viernes

Cada vez que pienso en vos...

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Fabiana Cantilo

Por qué...
Por qué se van
los que se van
sin avisar
si pueden vuelven
después de tanto
tanto viajar
todos ellos están aquí
respirando cerca de mí
y me dicen como seguir
Y siempre están
cuando los llamo
y yo estaré
cuando me llamen a mí
yo te olvidé esa mañana
seguro que
ellos tuvieron que ver
Nacer, brillar, saber
que soy hija del mar
viejos troncos saben gemir
viejas almas saben latir
salen a la noche a bailar
se esconden con la luna nueva...
Y siempre están
cuando los llamo
y yo estaré
cuando me llamen a mí
yo te olvidé una mañana
seguro que
ellos tuvieron que ver
y siempre están
cuando los llamo
y yo estaré
cuando me llamen a mí
yo te olvide esa mañana
seguro que
ellos tuvieron que ver...


No entregues tu corazón

No entregues tu corazón
tan facilmente
no entregues tu corazón
ya es suficiente
en sus ojos vi su alma que gritó
no cuentes a los demás
toda tu vida
no siempre voy a cuidar
este camino
eso es solo tuyo
que le voy a hacer
eso es tan valioso como florecer
algún día
Estrella de sal
yo quiero saber
adonde tu luz
me puede llevar
No entregues tu corazón
inútilmente
no existe ningún dolor
que esté para siempre
no debemos hacer planes del amor
de la vida
en sus ojos vi su alma que gritó
Estrella de sal
yo quiero saber
adonde tu luz
me puede llevar
estrella sin par
camino el en mar
planeta fugaz
destino es andar
no entregues tu corazón.

Ecos de la crisis

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SUSANA VILLALBA, Buenos Aires, 1956.

En La gasolinera
(20 de diciembre de 2001)
No era en la pantalla, era en la esquina, en la puerta, tampoco era una guerra, el huracán ahora sí arrancando una raíz. Que no salía, no hay, no estuvo nunca. El hongo vuelve a crecer en poco tiempo, la falta de pasión que cada uno siente por sí mismo, ningún nombre, lugar, tarea en que mirarse. Ni la tormenta continúa. Una ráfaga, disparos, truenos, cascos de caballos. Y una larga noche en que los fuegos se apagan despacio hasta la nada que crece otra vez. Como si nada. Crece como una pátina grasosa en el día, en los amigos, en un libro, en el cuerpo, en el café. Todo se opaca, todo cansa como el trabajo en lo que se echa a perder a cada paso. Nada cambia en lo que nunca es igual pero pasa, algo, siempre. Estaba ahí.

Estalla y se consume en encenderse, como el fuego. Después lo ves en la pantalla, en soledad otra vez cada uno se ve como un actor que fue de programar lo que no era, tan directamente en vivo que no llegó a escribir lo que será. Se cubrió la ciudad de escombros, de cenizas. Y el moho de la historia repetida.

Una limpieza de año nuevo, de muebles, tirar la agenda, los papeles, cañitas voladoras, jirones de guirnaldas que deja la tormenta. Que salgan los fantasmas, con velas, con puñados de sal en los rincones, con farolitos chinos y luces de bengala, cantos para alejarlos. Y otros fantasmas esperaban detrás de los roperos. Y otros. Siempre. Ni padre ni madre ni verguenza ni música ni hambre ni comida, ya, nada más que que una piedra estallando contra un vidrio. Cada uno una piedra, es decir, ni siquiera triste.

Relámpago de furia y se es también la astilla de vidrio que alguien barre en la mañana, fragmento de la historia sin embargo, una luz en soledad acompañada. La piedra rompe el propio corazón donde otro corazón crece mañana, en pánico aunque habiéndose mirado por fin como alguien que se quiebra. Haberse visto en algo que sucede por su mano. Y espantado ya no recuerda qué desea. Un televisor. Ahora lo ves en la pantalla, pierde la vuelta y ya las sombras ganan antes de terminar el día.

Y si mañana no amanece, si mañana no separa las aguas de la arena, si llueve hasta que nadie nunca más respire más que agua. Como un pez detrás de la ventana girando en el propio olor siempre de sí, de la casa de sí, si es que no pasa a ser un no, una nunca, nada. Todos apostados cada uno en su puerta como si otro, cualquiera pudiera arrasar esa cajita musical donde juntaste un poco de tu nombre, es decir tus camisas, tus ollas, las fotos de cada navidad. Y antes que el día de año nuevo comenzara estabas siempre comenzando otra vez. Y otra vez a deambular en busca de un lugar donde dormir por una vez hasta mañana, como si cada noche no fuera un barco que se mueve demasiado porque no sabe a dónde va.

Las luces se prenden y se apagan, se prenden y se apagan en ventanas, dinteles, balcones. Al día siguiente un sol espléndido llama hacia su espejo imposible de mirar, esa soberbia festival mientras se hunde en el ocaso te anuncia que sólo tu mirada lo pierde sin que pierda realmente su lugar. Te vas moviendo hacia el oeste, iluminás la noche para fijarla en forma de ventana, es decir lo que en el mundo hace a tu cuerpo ahí, de la vereda para acá. Acá tu radio, tu lámpara encendida, cada cosa siempre en su lugar, o sea vos.

No es sólo tu infancia sino el mundo, tu mundo, tu barrio antiguamente mirando levantarse esos ladrillos señoriales, una cúpula, un cóndor planeando en una noche que después cayó sobre nosotros. Si nunca había nacido. Las marcas de la infancia, un auto Unión y al doblar el murallón de Canale se llegaba siempre a casa.

No se sabe qué se mueve, si afuera o adentro, no lográs quedarte en algún sitio. Una cubierta anuncia esta parada, Firestone, gomas quemadas, piedras. Este café bajo el cruce de todos los ramales de autopista, en el ojo centrífugo, en esa confluencia de diez puentes con una perfección de giros y niveles y luces que hacen de la ciudad un transatlántico, un árbol de navidad. Miles de luces blancas, rojas, en carriles que imaginan salir hacia algo más que la salida. Exit. Fast food dice un anuncio que se prende y apaga. El río está en alguna parte, se siente en las flores de aromo que llegaron con la lluvia. Una pista parece cortar en dos la catedral y el cartel de Dunlop. El olor de la nafta, de los tambores de gasoil que usó la barricada.

Pedís un café como quien pide que el mundo vuelva a dibujarse, tibio, familiar. El minimarket ofrece peluches, relojes, shampoo, pegamento, internet. Pedís un amuleto, pedís cigarrillos, pedís que el corazón encuentre una cara, una revista, cualquier cosa que parezca aunque falsa intimidad entre algo y algo de vos, mirás en el vidrio estallado, astillado pero ahí, sin caer. Algo blindado entre las mesas, la gente, los autos, todo se mueve y no, como una pista de baile con luz negra, todo enciende y apaga como el nombre del café, como en el vidrio un interior que parece estar afuera, alrededor sólo se ve adentro reflejado. Sentís que el único lugar es este tiempo.

