miércoles

Liliana Celiz ( Argentina,1956)

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quiero decirte
la luz desembocando al extremo de las formas
en lo apretado de la imagen cayendo al otro lado de la sombra
a igualación del lago en el principio de la imagen
ya nunca la avidez de verlo (como despliegue en sí)
y es a los lados la pregunta

es el reverso de las hojas
en la revelación del mundo (es en la sombra)
donde el espacio de mirada hace al extremo de las cosas
salpicando la cara con el nombre
a la estatura de belleza en el disloque de mirada hacia el cuarto de la sombra
hacia el momento potencial del cruzamiento con el doble

el universo en mí desembocando en las pupilas
en la versión de verte
(fuera la cara al lago como el lago es al océano)
imantación de veces cuando la luz se allega al horizonte
esparcimiento de raíz en las cortezas desde el cuerpo
en el eclipse que pulsó a este cuerpo
buscando la obviedad de ser
la nada hacia algún fondo desde el puente

lo sombreado no haciendo la intención del gesto
como caído de caricia
(desdoblamiento desde el yo a algún submundo de belleza)
en el encuentro del sí mismo de las formas
lo inacabado de él es elevado hacia algún grado de delirio
en crecimiento perpetuo de mirada hacia el trasfondo
vuelve la cara al otro extremo de moneda
en el pasaje de la luz al corrimiento prematuro


LILIANA CELIZ:Nació en Rosario en el año 1956. Escribe “poesía” desde sus 11 años de edad, pero recién a partir de los 30 años empezó a considerarse escritora. Coordina talleres literarios desde 1992. Coordinó el café literario “La Salita”, años 2001 y 2002. Realizó cursos de escritura de novela, literatura Argentina y Latinoamericana. Estudió Profesorado de Castellano en el Instituto Joaquín V. González. Estudia teoría literaria en forma privada desde el año 1990. Escribió “Del traje de Eva y su manzana”, “Oscuramente”, “A los uefueron pájaros”, “¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre?” “Bos/quejo” “La luz especular y sus espectros”, “Más por debajo el lago”, “Comosublimación” “O elevación de vos o pensamiento” “En complexión de dos”, “El ciclo del ecuerdo”, “El nacimiento de la flor”, “En la versión de verte”, Desembocadura”, Participó de la “Antología de Crónicas del Dock”, año 2000. La mayoría de sus libros permanecen inéditos. Publicó poemas en Chile, España, y Argentina en numerosas revistas.
Sus libros editados son: “Del traje de Eva y su manzana”, Ediciones Ultimo Reino, 1997, Publicado con el apoyo económico del Fondo Nacional de las Artes, “De dónde vienes de mirar tus ojos padre?, Ediciones Del Dock, 2000. “Desembocadura”, Libros de Tierra Firme, 1990. Compilación de poemas en conjunto con otros cuatro poetas y “O elevación de vos o pensamiento”, Ediciones Del Dock, 2007.

lunes

Nicole Cage-Florentiny (Martinica, 1965)

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en el Festival Medellín lectura de "Blues" por Nicole Cage Florentiny, Martinica y por Diana Gutierrez

Presencia

Abuelo, mi padre está llorando
Y yo soy demasiado pequeña para parar sus lágrimas.
Ya tú no estás.
Los corazones tiemblan y se lamentan
Las lágrimas de los mayores hacen que lluevan ciclones
en el cielo de los niños.
Dicen que ya tú no estás, dicen una palabra extraña
y la llave de sus ojos se abre nuevamente
En torrentes que se desencadenan,
En lágrimas de sílex.
Sin embargo, cuando el sol posa sobre el mar su
delicado pie,
Cuando cae la noche como un telón sobre un día cálido,
Cuando la luna alumbra la noche palpitante,
Yo sé que estás aquí
En el murmullo del viento y el esplendor de la luna,
En la dicha de mi corazón abierto a tu presencia.
Siento que estás aquí
Tan cerca, tan cerca que me parece oírte decir:
“Duérmete, mi niña,
Yo habitaré tus sueños.
Duerme y no le digas a nadie
¡Que me has visto esta noche!”

