me daban libros infantiles, pero yo me ocupaba de sacar de la biblioteca otros. Así, a los once años leí a los rusos, a Dostoievski, a Tolstoi. Después quedé mucho más prendida a la poesía. Lo que más me tocó fue la poesía española: Quevedo, San Juan de la Cruz, Santa Teresa… Más tarde sumé a los franceses: Rimbaud, Baudelaire, Nerval… Siempre fui fiel a mis amores, no deseché ninguno, fueron acumulándose. No recuerdo haber elegido mala literatura.

¿Y su primer poema?
Creo que lo compuse a los doce o trece años, por lo menos el primero digno de ser tenido en cuenta. Se refería a un jardín en otoño, a una caída de pétalos… Era simplemente la escritura de una niña; recuerdo el clima, pero no el poema.

¿Qué la lleva a escribir, el dolor o la felicidad?
Yo estoy con ese dicho de los españoles: “Boca que besa no canta”. Cuando he escrito la felicidad, es que la felicidad pasó, salvo en los relatos de infancia. Pero más que por el dolor, creo que mi poesía está movida por un afán de conocimiento por vías que no son las del razonamiento; escribo por afán de saber, para poder mirar un poco hacia el otro lado de este mundo. Es algo que nunca va a poder conocerse, pero hay ciertas intuiciones, ciertas sensaciones a las que trato de llegar a fondo.

En su obra hay una gran riqueza de imágenes, de elementos sensoriales y del subconsciente.
Sí, además hay muchas imágenes visuales. Me impresiona mucho la pintura; creo que si no hubiera sido poeta, habría sido pintora. Le envidio a la pintura la posibilidad de la simultaneidad; en la poesía, una visión es transcurso. La pintura pude esbozar tres cosas al mismo tiempo.

¿A quiénes admira en pintura?
Klee, Van Gogh, Goya, Velázquez, Rembrandt, el Bosco, Brueghel…

¿Conoció a Xul Solar?
Fuimos muy amigos. Mi primer horóscopo me lo hizo él. Los dos fuimos amigos de Oliverio Girondo, pasábamos días en la quinta de Oliverio en el Tigre… Madrugábamos y salíamos a recorrer el parque… Sabía muchísimo de la naturaleza; caminábamos con una lupa y me enseñaba sobre las plantas, los bichos, los insectos… Xul me hablaba en panlengua y neocriollo, dos lenguas que había inventado. Era un ser muy especial, tenía algo angélico y demoníaco a la vez.

¿Recuerda qué le decía el horóscopo de Xul Solar?
Me anunció mi matrimonio, un matrimonio impensable en ese momento. También me dijo cuánto tiempo iba a durar y cómo se iba a deshacer. Yo creo que más que astrólogo era vidente. Años después estudié astrología y me di cuenta de que, por las cosas que me predijo, era un vidente.

Usted también tuvo videncias…
Sí, pero les escapo un poco. En una época, les tiraba el tarot a los amigos, pero nunca lo hice comercialmente. Hace muchos años que lo dejé; tuve un sueño malo y pensé que la videncia daba una cierta omnipotencia ilusoria que había que desechar. La magia y sus alrededores suscitan fuerzas que pueden ser oscuras.

También conoció a Julio Cortázar…
Éramos muy jóvenes los dos. Lo conocí por un amigo, Daniel Devoto, cuando estábamos en la facultad. Fuimos a tomar el té al Richmond y Julio se sentó con nosotros a conversar. Después lo seguí viendo muchas veces, cada vez que yo iba a París o cuando él venía a Buenos Aires. Era muy extraño, bastante tímido, dulce, tierno, muy buen amigo, afectuoso… Una persona llena de encanto. Siempre recuerdo su poesía sobre Alejandra Pizarnik; de todos los poemas que escribió, ése es el que más me gusta. Deben ser ocho o diez líneas, es muy fresco.

¿Qué puede decirnos de Alejandra Pizarnik?
La conocí mucho. Yo tendría treinta y cuatro años, y ella, diecisiete o dieciocho. La conocí en un bar que se llamaba La Fantasma; se acercó y me preguntó si yo era yo. Me dio unos poemas que tenía, que correspondían al primer libro que publicó después. Ese libro lo hizo desaparecer porque no quedó conforme, se lo pidió a todas las personas a las que se lo había dado. Alejandra era muy especial; en una reunión trataba de ser el centro, brillante, con­versadora, alegre, pero cuando se quedaba con las personas con las que tenía mucha confianza, se desmoronaba. Era sumamente angustiada, agónica casi por naturaleza. A mí me pedía certificados; cuando se sentía muy mal, me llamaba por teléfono a cualquier hora. Entonces, yo le daba certificados que decían, por ejemplo: “Yo, gran Sibila del Reino, certifico que a Alejandra Pizarnik no se le cruzará ninguna mala sombra, ningún pájaro negro se posará sobre su hombro, a su paso se abrirán todos los caminos luminosos, etc.”. Le duraban unos días, después me decía: “Bueno, ya se me gastó, haceme otro”.