Mañana se verá. De cualquier modo la gente se levanta, se recupera en la playa de estacionamiento, la noche de tomar el cielo por asalto. Estaba lejos. Estaba solo. Estaba vacío. Había que pintarle un sol, una casita. Papá, mámá, no es que no me acuerdo, es que me siento siempre ante un papel en blanco. Escribo que no sé si lo que veo es lo que desde afuera no se ve.

Los buitres ya planeaban sobre basura quemada en cada esquina. Pero eso fue anoche. Mañana, ahora, lo ves en la pantalla. Todo lugar tiene su sombra y no sabés dónde ponerte. Siempre dudás si lo que ven los otros es y no te conocés porque te ven sino porque mirás a todos lados desde ninguna parte del dibujo. En explulsar hay algo de parir, partirse un padre al que reclaman que no prestó atención. Pero la ausencia es una acción, nunca los tuvo. Nadie. Ya no se sabe quién ya no se ocupa del mundo, quién los deja una vez más. Y se abandonan. Otra vez.

En el puente peatonal un enorme Scalextric te pasa por encima, por debajo, los autos giran a la altura de tus ojos, carros hidrantes, ambulancias, una multitud ahora dispersa camina hacia el río por la avenida más ancha y más triste del mundo. En un guardrail una pintada pide un dios a imagen y semejanza de estos días.

del libro Plegarias,
edit Bajo la luna, 2004.

Postales de la historia argentina:Irene Gruss , Liliana Lukin, Diana Bellesi, Andy Nachon

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Irene Gruss,Argentina-1950



Mientras tanto


Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.


Liliana Lukin, Argentina-1951


Proceso


hay aquí un silencio oscuro
que nada tiene que ver con el silencio
aquí un silencio grueso
de bordes evidentes y sonoros
un silencio
como mirar al asesino en los ojos
mientras se recuerdan los ojos del asesinado
una quietud
que nada tiene que ver con el movimiento
ni con el deslizarse de las cosas
sobre la superficie de la necesidad
una tristeza hay
que nada tiene que ver con las grandes pasiones
hay un silencio aquí que nada
tiene que ver con las palabras
haciendo barro en los cuerpos
esa triste música.

Diana Bellesi, Argentina-1946.


"...If not I, if not you?"
Muriel Rukeyser

Hace tanto ya dijiste
quién hablará de estos años
sino yo, sino vos,supe
recién ahora el sentido
bien hondo de aquellos versos
y diría que no sé
qué hacer con ello aunque siento
urgencia tal y sentimiento
como vos ponía, amiga
y admirada mía, allá
por los setenta. Si tomo
nota me anunciaron la otra
noche y quise decir sí,
la cicuta por entero
tan amarga que no sé
si puedo orilar el verso
No obstante allá lejos alguien
dijo: hacen tanto escándalo
por ser blancos descendientes
de europeos, de mi país
ni te cuento, ni hablarían...
¡que se arreglen esos negros!;
capaz que sí, cabecitas
fuimos pero bailó el mono
contento en la jaula de oro
por un momento, racistas
y latinos, he aquí
los argentinos, ¿mamita
merecemos tanto digo?
Bien uncido el buey al yugo
mira esa fragancia apenas
derramándose,blancura
de reojo el copo de ámbar
florecido en el pantano
y tomar nota no me dejo
como si fuera pecado
hoy dejarse arrebatar
de belleza y no de pena
Pero la negrada enseña,
Muriel querida, primero
el vino, la borrachera
no está demás ni en Mozart
hijo mío digo aunque ay,
este duelar es tan nuevo,
como moscas día a día
el trabajo cae y los niños
de hambre en la patria mía
no cejan de gritarme ahí
en la oreja que no sé
si yo o quién hablará
de estos años, si hay acaso
verso que contenga. No,
ahora somos todos negros


Andi Nachon- Argentina, 1970



Madrugada en la avenida


Un chico, no más


seis o siete años
repite perfecto aquel
ademán del malabar con botellas
vacías
de agua mineral. Niño


en medio de la calle
día
insinuado en la frontera de esa
nuestra avenida más
ancha para el mundo. Alza las villa
vicencio contra el cielo, hace el gesto


vacío de atajar.

sábado

Susana Baca: la voz y la vida.

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Susana Baca :"lamento negro" Poema en papel japón
(fragmento de un Poema de Carlos Oquendo de Amat

trabajo realizado con el poeta Omar Aramayo y con
música de Susana Baca)


Para tí
tengo impresa una sonrisa
en papel japón
mírame
que haces crecer
la yerba de los prados
mujer
mapa de música
claro de río
fiesta de fruta.

Déjame que bese tu voz
que canta
en todas las ramas
de la mañana




Golpe e' tierra
Hablan los negros
(Recopilación de Luis Roca de un canto de Juan Leiva/Zaña -
Recreado por Susana Baca y Félix Vílchez )

Hablan los negros del Combo
contestan los de Tumán
a landurun durun durundá

Los de Salamanca dicen
los de Lambayeque dicen
en Zaña cómo estarán
a landurun durun durundá.

De’onde vienes vienes
de’onde vienes ora
y vengo de la laguna
ay, de segar totora
de segar ahora,
de segar totora,
de segar ahora...

Susana Baca de la Colina es una cantante, compositora y estudiosa de los ritmos de ascendencia "afro" en Perú. Es responsable, junto a su esposo y representante Ricardo Pereira, de la recuperación de armonías y ritmos casi olvidados de la música afro-peruana.
Procedente de una familia muy humilde, ella vivió su infancia en el distrito limeño de Chorrillos, lugar de dónde guarda los mejores recuerdos según ella misma indica en diversas entrevistas. Estudió Educación en su país natal. Hoy recorre el mundo y es galardonada internacionalmente.
Entre los premios más destacados está el Premio Grammy obtenido en el 2002 por su albúm de música afroperuana Lamento Negro en la categoría de Best Folk Album. Este disco fue grabado originalmente en 1986, para ser luego reeditado en el sello Luaka Bop del cantante escocés David Byrne cuando la escucha y queda fascinado con su voz y presencia escénica. Las letras de algunas canciones se basan en poemas de Pablo Neruda y César Vallejo.



Discografía
Con el sello Luaka Bop ha editado los siguientes discos:
*Espíritu Vivo (1986/ redit.1998)

*Susana Baca(1999)
*Vestida de Blanco(2000)
*Eco de Sombras (2000)
*Lamento Negro (2001)
*Travesía (2006)

viernes

Alfonsina Storni en tres poemas

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Un lápiz

Por diez centavos lo compré en la esquina
y vendiómelo un ángel desgarbado;
cuando a sacarle punta lo ponía
lo vi como un cañón pequeño y fuerte.
Saltó la mina que estallaba ideas
y otra vez despuntólo el ángel triste.
Salí con él y un rostro de alto bronce
lo arrió de mi memoria.Distraída

lo eché en el bolso entre pañuelos, cartas,
resecas flores, tubos colorantes,
billetes, papeletas y turrones.