Canción de agua

Canción de agua
Que salta entre las rocas
Del río del tiempo.
Canción de agua
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche de las vacas
Corría a mares
En las mañanas de la ternura:
¡La infancia!
La infancia, que sabe a leche de vaca,
A nueces de anacardo y a mango canistel.
La infancia al borde de la fuente
Y el ciruelo de citera ofrecía al viento su densa
corona de oro.
Canción de agua:
La infancia salta en el desvío de un camino
Que es difícil de alcanzar,
Y dejar allí los ríos joviales
Que cantan canciones del tiempo antiguo,
Antaño,
Cuando Padre y Madre se amaban
Y la leche corría a mares
En la jícara de los días.

Hijo de la esperanza

Soy hijo del país de Haití,
Y ese país
Es un barco calado
Inundándose por todas partes.Mi país haitiano
Es una lancha quebrantada
en el vórtice del ciclón...
Mi padre dice:
“El viento es una larga queja,
Un canto que se mueve sobre los arrecifes,
Un gemido que se ahoga
En la garganta de los hombres, de las mujeres, de los niños,
¡De los balseros fracasados en el lecho deshecho del océano!”
Y los ojos de mi padre cargan lágrimas de piedra,
Mi padre dice:
“El país haitiano es un ciego en una noche huraña,
El zombi extraviado de un macabro ritual,
¡Una promesa que no desea morir!”
Mi madre escucha. Dice:
“Rechazo al maleficio...
Yo soñé con la paz,
una avalancha de lluvia
Precipitándose desde los cerros desnudos,
Y la vi resurgir en remos de verdor
Cuando la creíamos apagada para siempre,
Y la vi brotar de las entrañas de un país rendido a sí mismo.
Siembren sal siembren sal,
Y la avalancha de lluvia hará el resto.
Repartan sal, repartan agua.
La esperanza es una planta rebelde
¡Que vuelve a florecer en cada estación!”
Soy hijo de Haití.
Espero en la estación de las aguas y las flores nuevas...

Traducciones de Nancy Morejón




Niicole Cage-Florentiny nació en Martinica en 1965. Además de poeta, es profesora, periodista y promotora cultural. Se graduó en Español e Historia en la Universidad de las Antillas. Es la única mujer de expresión francesa en haber recibido el Premio Casa de las Américas, por su libro de poemas Arco Iris, la esperanza, traducido por Nancy Morejón. En 1993 recibió Mención Especial del Premio de Poesía Joven de la Casa de la Poesía y del Ministerio de la Juventud en París, por su libro titulado Lavalas. Es, además, cofundadora de un grupo artístico que utiliza textos poéticos unidos a la música y que ha puesto en escena diversos espectáculos dirigidos al gran público. En 1998 ella tradujo y adaptó la obra del dramaturgo cubano Ulises Cala, titulada «El traje» y en el mismo año, publicó su primera novela, C´est vole que je vole.
Ella escribe sobre temas de actualidad de la Martinica, la identidad cultural de la prostitución infantil.
1996 : "Arc-en-ciel, de la esperanza" poemas edición bilingüe. Casa de las Américas, Cuba
"Confidencial", un joven de la novela. Dapper Edition, París, 2000 . 
"Los españoles" Edition Hatier, París, 2002 .
 "El amor como la música o como morir de amor", novela.  2006.
 "Vuela como volar , las aves edición en papel" , Gran Bretaña, 2006.
"¿Y dices que me amas , aves edición en papel" , Gran Bretaña, 2007. 
 "Un vestido color del sol" cuentos para niños. Edtion Lafontaine, Fort-de-France, 2007 .
 "Palabras de Paz Por Tiempos de guerra", poemas, Edtion El Perro y la Rana, Caracas,2007 .
 "Deye pawol lanmou sí" / "Más allá de las palabras, el amor" poemas bilingüe (francés / criollo), Fort-de-France, 2008.
 "Vuela con él." Novela. Acoria Editions, París, 2009.

domingo

Minnie Bruce Pratt (EE UU,1946)

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Codos

Cúbrete los brazos.
No dejes que tus codos
se vean.

Eso es lo que mis vecinos
allá en Alabama dicen
a sus hijas
para que ningún codo
relleno o delgado
moreno o rosado
incite a otros
a la pasión.