La búsqueda de la poesía no podía calmar su angustia.
No, claro, porque ella lo esperaba todo de la palabra y muy poco de la vida en sí. Uno no puede construirse una casa permanente con la palabra, uno necesita muchas otras cosas.

¿Desde dónde se escribe, desde la conciencia o desde el subconsciente?
Bueno, no está demasiado claro, hay una especie de alternancia. Cuando empiezo a escribir siento que algo llama de pronto, como si llamara alguien a mi puerta a través de una frase, de una música, de un recuerdo, de una imagen visual. En ese momento siento que tengo el comienzo, y eso ya toma forma en la palabra. Es como si hubiera abierto una puerta… al final de una especie de corredor veo otra puerta, y esa puerta es la que va a ser la del poema. Entonces sé cómo cierra y cómo abre; el camino que tengo que recorrer es totalmente ignorado, va alternándose; hay elementos subconscientes, pero siempre reviso. Se ha dicho que soy surrealista, pero no lo soy sino como una actitud ante la vida, por la canalización de elementos oníricos o la creencia en otras realidades que no son solamente el aquí y ahora, y la exaltación de valores como la justicia, el amor, la libertad. Pero nunca hice automatismo como los surrealistas; si lo hiciera, no terminaría en poema sino en plegaria.

¿Se identifica con la frase “la literatura es la vida misma”?
Creo que están indisolublemente unidas, como están indisolublemente unidas también a la muerte. Creo que mi manera de luchar contra la muerte es la literatura. Claro que no la hago retroceder, pero uno supone que le hace trampa alternando los tiempos, haciendo ese tipo de cosas que yo hago a veces; pero un día nos va a alcanzar…

¿Cree en Dios?
Soy muy religiosa. También creo en la reencarnación, hago mezclas, tengo un exceso de fe.

¿Y el destino?
El destino no es una cosa predeterminada, única, sino algo en forma de abanico; se te presentan dos caminos, por ejemplo, elegís uno y ése se va abriendo en otro y en otro… Permanentemente se repite esto, pero el destino que no elegiste a veces tiene tanta importancia como el que elegiste.


Este entrevista fue realizada por Soledad Costantini (directora de Malba Literatura) y Mariana Bozetti, y publicada originalmente en el libro Literatura en Malba. Encuentros con escritores. Buenos Aires: Fundación Eduardo F. Costantini, 2004. La reproducimos aquí con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Olga Orozco. 

martes

Olga Orozco

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La cartomancia


Oye ladrar los perros que indagan el linaje de las sombras,
óyelos desgarrar la tela del presagio.
Escucha. Alguien avanza
y las maderas crujen debajo de tus pies como si huyeras sin cesar y sin cesar llegaras.
Tú sellaste las puertas con tu nombre inscripto en las cenizas de ayer y de mañana.
Pero alguien ha llegado.
Y otros rostros te soplan el rostro en los espejos
donde ya no eres más que una bujía desgarrada,
una luna invadida debajo de las aguas por triunfos y combates,
por helechos.

Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que puede venir.
Siete respuestas tienes para siete preguntas.
Lo atestigua tu carta que es el signo del Mundo:
a tu derecha el Ángel,
a tu izquierda el Demonio.

¿Quién llama?, ¿pero quién llama desde tunacimiento hasta tu muerte
con una llave rota, con un anillo que hace años fue enterrado?
¿Quiénes planean sobre sus propios pasos como una bandadade aves?
Las Estrellas anuncian el cielo del enigma.
Mas lo que quieres ver no puede ser mirado cara a cara
porque su luz es de otro reino.
Y aún no es hora. Y habrá tiempo.

Vale más descifrar el nombre de quien entra.
Su carta es la del Loco, con su paciente red de cazar mariposas.
Es el huésped de siempre.
Es el alucinado Emperador del mundo que te habita.
No preguntes quién es. Tú lo conoces
porque tú lo has buscado bajo todas las piedras y en todos los abismos.
y habéis velado juntos el puro advenimiento del milagro:
un poema en que todo fuera ese todo y tú
algo más que ese todo.
Pero nada ha llegado.
Nada que fuera más que estos mismos estériles vocablos.

Veamos quién se sienta.
La que está envuelta en lienzos y grazna mientras hila deshilando tu sábana
tiene por corazón la mariposa negra.
Pero tu vida es larga y su acorde se quebrará muy lejos.
Lo leo en las arenas de la Luna donde está escrito el viaje,
donde está dibujada la casa en que te hundes como una estría pálida
en la noche tejida con grandes telarañas por tu Muerte hilandera.
Mas cuídate del agua, del amor y del fuego.

Cuídate del amor que es quien se queda.
Para hoy, para mañana, para después de mañana.
Cuídate porque brilla con un brillo de lágrimas y espadas.
Su gloria es la del Sol, tanto como sus furias y su orgullo.
Pero jamás conocerás la paz,
porque tu Fuerza es fuerza de tormentas y la Templanza llora de cara contra el muro.
No dormirás del lado de la dicha,
porque en todos tus pasos hay un borde de luto que presagia el crimen oel adiós,
y el Ahorcado me anuncia la pavorosa noche que te fue destinada.