Iba hacia no sé dónde y con violencia
me alzó cualquier vehículo, y golpeando
iba mi bolso con su bomba adentro.



Bien Pudiera Ser


Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.
Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer .
..Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna ... Ah, bien pudiera ser ...
A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.
Y todo eso mordiente, vencido, mutilado
Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo.


¿Qué diría la gente?

¿Qué diría la gente, recortada y vacía
si en un día por ultrafantasía,
me tiñera el cabello de plateado y violeta,
usara pleplo griego, cambiara la peineta
por cintillo de flores: miosotis o jazmines,
cantara por las calles al compás de violines,
o dijera mis versos recorriendo las plazas
libertando mi gusto de vulgares mordazas?

¿Irían a mirarme cubriendo las aceras?
¿Me quemarían como quemaron hechiceras?
¿Campanas tocarían para llamar a misa?

En verdad que pensarlo me da un poco de risa.





Alfonsina Storni
Para escuchar la voz de A.S





Olga Orozco por Myriam Moscona

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Y yo sin abuela


"Mi abuela fue de una gran influencia en mi vida. Fue la persona mágica de mi infancia. Hasta mis veintiocho años solía decirme un cuento todos los días, siempre, sin repetirse nunca. Cuentos que nunca he hallado en los libros, a excepción de Un ojo, dos ojos, tres ojos, de los hermanos Grimm. No sé si los demás eran fusiones de varios cuentos, inventos o inspiraciones. Era un ser excepcional. Me preparaba distintas tisanas para cada descompostura. De niña yo solía treparme a los árboles a comer fruta verde que frecuentemente me enfermaba. Entonces ella elegía un número determinado de yerbas que me ayudaban a sanar zonas específicas del cuerpo. Sólo me daban resultado si ella las preparaba. Recuerdo, y eso ya es otra historia, que en los años veinte, cuando yo era muy pequeña, se había puesto de moda Tutankamón por el descubrimiento de su tumba. Chanel imprimía esa imagen en sus telas y pañuelos. El pueblo donde nací solía estar bastante desolado a la una de la mañana. Se apagaban las luces y había que recurrir a las velas. A mí me encantaba mirar el pañuelo a trasluz cerca de la flama. Una noche el pañuelo se me quemó y la abuela vino a mi rescate sabiendo que mi madre se iba a enfurecer conmigo. ``No se aflija, mi niña, esto tiene remedio: lo vamos a plegar en todas sus partes y todos los días a las siete de la tarde vamos a rezar una plegaria que yo le voy a enseñar y en veinte días el pañuelo va a estar reconstruido.'' No le dijimos nada a mi mamá. Rezamos fervorosamente y a los veinte días, al abrir el cofre, el pañuelo estaba intacto. Claro que yo nunca quise pensar que ella había encargado otro igual... "


Fragmento de entrevista a Olga Orozco realizada por Myriam Moscona

Olga Orozco
La Puerta que no abriste
por Myriam Moscona

Los temas de Olga Orozco tocan lo inescrutable: el tiempo, el destino, la ausencia, la pérdida del reino, la palabra o el amor como paraíso recobrado. La muerte, que le aterraba, está presente también a lo largo de su obra. Ubicada en la generación argentina del cuarenta, conocida también como neorromántica, en la que también figura Enrique Molina, la poesía de Olga Orozco comparte con ésta las preocupaciones de su tiempo y su lugar, pero parece coincidir más con la mirada y la búsqueda del Rilke en Las elegías del Duino o con la voz inconfundible de Luis Cernuda. Olga Orozco murió en Buenos Aires el domingo 15 de agosto a los 79 años, y penetró en una de las formas de "la dolorosa claridad'' que tantas veces buscó revelar en sus poemas.

Más que hablar de una memoria específica me gustaría que hablásemos del fenómeno en sí, tan encarnado en su contrario: el olvido. Ambas corrientes entran de la mano en el momento de la escritura.

-La memoria y la tergiversación del tiempo me han servido mucho para hacer retroceder la muerte y la aspereza de la realidad. Soy una memoriosa y creo haber olvidado pocas cosas importantes. La memoria corre paralela a todos los hechos de mi vida. Ha crecido apenas retocada, pero ha influido en mi poesía tanto como el tiempo. Cioran dice que una de las principales aventuras del hombre es la de tergiversar el tiempo, violentarlo. Eso lo he conseguido hacer en todas direcciones. Como Eliot, he hecho que el futuro influya en el pasado y que cada tiempo incida en los otros a su manera.

-De alguna manera, su vida comienza con un azar. Su padre, italiano, fue de paseo a la Argentina, conoció a su madre y allí se quedó. En ese acto comienzan los trazos de su destino. Las palabras azar y destino se repiten continuamente en su poesía como dos grandes preguntas.

-Son palabras que llevo siempre conmigo como herencia de ese encuentro. Mi poesía las alude repetidamente. Orozco es el apellido de mi madre, el de mi padre es Gugliota. Mi padre había llegado de Europa y dejaba el Mediterráneo a sus espaldas. Mi madre salió a su encuentro en una volanta que venía desde San Luis. Yo tengo una piedra de cada uno de esos lugares y les siento una vibración particular. A menudo escribo alternadamente con una u otra piedra. Creo que en nuestras vidas el azar es permanente y que el destino se nos abre en forma de abanico porque vale tanto en la vida lo que uno hizo como lo que dejó de hacer.

-Eso está presente en su poema "Detrás de aquella puerta'': "En algún lugar del gran muro está la puerta,/ aquella que no abriste/ y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino(...)''

-A veces pienso que si uno abriera las puertas que no abrió, tal vez detrás veríamos todas las que permanecieron cerradas.

-Su abuela era de origen celta. ¿Cómo percibe la influencia de su carácter en usted y en su elección por la poesía?

-Mi abuela fue de una gran influencia en mi vida. Fue la persona mágica de mi infancia. Hasta mis veintiocho años solía decirme un cuento todos los días, siempre, sin repetirse nunca. Cuentos que nunca he hallado en los libros, a excepción de Un ojo, dos ojos, tres ojos, de los hermanos Grimm. No sé si los demás eran fusiones de varios cuentos, inventos o inspiraciones. Era un ser excepcional. Me preparaba distintas tisanas para cada descompostura. De niña yo solía treparme a los árboles a comer fruta verde que frecuentemente me enfermaba. Entonces ella elegía un número determinado de yerbas que me ayudaban a sanar zonas específicas del cuerpo. Sólo me daban resultado si ella las preparaba. Recuerdo, y eso ya es otra historia, que en los años veinte, cuando yo era muy pequeña, se había puesto de moda Tutankamón por el descubrimiento de su tumba. Chanel imprimía esa imagen en sus telas y pañuelos. El pueblo donde nací solía estar bastante desolado a la una de la mañana. Se apagaban las luces y había que recurrir a las velas. A mí me encantaba mirar el pañuelo a trasluz cerca de la flama. Una noche el pañuelo se me quemó y la abuela vino a mi rescate sabiendo que mi madre se iba a enfurecer conmigo. ``No se aflija, mi niña, esto tiene remedio: lo vamos a plegar en todas sus partes y todos los días a las siete de la tarde vamos a rezar una plegaria que yo le voy a enseñar y en veinte días el pañuelo va a estar reconstruido.'' No le dijimos nada a mi mamá. Rezamos fervorosamente y a los veinte días, al abrir el cofre, el pañuelo estaba intacto. Claro que yo nunca quise pensar que ella había encargado otro igual...