Pero si pensara
que mis flacos, bicolores
codos fueran a atraerte

si pensara
que mis enjutos, huesudos
codos pudieran retenerte

agitaría los brazos
como un pollo
como un pavo real
como una gallina de guinea

cuando volviera a verte
tesoro
me subiría
las mangas y
pecaría
pecaría
pecaría.

Elbows
Cover your arms.
Don't let your elbows
show.

That's what my neighbors
down in Alabama tell
their daughters
so no elbow
plump or thin
tan or pink
will entice others
to passion.

But if I thought
my scrawny, two-toned
elbows would lure you

if I thought
my skinny, sharp-boned
elbows could secure you

I'd flap my armas
like a chicken
like a pea-fowl
like a guinea hen

when next I saw you
honey
I'd roll
up my sleeves and
sin
sin
sin.

Traducción de Joaquín Ibarburu y Walter Ch. Viegas

Minnie Bruce Pratt, Activista, poeta y ensayista, nació en Alabama en 1946. Entre sus textos se encuentran The Sound of One Fork (poemas, 1981), We Say We Love Each Other (poemas, 1985), Rebellion: Essays 1980-1991 (Ensayos, 1991), Walking Back Up Depot Street (poemas, 1999), The Dirt She Ate (poemas, 2003). "Elbows" pertenece a su libro de poemas The Sound of One Fork, de 1981.

jueves

Liudmila Quincoses Clavelo (Cuba-Sancti Espíritus, 1975)

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TODAS LAS COSAS QUE TOCO TIENEN TU NOMBRE


Asisto a los mismos actos, nada me desespera.
Aderezo la carne, corto las verduras
y siento el dolor amordazado de la vida
que una y otra vez sacrifico.
En la tarde, bajo el sol punzante del mediodía,
le he devuelto a la tierra dos semillas oscuras.
Y he pedido a cambio con los ojos cerrados,
con las manos unidas,
como los niños cuando de noche le hablan
a los ángeles,
le he pedido un olivo.
Secretamente todas las cosas que toco
tienen tu nombre, me ha dicho.




Liudmila Quincoses Clavelo nació en Sancti Spiritus, Cuba, en 1975. Es licenciada en Literatura Española, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Hermanos Saíz. Su obra fue publicada en medios nacionales y extranjeros. Participó de encuentros, festivales y muestras. Condujo el espacio radial De puño y Letra. Es editora en Ediciones Luminaria de Sancti Spiritus, y dirige el espacio alternativo Café de las cuatro. Ha publicado los poemarios: Un libro raro (1995), En el último sendero el iniciado piensa (1996), Los territorios de la Muerte (2001) y Poemas en el último sendero (2002). Textos suyos han aparecido en diferentes antologías, entre otras L’isola che canta (1998), Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo (2000), Los parques (2002) y Heridos por la luz (2002). Obtuvo los premios Fundación de la Ciudad de Santa Clara, América Bobia, Ediciones Vigía, Instituto Cubano del Libro, La Gaceta de Cuba, Frente de Afirmación Hispanista y Nossi de Caribe, entre otros.

martes

Olga Orozco

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Ésa es tu pena

Ésa es tu pena. Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no
vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas a trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del
reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de
olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura.


de En el revés del cielo (1987)

lunes

María Mombrú (Argentina, 1922 - 1992)

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P o s i c i ó n

No puedo.
Es imposible seguir siendo prudente.
No puedo.
La sangre se me agolpa en el corazón
y no puedo ser más
una muchacha que escribe versos
sobre la esencia y la existencia.
No puedo seguir amando mi sombra,
mi muerte,
mi vida, mi cara, mis brazos, mis sueños.
De pronto no puedo
porque sé que los otros no pueden
padecen, están rotos,
no puedo decir cómo es el verano
no puedo mirar a los pájaros con ternura
ni me importa el cielo
porque sé que los otros no pueden
están prisioneros, maltrechos, muertos.
De pronto no siento mi soledad
ni mi tristeza
porque sé que los otros están solos
doloridos y tristes.
No puedo gozar de mi amor
porque hay millones de seres
que agonizan de nostalgia por amor.
No puedo hablar con palabras misteriosas
tintineantes, poéticas,
es preciso hablar esclareciendo:
hay mentiras mundiales
hay hambre
hay dictadores
hay hombres explotados por otros hombres
hay sangre de hermanos derramada
hay chicos descalzos
hay, todavía, negros apaleados.
Debo acudir pronto, unir mis manos con las suyas
aunque mi alma quede en silencio.
Me ha sido encomendada una misión
que me regocija y debo acudir pronto
a socorrer, a odiar, a amar,
a morir si es preciso
para que mañana salga violento el sol para los otros,
para que los otros tengan derecho
a mirarse a sí mismos
a mirar el cielo
o el mar
o el juego de los pájaros.
No puedo dejar de sentir
la dulzura de mañana
hombres libres
hombres para el amor
hombres inmensamente jóvenes.