¿Quieres saber quién te ama?
El que sale a mi encuentro viene desde tu propio corazón.
Brillan sobre su rostro las máscaras de arcilla y corre bajo su piel la palidez de todo solitario.
Vino para vivir en una sola vida un cortejo de vidas y de muertes.
Vino para aprender los caballos, los árboles, las piedras,
y se quedó llorando sobre cada vergüenza.
Tú levantaste el muro que lo ampara, pero fue sin querer la Torre que lo encierra:
una prisión de seda donde el amor hace sonar sus llaves de insobornable carcelero.
En tanto el carro aguarda la señal de partir:
la aparición del día vestido de Ermitaño.
Pero no es tiempo aún de convertir la sangre en piedra de memoria.
Aún estáis tendidos en la constelación de los Amantes,
ese río de fuego que pasa devorando la cintura del tiempo que os devora,
y me atrevo a decir que ambos pertenecéis a una raza de náufragos que se hunden sin salvación y sin consuelo.

Cúbrete ahora con la coraza del poder o del perdón, comosi no temieras,
porque voy a mostrarte quién te odia.
¿No escuchas ya batir su corazón como un alasombría?
¿No la miras conmigo llegar con un puñal de escarcha a tucostado?
Ella, la Emperatriz de tus moradas rotas,
la que funde tu imagen en la cera para los sacrificios,
la que sepulta la torcaza en tinieblas para entenebrecer el aire de tu casa,
la que traba tus pasos con ramas de árbol muerto, con uñas en menguante, con palabras.
No fue siempre la misma, pero quienquiera que sea es ella misma,
pues su poder no es otro que el ser otra que tú.
Tal es su sortilegio.
Y aunque el Cubiletero haga rodar los dados sobre la mesa del destino,
y tu enemiga anude por tres veces tu nombre en el cáñamo adverso,
hay por lo menos cinco que sabemos que la partida es vana,
que su triunfo no es triunfo
sino tan sólo un cetro de infortunio que le confiere el Rey deshabitado,
un osario de sueños donde vaga el fantasma del amor que no muere.

Vas a quedarte a oscuras, vas a quedarte a solas.
Vas a quedarte en la intemperie de tu pecho para que hiera quien te mata.
No invoques la Justicia. En su trono desierto se asiló la serpiente.
No trates de encontrar tu talismán de huesos de pescado,
porque es mucha la noche y muchos tus verdugos.
Su púrpura ha enturbiado tus umbrales desde el amanecer
y han marcado en tu puerta los tres signos aciagos
con espadas, con oros y con bastos.
Dentro de un círculo de espadas te encerró la crueldad.
Con dos discos de oro te aniquiló el engaño de párpados de escamas.
La violencia trazó con su vara de bastos un relámpagoazul en tu garganta.
Y entre todos tendieron para ti la estera de las ascuas.
He aquí que los Reyes han llegado.
Vienen para cumplir la profecía.
Vienen para habitar las tres sombras de muerte que escoltarán tu muerte
hasta que cese de girar la Rueda del Destino.

sábado

Etnaris Rivera(Puerto Rico, 1949)

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El Sol pasa por su Puerta de Tiawanaku


20060124233107-pachamama.jpg

Hoy es una de esas mañanas brujas, sacerdotisas de la buena estrella,
en que Wiracocha vuelve a favorecerme.
Vuelven a adoptarme en esta mañana, esta vez el Illimani,
con su poder más alto vestido de nieves.
Tayta Illimani, ese secreto del frío el de tu corazón.
He de subir hasta el harto centro del monte.

Allí también se esconde mi Madre.
Es mi canto al fondo profundo de la Tierra
que me dio nombre de viajera,
ala solar la del tiempo que me acuna,
la noche en su ala lunar me trajo hasta ella.
Caminos de cautiverio habla su cara
como la extensión sagrada de la Tierra.

Y de sus ojos, pájaros blancos vuelan hasta ti, Illimani,
regresan a su centro.
Acaso porque tus nieves son comunas de aves blancas
que se dispersan a entre ratos en los ojos de las niñas tristes a entre ratos,
de las mujeres guerreras de la paz que  van formando el cuerpo del viento.

Oh, secreto, Tayta monte, el misterio es aquel río que descifran los Amautas,
el río místico que abraza los montes que se  yerguen
en los pechos de las mujeres bravas.
La noche me trajo a ti y mis peces te reconocieron.
Es el canto del charango y el lamento milenario de la kena y el viento.
Es como decir aymara y el Sol  pasa por su Puerta de Tiawanaku,
y entramos a la otra dimensión, como dice el indio.

Es como decir Bolivia, es como decir amada,
como decir Andes magnéticos que me alimentan,
como decir Tayta Illimani y las estrellas me favorecen
en este día de la wara wara buena.
Es como decir Pachamama donde quedan diseminadas moléculas de espíritu,
es como decir tierra que vibra por liberarse,
raíz de los dioses, de los Señores de la Tierra, raíz de la nueva raza.
El arcoiris, el sagrado Kuichi, será nuestra bandera.


de Canto de la Pachamama(1976)
 
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