-A los ocho años conoce usted el mar cuando se traslada de La Pampa a Bahía Blanca. ¿Cómo fue ese encuentro?

-Primero fue monstruoso. Yo soy pisceana y allí estaba mi propio signo que empezó a hechizarme; comencé a acostumbrarme al mar y a venerarlo con esas olas que se repetían. Pensaba que tal vez esa ola es la que vio Homero, aquella otra la que vio Virgilio y la de más allá, que va tan trágica, la que ahogó a mi amiguito Agustín. Era una forma de reconocimiento porque en mi fantasía cada ola era la representación de alguien que iba poblando al mundo a través de ese incesante movimiento.



Olga Orozco y la poesía

-Era usted adolescente cuando ya asistía a reuniones literarias con escritores que eran mucho más grandes. ¿Cómo eran esas tertulias y qué propósito tenían?

-Desde los quince años asistí a esas reuniones literarias en Buenos Aires. Nos reuníamos para tramar una revista y, sobre todo, para acostar la noche. Nos disolvíamos al alba y permanentemente hablábamos de poesía y poética de manera muy sabia y especialmente muy errada, poniéndole el san Benito a grandes escritores, como a Lugones, cosaÊde la que nos fuimos arrepintiendo poco a poco. Hicimos una revista que nos había aglutinado, se llamaba Canto y el nombre se quedó como una forma de llamarnos: la generación de Canto. Eramos muy dispares. Unos procedían de la literatura francesa, otros de la inglesa, otros de la alemana y otros incluso del ultraísmo. Nuestras edades eran muy distintas y yo era la menor. Vicente Barbieri, por ejemplo, tenía cuarenta años, Castañeira de Dios tenía diecinueve y había otros poetas que después fueron muy reconocidos, como Enrique Molina.

-¿Es la época en que conoció a Oliveiro Girondo?

-Exactamente, un poco antes de aparecer la revista Canto. Oliveiro pertenecía al grupo Martín Fierro. Girondo había instituido el Premio Fierro para escritores jóvenes. Lo había ganado Wilcock y se celebró con una comida. Yo era muy joven, no había cumplido los dieciocho años. Estaba sentada frente a Girondo, que comía polenta con pajaritos. El era un aristócrata de modales muy refinados, pero de pronto tenía algunos desplantes fáusticos. Podía ser maleducado. A mí me empezó a dar pena por esos pajaritos que él masticaba y hacía crujir con los dientes. Esos pajaritos me produjeron unos suspiros incontenibles, tal vez algún sollozo. El arrojó su plato y dijo muy convencido que no se puede comer cuando una ninfa llora. Estaba casado con Norah Langue, excelente prosista injustamente olvidada. Sacó un papel y me pidió que le escribiera algo a su mujer. ``Ustedes'', dijo, ``se van a hacer muy amigas.'' Le escribí una pequeña carta y al día siguiente Norah me llamó. Girondo tenía razón. Desde el primer encuentro hicimos una amistad para toda la vida a través de esos pajaritos con polenta.

-La poesía de Girondo es muy distinta a la suya y sé que usted la aprecia, cree en la verdad de Girondo.

-Creo profundamente en su verdad. Era una persona absolutamente ética y su poesía siempre era verosímil, porque la poesía no tiene que contar cosas verdaderas pero sí tiene que tener un sentido de verosimilitud. Por eso detesto esas imágenes en las que una pestaña levanta a un elefante. Me encanta la poesía de Girondo y me sentía fascinada por su persona, era de una juventud extraordinaria y creo que solía entenderse mejor con los poetas de mi generación que con sus contemporáneos. Sobre todo su último libro, La masmédula, tuvo una resonancia de incomprensión muy marcada y extraña en su generación. Girondo era un maestro en fusionar dos palabras que a su vez creaban otra: no era la unión simple de un adjetivo con un sustantivo. Por la fonética hacía aparecer el fuego de una tercera imagen. A sus contemporáneos les pareció un disparate; a nosotros, un hallazgo.

-Su primer libro se empezó a escribir en el 41. No tenía usted ni veinte años. Fue publicado en el 46 por editorial Losada. ¿Recuerda ese proceso?

-Lo recuerdo junto con la suerte que tuve para su publicación. Nunca he sido demasiado prolífica, así que fue un libro escrito lentamente, con muchas exigencias personales. Creo que Desde lejos contiene a los demás. Están allí, de alguna manera, esbozados los asuntos que me inquietaban, todos los que vinieron después. Fue el tiempo en que empezaron a llegar los refugiados españoles, Alberti, por ejemplo, con su mujer María Teresa. Había aparecido Canto, revistita de ocho páginas, y se había organizado un coctel para celebrar su segundo número. Alberti se fue a un costado y después de leerla dijo: ``los mejores poetas son estos dos'', y nos señaló a Enrique Molina y a mí; entonces don Gonzalo Losada, allí presente, me miró y me dijo: ``tu primer libro lo publico yo''. Cuando estuvo listo se lo llevé. Losada era un verdadero amante de la poesía, se interesaba muy poco en que la editorial fuera un comercio. Cada libro de poesía que a él le interesaba se convertía en una flor para su ojal. Después publicó mi segundo, tercer y cuartoÊlibros. De modo que tuve la fortuna de no hacer antesalas para publicar, cosa que lamentablemente es un hecho bastante extraordinario.

-Da la impresión, cuando uno conoce su primer libro y sigue en la lectura de los posteriores, de que usted ha cavado durante años en el mismo agujero. Tal vez fue cambiando de instrumentos, pero allí está revelado su mundo y ampliado hacia arriba y los costados en los libros que siguieron.

-Siempre creí, con Bachelard, que la poesía era vertical y la prosa horizontal. La prosa sirve para lo cotidiano, lo lineal; la poesía sirve para lo extraordinario, va hacia lo alto, hacia la plegaria, pero también intenta trascender el mundo hacia lo bajo, hacia los abismos y las zonas más oscuras tratando de vislumbrar lo invisible en el hombre. Además creo que todos los hombres somos en cierto punto invisibles, somos para los demás una cáscara que no revela todo lo que oculta. En mi primer libro está en germen lo que vino después, quizá con una mayor riqueza idiomática y afinamiento de recursos. En realidad, todo podría ser un larguísimo poema interrumpido por el cansancio, por la pereza o por el obstáculo insalvable.

-Hay poemas que se escriben solos; otros, con enorme dificultad, incluso con dolor. Y no necesariamente unos son mejores que otros...