en Veinte poetas platenses contemporáneos, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Bonaerense, La Plata, 1963

ILEANA ESPINEL CEDEÑO (Guayaquil- Ecuador,1931-2001),

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ABRIL 8
VIERNES SANTO DE 1955




Aquí, prendida en un traje negro,
mil agujas de fiebre
una ráfaga larga de presagios
el ala de un murciélago que rueda.
Aquí, mi sombra gris. Mi viaje oscuro.
Mi vuelo inútil. Mi sangrante hoguera.
Lejos, qué lejos, la inefable y dulce
canción del río. Lejos ya del alba.
Aquí, el mar. El viento despoblado.
Jesús muriendo. Mi alegría, muerta.




















Poeta y periodista de fecunda trayectoria dentro y fuera del país. Fue
miembro de varias instituciones culturales y su nombre consta en
numerosas antologías de lengua hispana. Colaboró en gacetas
culturales de México, Colombia y Venezuela. Entre sus obras más
importantes se encuentran: Piezas líricas (1957); La estatua
luminosa (1959); Arpa salobre (Caracas 1955); Diríase que canto
(1969); Breve antología (Ediciones Alandar, junio 2000, Barcelona,
España).

domingo

Sharon Olds(EE.UU.,1942)

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El último día

(...)Con la noche su respiración se hizo más corta,
la niebla caía azul, poderosa,
sobre casas y secuoyas,
apoyé mi cabeza en la cama en el camino de su respiración y la respiré,
aún dulce con su vieja dulzura mancillada
como la tierra húmeda con olor ácido y limpio a la vez.
Comenzó a oscurecerse una hora antes de morir,
su respiración se detenía por segundos
y volvía a empezar. Su cuerpo se arqueaba,
alejándose de la ventana, su piel
era de un amarillo vidrioso, respiraba, y se detenía,
respiraba. Pasé mis dedos por su cabello
y besé las comisuras de sus labios resecos.(...)
Estaba volteado hacia mí,
la boca abierta y el cabello ondeando hacia atrás
como un hombre parado de cara al viento,
esperábamos y esperábamos la próxima respiración.(...)




Sentimientos


Cuando el médico residente auscultó el corazón detenido
yo lo miré, como si él o yo
fuéramos salvajes, fuéramos de otro mundo:
yo había perdido el lenguaje de los gestos,
no sabía qué significaba para un extraño
levantar la bata y ver el cuerpo desnudo de mi padre.
Mi rostro estaba mojado, el de mi padre
apenas húmedo con el sudor de su vida,
esos últimos minutos de trabajo duro.
Yo estaba recostada en la pared, en un rincón,
y él estaba echado en la cama, los dos hacíamos algo,
y todos los demás creían en el Dios Cristiano,
llamaban a mi padre la cáscara sobre la cama,
sólo yo sabía que se había ido del todo,
sólo yo le dije adiós a su cuerpo
que era todo cuanto él era. Sujeté con fuerza
su pie, pensé en ese anciano esquimal
que sostiene la popa de la canoa mortuoria,
y lo abandoné suavemente al mundo de las cosas.
Sentí la sequedad de sus labios
en los míos, sentí la levedad de mi beso
mover su cabeza sobre la almohada
así como se mueven las cosas
como por su propia cuenta en el agua mansa,
sentí sus cabellos de lobo en mis dedos,
se tambalearon las paredes, el piso,
el techo giraba como si no estuviera yo
saliendo del cuarto sino el cuarto
alejándose de mí. Me hubiera gustado
quedarme a su lado, cabalgar junto a él
mientras lo llevaban al lugar donde lo cremarían,
verlo entrar a salvo al fuego,
tocar sus cenizas tibias, y después llevarme
el dedo hasta la lengua. A la mañana siguiente,
sentí el cuerpo de mi esposo
aplastándome dulcemente como una pesa
sobre algo blando, una fruta, su cuerpo asiéndome
a este mundo con firmeza. Sí, las lágrimas brotaron,
como el zumo o el azúcar de la fruta.
Se adelgaza la piel, se rompe, se rasga: hay
leyes en este mundo y según ellas vivimos.