-Creo que nunca he escrito con demasiada facilidad o, para decirlo de otro modo, he tenido enorme desconfianza de las cosas que he escrito con facilidad: nunca me valieron demasiado. Escribir ha sido para mí como abrir una puerta en la que he sentido una llamada que puede lo mismo venir de una canción, de una imagen o incluso de una frase escuchada al pasar y lo que veo es un corredor oscuro. Hacia el fondo hay otra puertaÊdonde aparece la conclusión del poema. Es como si uno tuviera que cruzar un río sin elementos de ayuda, rodeado de una infinidad de signos en rotación, de aquellos mismos que refiere Octavio Paz cuando habla de la poesía de Mallarmé. Uno elige y desecha esos signos. De pronto se siente como si se hubiesen dejado cadáveres en el camino y a veces uno regresa para resucitarlos, cuando vale la pena. Si eso ocurre, siempre implicará un trabajo de relojería.

-Hay un refrán que dice: boca que besa no canta. ¿Usted ha escrito en momentos de plenitud?

-Sí, pero curiosamente no poemas sobre el amor. Creo en ese refrán. El amor se cumple por sí solo y no necesita ninguna derivación ni en la palabra ni en la escritura. Todas las palabras y toda la escritura están dentro del amor, ¿no? He escrito al amor cuando el amor pasó. He escrito al fracaso del amor.

-Usted ha dicho que su segundo libro, Las muertes, ha querido ser un libro de mitos modernos. ¿Cómo fue el periodo de concepción de ese trabajo y cuál fue el móvil de exploración de esos mitos?

-Esos personajes de novela que yo elegí como mitológicos eran seres que habían cumplido con una vida perfecta. Cuando digo perfecta, me refiero a su ética o al hecho de haber tenido un inicio, un desarrollo y un final que hace de ellos seres intocables a los que ya no se les puede agregar nada más. Eso me inducía a verlos como mitos modernos: personajes, casi todos, de novelas que tenían una vigencia notable. Hay algunas excepciones, como el poema donde hablo de mi propia muerte.

-Ese poema que comienza diciendo: ``Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero...'' La he escuchado decir que ese texto se ha citado demasiado. Hay poemas que llegan a hartar a quien los escribió, como tal vez le ocurrió a Neruda con su famoso ``Poema veinte''.

-Sí, me piden que lo repita constantemente. Yo, que no me sé de memoria ningún otro de mis poemas, he acabado por aprendérmelo a fuerza de tanto repetirlo. Además ha creado confusiones en algunos críticos por el hecho de decir que muero en el corazón de alguien. Tomado en un sentido literal, se han preguntado cómo se puede morir de atrás para adelante, cómo se puede morir al revés. La muerte no tiene revés, yo más bien lo que creo es que ``la muerte no tiene derecho'', nunca.

-En ``La cartomancia'', poema que aparece en su tercer libro, está el testimonio de alguien que no es ajena al mundo de las cartas, las predicciones, los juegos peligrosos.

-Juegos peligrosos como la muerte de la rival, el tratar de matar a la enemiga en una forma determinada, los sueños repetidos que son bastante inquietantes, la cartomancia, quiromancia y otros juegos que después abandoné porque dejaron de tener privilegios para mí. Lo único en lo que me he quedado es en la poesía. Los otros son juegos bastardos que te dan una falsa imagen de poderío. No quise convocar hacia abajo fuerzas oscuras. Me parece que tanto la poesía como la plegaria son actos de ascesis que conducen a la elevación del espíritu y no a su hundimiento.

-En muchos momentos su poesía habla a través de una voz religiosa aunque ajena a una práctica doctrinaria.

-No, no es una poesía dogmática.

-Encuentro que hay una notable diferencia entre su poesía y la de Enrique Molina, con la que se le ha comparado tanto. La poesía de Molina es una poesía de la tierra, de los sentidos...

-Incluso lujuriosa.

-Su poesía, como la de Molina, está llena de imágenes, pero encuentro que la suya es más reflexiva.

-La poesía de Enrique es totalmente sensorial y más resignada con quedarse en este mundo. El fue un excelente poeta. Yo lo conocí cuando tenía catorce años, de modo que fuimos muy amigos y no es difícil que tuviéramos un lenguaje parecido, pero creo que con fondos diferentes. Mi poesía es más cavilosa y meditativa. He tenido una visión del mundo hecha de elementos que sueñan con sobrepasar este aquí con los límites de la causa y el efecto. He querido buscar en otras realidades que no son sólo las que nos comprimen.

sábado

Margaret Atwood, Canadá

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SIN NOMBRE/NAMELESS

Una pesadilla te asalta con frecuencia:
llega un hombre herido, por la noche,
a tu casa
-situas el agujero en el pecho, a la izquierda...
Su sangre al brotar mancha
tu puerta, al apoyarse,
casi desvaneciéndose...
Quiere que le dejes entrar.
Es como el alma de un amante
muerto y resucitado
hambriento aún
sólo que no está muerto. Y aunque el vello en tus brazos
se eriza y un aire frío
que de él proviene
cruza tu umbral,
no has visto a nadie más vivo que él
cuando te toca, apenas roza tu mano
con la izquierda suya, su mano limpia,
y un "por favor" susurra,
en cualquier idioma...
Tú no eres médico ni nada parecido.
Has llevado una vida normal,
lo que un observador llamaría "sin tacha".
Detrás, en la mesa,
hay un cuenco con fruta,
una silla, un cuchillo,
un plato con pan...
Es primavera, y el viento de la noche
huele, húmedo, a marga removida
y a flores tempranas.
La luna irradia su belleza
que como belleza ves al fin,
tan cálida y ofreciéndolo todo.
... Sólo hay que tomarlo.
Oyes ladrar perros distantes.
La puerta está entreabierta
o entrecerrada:
así permanece y tú no puedes despertar.

De Interlunar (1984)

EURIDICE

El ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez...
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere "real",
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar...
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo...
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor...
El necesita ver para creer
y está oscuro.
"Atrás, atrás...", le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad...
De Interlunar (1984)

ORFEO (1)

Delante mío caminabas,
atrayéndome
hacia la verde luz que alguna vez
me asesinó con sus colmillos.
Insensible te seguí,
como un brazo dormido y obediente
pero no fui yo quien quiso
volver al tiempo
Había llegado a amar el silencio,
pero mi antiguo nombre era una cuerda
o un susurro tendido
entre nosotros.
Y estaba tu amor,
las viejas riendas de tu amor,
tu voz corpórea...
Ante tus ojos mantenías
la imagen de tu deseo, que era yo,
viva otra vez.
Y por esta esperanza tuya continué,
y así fui
tu alucinación, floral
y oyente
tú me creabas
al cantarme y una piel nueva me crecía
en mi otro cuerpo, envuelto en niebla,
y tenía ya sed, y manos sucias,
y veía ya,
perfilados contra la boca de la gruta,
el perfil de tu cabeza y de tus hombros
cuando te diste vuelta para llamarme
y me perdiste...
Así que no llegué a ver tu rostro,
sólo un ovalo oscuro,
y a pesar de sentir todo el dolor
de tu derrota, debí rendirme,
como se rinden las mariposas de la noche.
Tú creíste
que sólo fui el eco
de tu canto.

De Interlunar (1984)



ORFEO (2)

Sabiendo lo que sabe
del horror de este mundo,
¿seguirá cantando?
No se dedicó únicamente
a pasear los prados: bajó
con los que no tienen boca,
los que no tienen dedos,
los de nombres prohibidos,
los cuerpos devorados
en guijarros grises
de una costa desierta
que todos temen,
con los dueños del silencio


El, que quiso inútilmente
resucitar a la amada con su canto,
seguirá allí,
en el estadio lleno de los muertos
que elevarán sus rostros sin ojos
para escucharle, mientras crecen
las flores y revientan, rojas,
contra los muros.
Le habrán cortado las manos
y pronto desgajarán
su cabeza del cuerpo
en un estallido
de rechazo furioso: y aunque lo sabe
proseguirá su canto de alabanza
porque cantar es alabanza o desafío.
Y toda alabanza es desafío.

De Interlunar (1984)




TORTURA

¿Qué transcurre en las pausas
de esta conversación
sobre el libre albedrío,
la política y la necesidad de la pasión?
Pienso en la mujer que no mataron
sólo le cosieron el rostro,
le cerraron la boca hasta dejársela
del tamaño de un orificio para pajitas
y luego la devolvieron a la calle
como un símbolo mudo.
No importa dónde pasó
ni porqué.
Tampoco importa qué bando lo hizo.
Son cosas que se hacen
en cuanto hay bandos.
Tampoco sé si hay hombres buenos
que viven su vida
a causa de esta mujer o a pesar de ella,
pero semejante poder no es abstracto,
ni se refiere a la política y al libre albedrío
va más allá de los eslóganes.
En cuanto a la pasión,
esto es su opuesto,
el cuchillo que arranca a los amantes
de tu piel como tumores,
dejándote sin pechos
y sin nombre,
aplanada, sin sangre, con la voz
cauterizada por el exceso de dolor,
cuerpo desollado fibra a fibra
y colgado del muro, pancarta agonizante
y expuesta por los mismos que despliegan banderas.

De Notes toward a poem that can never be written (1981)


Margaret Atwood (Canadá, 1939)

Maya Angelou (EEUU,1928-2014)

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Las mujeres hermosas se preguntan
Dónde radica mi secreto.
No soy linda o nacida
Para vestir una talla de modelo
Mas cuando empiezo a decírlo
Todos piensan que miento
Y digo,
Está en el largo de mis brazos,
En el espacio de mis caderas,
En la cadencia de mi paso,
En la curva de mis labios.
Soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Ingreso a cualquier ambiente
Tan calma como a ti te gusta,
Y en cuanto al hombre
Los tipos se ponen de pie o
Caen de rodillas.
Luego revolotean a mi alrededor,
Una colmena de abejas melíferas.
Y digo,
Es el fuego de mis ojos,
Y el brillo de mis dientes,
El movimiento de mi cadera,
Y la alegría de mis pies.
Soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Los mismos hombres se preguntan
Que ven en mí.
Se esfuerzan mucho
Pero no pueden tocar
Mi misterio interior.
Cuando intento mostrarles
Dicen que no logran verlo
Y digo,
Está en la curvatura de mi espalda,
El sol de mi sonrisa,
El porte de mis pechos,
La gracia de mi estilo.
Soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.

Ahora comprendes
Por qué mi cabeza no se inclina.
No grito ni ando a los saltos
No tengo que hablar muy alto.
Cuando me veas pasar
Deberías sentirte orgullosa.
Y digo,
Está en el sonido de mis talones,
La onda de mi cabello,
La palma de mi mano,
La necesidad de mi cariño,
Por que soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.


Version Original en Ingles


Phenomenal woman

Pretty women wonder
Where my secret lies.
I'm not cute or built
To suit a fashion model's size
But when I start to tell them,
They think I'm telling lies.
I say,
It's in the reach of my arms,
The span of my hips,
The stride of my step,
The curl of my lips.
I'm a woman
Phenomenally.
Phenomenal woman,
That's me.

I walk into a room
Just as cool as you please,
And to a man,
The fellows stand or
Fall down on their knees.
Then they swarm around me,
A hive of honey bees.
I say,
It's the fire in my eyes,
And the flash of my teeth,
The swing in my waist,
And the joy in my feet.
I'm a woman
Phenomenally.
Phenomenal woman,
That's me.

Men themselves have wondered
What they see in me.
They try so much
But they can't touch
My inner mystery.
When I try to show them
They say they still can't see.
I say,
It's in the arch of my back,
The sun of my smile,
The ride of my breasts,
The grace of my style.
I'm a woman
Phenomenally.
Phenomenal woman,
That's me.

Now you understand
Just why my head's not bowed.
I don't shout or jump about
Or have to talk real loud.
When you see me passing
It ought to make you proud.
I say,
It's in the click of my heels,
The bend of my hair,
The palm of my hand,
The need of my care,
'Cause I'm a woman
Phenomenally.
Phenomenal woman,
That's me.

viernes

Con el corazón al sur.

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Eladia Blásquez
Una autora con sentimiento y realidad porteña

Eladia creció en una familia española, su padre era de Salamanca y su madre de Granada. De aquí deviene la influencia del flamenco, del cante jondo, o cualquier expresión hispana del género popular en su obra.
Nació en Avellaneda (provincia de Buenos Aires), el 24 de febrero de 1931 en una modesta casa de un barrio pobre.

Eladia dijo: “De Avellaneda no te puedo decir que me guste; te puedo decir que lo quiero, que es diferente”.

Eladia hablo de su barrio en el tango“Sueño de barrilete”:

“Nací en un barrio donde el lujo fue un albur.

Por eso tengo el corazón mirando al sur”

A los ocho años, ya era profesional cantaba, tocaba la guitarra y el piano de oído y luego llegaron las composiciones.
Sus estudios de perfeccionamiento vocal los realizo en la academia de Luis Rubinstein. Era muy versátil interpretando desde baladas, cuecas, hasta vals peruanos.

Eladia era muy precoz cuando se convirtió en una estrella infantil en un programa de LR2 Radio Argentina.

Llegando a la juventud, la creación tomo otro sentido en su vida: a los once años realizo su primera composición: el bolero “Amor imposible”.

A los veinte años continuo con la composición, creando la obra “Mi vinito de Jerez”, un homenaje a Federico García Lorca.

Compuso canciones de muchos estilos, los intérpretes también lo fueron. Primero la canción española, luego fue la melódica y sudamericana; más tarde el folklore y finalmente el tango y la balada.

En 1957 publico su primera canción melódica, “Humo y alcohol”.

A partir de 1964, se dedico al folklore recordamos algunos temas como: “Río, río”, “Mala suerte” y “Ya me voy, ya me voy yendo”.