El cuerpo muerto


No soportaba dejarlo solo en la habitación
después de que murió. Durante meses
siempre hubo alguien con él, estuviera dormido,
despierto, en coma, siempre alguien, pero después
nos quedábamos fuera y él dentro,
solo: como si lo único importante fuera su conciencia,
ese hombre que tuvo tan poca conciencia, que fue
90% cuerpo. Yo no soportaba
esa forma de tratarlo como basura, íbamos a quemarlo,
como si sólo importara el alma. Quién era ése
si no él, tirado ahí, seco y abandonado.
Me enfrentaría a quienquiera
que no respetara ese cuerpo: que viniera
un estudiante de medicina y se atreviera a hacer un chiste sobre su hígado
y lo derribaría. Hubiera sido tan bueno tener a quien derribar.
Y si lo íbamos a quemar,
quería quemarlo entero, no ver
su brazo mañana en el cuerpo de alguien
en Redwood City, o que le arrancaran
la lengua para transplantarla, o ese ojo renuente.
Y qué si su alma ya no estaba,
yo lo conocí desalmado toda mi infancia, lo veía
acostado en el rincón más oscuro de la sala
con la boca abierta en el sofá
y ahí no había nada más que su cuerpo.
Así que en el hospital, me quedé a su lado,
acaricié sus brazos, su cabello,
no pensaba que estuviera ahí
pero igual ése era el hombre que yo había conocido,
un hombre hecho de sustancia espesa,
un hombre crudo, como esos seres primitivos
que poblaban el mundo antes de que Dios tomara
su peculiar arcilla y creara
a su propia gente.




Sus cenizas


La urna era pesada, pequeña pero tan pesada,
como la vez, semanas antes de morir,
cuando quiso pararse y puse mi hombro
bajo el suyo, mi mejilla contra su
espalda desnuda repleta de pecas
mientras ella sostenía el orinal. Había perdido
la mitad de su peso
y aún así pesaba tanto que casi no lográbamos sostenerlo
mientras expulsaba la orina crepitante
como fuego líquido. La urna
pesaba lo que ese metro ochenta, se calentaba
en mis manos mientras la acariciaba bajo el pinsapo azul.
La pala sacó la última bocanada de tierra
de la tumba—habrá hecho el mismo ruido arenoso
cuando rasparon sus cenizas del horno—
los demás llegarían en cualquier momento y yo
quería abrir la urna como si sólo así
pudiera conocerlo. Sobre el césped húmedo,
bajo los conos cubiertos de rocío,
forcé la parte de arriba, se abrió, y
ahí estaba, la verdadera materia de su ser:
racimitos de huesos moteados; un arco óseo
descolorido, como un hongo nacido
alrededor de una rama; guijarros manchados:
quizá las manchas fueran los canales de su médula,
quizá por ahí nadaron moléculas vivas
como si tuvieran una voluntad
que pudiera llamarse propia,
quizás en cada célula los cromosomas
emitieron destellos de luz al dividirse, chispas
al dejar atrás sus copias
relucientes. Miré ese salpicón de escamas,
esos restos semejantes a un avispero
de papel deshecho: qué era eso, era un hueso
de su muñeca, era su rótula elegante,
su quijada, o quizá esa parte de su cráneo blanda
al nacer: lo miré,
sus huesos y las cenizas donde yacían, blancas,
plateadas, como esas trémulas serpentinas de polvo
que la tierra va dejando a su paso al girar,
se siente su rugir pesado mientras se aleja.


de The Father/El Padre. (EdiT. Knopf, Nueva York, 1992)
*traducción de  Mori Ponsowy.