En 1968 su balada “No es un juego el amor”, gano el Segundo Festival Buenos Aires de la Canción.

En 1970 su tango “Mi ciudad y mi gente”, fue premiado en el IV Festival Buenos Aires de la Cancion.

Eladia vio que el tango daba sus frutos, entonces decide volcarse de lleno a la melodía porteña, pero nunca renegó de su producción anterior.

Sus temas de amor pasados, funcionaron, de alguna manera, como piso para llegar a su voz definitiva: la del tango.

Eladia aclaro alguna vez: “Ahora he tomado el amor en general, y me inclino por las vivencias humanas que nos atañen a todos, que nos duelen mucho y que van mas allá de la pareja (…) Yo estoy, de algún modo, testimoniando una época casi sin salida, que a veces creí que es verdaderamente apocalíptica. Pero cada canción, por dura que sea, trata de parar ese Apocalipsis; de advertir y mostrar otra cara, la cara del amor.”

"No me puedo quejar, porque llegué hasta donde llegué sin locomotoras: ni manager ni empresario ni patrón", diría al final del viaje, ya consagrada como autora, compositora, cantante, pianista y guitarrista.

Aquella ruta musical la enorgullecía: los inicios a puro fandango y flamenco, heredados de sus padres; el piano de Bill Evans, arrastrándola al jazz; las eufóricas peñas folclóricas de su juventud, cuando Ramona Galarza o Los Fronterizos les ponían voces a sus letras. El bolero esperándola en la estación siguiente. Y el tango, en la entrada a la madurez. Finalmente, la balada ("el escalón que me permitió escuchar mis letras de labios adolescentes").

"A nivel de la creación, el tango era muy machista. Pero me aceptaron. Terminaron bancándome como se acepta una gripe. Nunca sufrí discriminación, porque no me enganché. El tanguero tradicional, y al decir esto me refiero a los quedados, a los que veían un renovador y levantaban la guardia, a las que siguieron discutiendo con Piazzolla hasta el mismo día de su muerte, nunca me importó. Yo hacía lo mío para otra gente. Y la verdad es que finalmente los grandes del tango me trataron de lo mejor. Pero jamás fui un boom: me fui proyectando lentamente, con mucho sacrificio. Eso es lo lindo del camino que elegí".


Su obsesión era mantenerse vigente: - "Adhiero a lo que dijo Louis Armstrong, los músicos nunca nos retiramos, vamos trabajando un poco menos. Es lo único que le pido a la vida, mantenerme en la canción popular. Sólo me interesa seguir componiendo".

Sus composiciones "A un semejante", "Sueño de barrilete", "Prohibido prohibir", "El corazón al sur" y "Con las alas del alma" son algunos de los clásicos que la ayudarán a que su deseo se siga cumpliendo aun después de su partida.

A través del tango, habló del amor, y además de vivencias humanas, y que nada tienen que ver con la pareja.

Alguien calificó a Eladia Blazquez de “Discépolo con faldas”.

Esta presente en sus canciones ese aire critico de Discepolo, pero se le suma la ternura, como podemos escuchar en el tango “Vamos todos en montón”, con una dura critica social.

En 1970 se conoce su primer disco LP dedicado al tango, donde canta sus propias obras, incluyendo excelentes temas: “Sueño de barrilete”, “Contáme una historia", “Sin piel”, además de “Mi ciudad y mi gente”.

En 1973 grabó uno de sus temas más cuestionados "El precio de vencer", año en el que en el país imperaban las ideas políticas radicalizadas.

En 1976 registró su tango más popular “El corazón al sur”.

En 1980 brindó un espectáculo junto a Chico Novarro denominado “Porqué nosotros”, y renovó, de alguna forma el interés de su obra.

Eladia, debe reconocerse como la autora más valiente de nuestro tiempo, porque supo llevar la canción con las palabra justas, los desazones y dolores de la gente. Éste fue su gran éxito.

Nos deja una de las más importantes autoras de tango de todos los tiempos, el 31 de Agosto de 2005.


A un semejante(audio)



Vení, charlemos, sentáte un poco,
La humanidad se viene encima
Ya no podemos hermano loco
Buscar a dios por las esquinas
Se lo llevaron, lo secuestraron
Y nadie paga su rescate,
Vení que afuera esta el turbión
De tanta gente sin piedad
De tanto ser sin corazón.

Si a vos te duele como a mí
La lluvia en el jardín y en una rosa,
Si te dan ganas de llorar
A fuerza de vibrar, por cualquier cosa
Decí qué hacemos vos y yo
Qué cosa vos y yo sobre este mundo
Sembrando amor en un desierto
Tan estéril y tan muerto, que no crece
Ya la flor

Vení charlemos, sentáte un poco
No ves que sos mi semejante
A ver probemos, hermano loco,
Salvar el alma cuanto antes,
Es un asombro tener tu hombro
Y es un milagro la ternura
Sentir tu mano fraternal
Saber que siempre para vos
El bien es bien y el mal es mal

Si a vos te duele como a mí
La lluvia en el jardín y en una rosa
Si te dan ganas de llorar
A fuerza de vibrar por cualquier cosa
Decí qué hacemos vos y yo



El corazón al sur(audio)

Nací en un barrio, donde el lujo fue un albur
Por eso tengo el corazón mirando al sur
Mi viejo fue una abeja en la colmena
Las manos limpias, el alma buena

Y en esa infancia la templanza me forjó
Después la vida mil caminos me tendió
Y supe del magnate y del tahúr
Por eso tengo el corazón, mirando al sur

Mi barrio fue una planta de jazmín
La sombra de mi vieja en el jardín,
La dulce fiesta de las cosas más sencillas
Y la paz en la gramilla de cara al sol

Mi barrio fue mi gente que no está
Las cosas que ya nunca volverán
Si desde el día que me fui, con la emoción y con la cruz
Yo sé que tengo el corazón mirando al sur

La geografía de mi barrio llevo en mí
Será por eso que del todo no me fui
La esquina, el almacén, el piberío
Los reconozco, son algo míos

Ahora sé que la distancia no es real
Y me descubro en ese punto cardinal
Volviendo a la niñez desde la luz
Teniendo siempre el corazón, mirando al sur

(1976)

Honrar la vida(audio)

(Eladia Blázquez)

No
Permanecer y transcurrir
No es perdurar, no es existir
Ni honrar la vida
Hay tantas maneras de no ser
Tanta conciencia sin saber
Adormecida.

Merecer la vida no es callar ni consentir
Tantas injusticias repetidas
Es una virtud, es dignidad
Y es la actitud de identidad
Mas definida.

Eso de durar y transcurrir
No nos da derecho a presumir
Por que no es lo mismo que vivir
Honrar la vida.

No
Permanecer y transcurrir
No siempre quiere sugerir
Honrar la vida
Hay tanta pequeña vanidad
En nuestra tonta humanidad
Enceguecida

Merecer la vida es erguirse vertical
Más allá del mal, de las caídas
Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad
La bienvenida.

jueves

Aurora Venturini (Argentina, La Plata 1922)

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Los señores del humo

Estos señores tensos son columnas de humo
que cuando sopla el viento sumadas se disuelven
para volver a unirse átomo y átomo uno.
Al llegar a sus casas como salieron vuelven.

Surgen de enormes amplios ferrados edificios
departiendo coloquios entre ellos solamente.
Nadie foráneo intente terciar en los principios
reglamentarios que ellos compulsan hábilmente.

Aspiran con narinas de enormes agujeros
fáciles de apreciar porque van levantadas.
Para el olfato de estos señores nada es bueno
lo son sus experiencias de insípidas mesnadas.

Ni bien dejan el automóvil que los condujo
cenan en una mesa de grosura imponente.
Tratan de rehilvanar hilos de sus tapujos.
Pero a cualquier teorema anteponen el diente.

Los observo a través de la vidriera. Ellos
no ven a nadie sólo a sí mismos se ven.

Suben irresponsables pináculos egregios.
A los idus de marzo no les temen ni ven.

de Casi de huellas





Poeta y narradora argentina, Ciudadana Ilustre de la Ciudad de La Plata
(1991) en la que se graduó en Filosofía y Ciencias de la Educación.
Cursó además Psicología en el Instituto de París (La Sorbona).
Autora de más de 15 libros de poesía y más de una docena de obras en
prosa entre novelas y ensayos.
Su curriculum es extenso en premios, entre ellos Gran Premio de Honor
"Almafuerte" (1966) por su Obra Total,, Regional SADE, Iniciación SADE,
Medalla de Oro Ministerio de Educación de la Nación, Premio "Alfonsina
Storni", Premio Fousquelles, de París, Premio "Scalabrini Ortiz",
Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Provincial de Letras, Premio
Municipal de la Ciudad de La Plata, Premio Fundación Giovanna Truzzolli,
Verona, Italia, Premio Pirandello d'oro della Collegiatura di Sicilia
(1988). Ha participado en múltiples congresos y dictado conferencias
dentro y fuera del país, y ha sido editada en numerosos diarios y revistas.
Durante sus años vividos en París en compañía de Violette Leduc, trabó
amistad con Eugène Ionesco, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir,
entre otros intelectuales, y en Sicilia frecuentó la amistad de Salvatore
Quasimodo
Autora ya consagrada en nuestro país, ha sido distinguida recientemente
por el gobierno francés con la Cruz de Hierro por sus méritos de
traductora de Villon y Rimbaud.
En la actualidad, entre otros trabajos, está abocada a la traducción de
la poesía de Lautréamont.

miércoles

Juana Pavón(Honduras, 1945)

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NOSOTRAS: ESAS SUJETOS



Una, dos, cien, miles
así vamos las mujeres por aquí
aquí donde nos tocó pernoctar para siempre.
No importa lugar ni apellido
definimos nuestra situación
desde hace mucho tiempo.
Hemos aceptado el papel que nos corresponde
no importa el status.

Estamos las privilegiadas
y las no privilegiadas
Estamos:
la funcionaria porque funciona
la obrera por obrera
la madre por madre
la estéril por estéril
la dama por dama
la prostituta por prostituta.

Hacemos maniobras con el tiempo
ligadas a esta inercia
que llamamos vida
porque siendo mujeres
tenemos que aceptarlo
porque son leyes para mujeres
hechas por hombres
¿Qué más nos da?

Las habemos flacas y gordas
unas por tomar agua de masa
otras, por tomar leche y cereal.
El día de la madre
a unas nos da frío
a otras nos da calor,
el día de la mujer
a unas nos da risa
a otras satisfacción .

Estamos las poetas académicas
y las poetisas de la calle.
Estamos las que vendemos rosas
en una floristería elegante
y las que ofrecemos claveles
en una esquina de banco.

Nosotras, que somos anónimas
del amanecer
y nosotras-otras burbujas de hambre
nosotras somos esas-a la que se nos vende
y a las que se nos protege
hasta los ochenta años.

Somos la esposa ignorada
en un centro nocturno
y la sirvienta seducida.
Todas somos nosotras
a cada quien lo suyo
así fue repartido
sin ponernos a escoger.

Estamos las amargadas
y las indiferentes
las antisociales
y las socialísimas
las que damos de comer a nuestros hijos
en cucharita de plata
y las trágicamente miserables
que damos nuestros vástagos
a engordadoras y traficantes de niños.

Nosotras las que siempre callamos
y esperamos
y las que tenemos motivos
para gritar
y no esperamos nada.
Estamos las saludables
porque tenemos un gato en casa
y estamos las enfermas
por una existencia solitaria.

Somos muchas las que bebemos champagne
y muchas las que bebemos guaro
las primeras fondeamos en cama
con sábanas de seda
y las segundas
en una escondida acera húmeda.

Estamos las feministas asociadas
y las lesbianas reprimidas
muchas asistimos al Catecumenado
y muchas levantamos los ojos
para ver a Dios.

Así vamos todas nosotras
nosotras, esas sujetos
todas somos mujeres e indestructibles
nada nos detiene
no importa si somos abogadas
si somos verduleras.

Médicas, tortilleras
maestras, campesinas
teatristas, pintoras
esposas, amantes
primera dama
o última dama.

Un vientre nos une a todas por igual.
somos las que motivamos
todos los sentimientos
ternura, delicadeza... amor
aunque haya en cada una de nosotras
una gata furiosa
o una gata sumisa.

Somos las que estamos paradas en el tiempo
y latimos...latimos...latimos!
somos río, mar
jungla, sol
luna y pulmón
¡somos patria!
Yo siempre he pensado
que Honduras tiene nombre de mujer
una, dos, cien, miles...

de  Yo soy esa sujeto (1994)

sábado

Sara Vanegas Cobeña (Cuenca-Ecuador, 1950)

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MARASMO


El aire cargado de polen amarillo
los pasos cansados una que otra
voz, marasmo
veo pasar la vida tras las gafas
sombras que se aproximan
un tanquero "inflamable"
(los fósforos crepitan)
los árboles son bellos pero ajenos
los barcos, la partida
busco el pasaje en mi chaqueta
sólo cuentas tarjetas barajas baratijas
un niño negro de sonrisa muy blanca
viajero del tedio
y la esperanza
al otro lado
tú me estarás pensando en términos azules
mientras a fuego lento se despereza
el ave esquizofrénica
de tus manos.




Doctora en Filología por la Universidad de Munich, Alemania. Ejerce la docencia superior en la Universidad del Azuay, Cuenca. Ha asistido a congresos sobre
literatura en España y países de Hispanoamérica. Colabora en revistas de Argentina y España. Ha escrito en prosa y verso. En el año 2000 se hizo acreedora al Premio Nacional de Poesía "Jorge
Carrera Andrade". Es autora de los siguientes poemarios :
Luciérnaga y otros textos ( 1982);
Entrelíneas ( 1987);
Poemar (1994);
Más allá del agua (1998);
Al andar (2004).
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