viernes

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Me emociona cuando en la madrugada, oigo crujir los carros, casi en la noche, camino a los mercados, los hombres que vienen de las antiguas huertas, donde mi niñez se abrió y huyó como una rosa. Y casi miro la brillante carga, las bolsas de rocío, los repollos de hermosas alas, las cebollas metidas en su gasa, los espárragos como manos de un solo dedo, el azúcar de las zanahorias (...) Brilla fija la aurora del mercado, papá viene de lejos.
Marosa di Giorgio (de La guerra de los huertos)


(...)Pero con los ojos cerrados y un sufrimiento en verdad demasiado grande,

pulsamos los espejos hasta que las palabras olvidadas

suenan màgicamente.
Alejandra Pizarnik (de Árbol de Diana)

Y ojalà que en el luto de tus flores, se estrene el brillo de tu canto. Nuestro deseo de bocas, que te esperan y abrazan. En esta noche, en este mundo.

Susana Cabuchi(Argentina, 1948)

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Esa mano que muere
no está sola.
El anillo dorado
la devuelve
a una danza de bodas
y a sus giros.
A una siesta
de parrales ardientes.
A los vinos
guardados
para las grandes fechas.
Está
el metal redondo
sosteniendo
que todo fue verdad.
El anillo de bodas
de mi padre,
en la mano, en la vida
de mi padre.
En el día de la muerte
de mi padre.


 "12 de junio"  de Album familiar (2000)

miércoles

Ana Prada (Uruguay)

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Será que me enseña a contar este dolor que llevo dentro

será que me obliga a escuchar

-sabés bien que no voy a hablar-

será que me obliga a contar que no va a llegar al mar.



TIERRA ADENTRO

Ay que sí, que se va
se la lleva el agua
que de tanto llorar rueda en la bajada.

Cuando fue que la vi, que la vi creciendo,
Y de tanto mirar se me va perdiendo.
Y de solo mirar se me va perdiendo.
Gota a gota se van minutos cayendo.

El tiempo corre hacia el mar, yo voy tierra adentro.
Si el tiempo corre hacia el mar, yo voy tierra adentro.
No conviene esperar, cada cosa a tu tiempo.

Viendo el amanecer, nos vamos, nos vamos muriendo.
No da vueltas el reloj de arena.
Grano a grano pasó, pasó y se quiebra.

Ay que sí que se va, se la lleva el agua,
Que de tanto llorar, rueda en la bajada.
No conviene esperar, cada cosa a tu tiempo.

Viendo el amanecer, nos vamos, nos vamos muriendo.
No da vueltas el reloj de arena.
Grano a grano pasó, pasó y se quiebra.

Si el tiempo corre hacia el mar, yo voy tierra adentro.

Ay que sí, que se va.



viernes

OLGA OROZCO (Santa rosa de Toay- Argentina, 1922-1999).

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LA MALA SUERTE


Alguien marcó en mis manos,
tal vez hasta en la sombra de mis manos
el signo avieso de los elegidos por los sicarios de la desventura
Su tienda es mi morada
Envuelta estoy en la sombría lona de unas alas que caen y que
caen
Llevando la distancia donde quiera que vaya
sin acertar jamás con ningún paraíso a la medida de mis tentaciones
con ningún episodio que se asemeje a mi aventura.
Nada. Antros donde no cabe ni siquiera el perfume de la perduración,
encierros atestados de mariposas negras, de cuervos y de anguilas,
agujeros por los que se evapora la luz del universo.
Faltan siempre peldaños para llegar y siempre sobran emboscadas y
ausencias
No, no es un guante de seda este destino.
No se adapta al relieve de mis huesos ni a la temperatura de mi piel,
y nada valen trampas ni exorcismos,
ni las maquinaciones del azar ni las jugadas del empeño.
No hay apuesta posible para mí.
Mi lugar esta enfrente del sol que se desvía o de la isla que se aleja
¿No huye acaso el piso con mis precarios bienes?
¿No se transforma en lobo cualquier puerta?
¿No vuelan en bandadas azules mis amigos y no se trueca en carbón
el oro que yo toco?
¿Qué más puedo esperar de estos prodigios?
Cuando arrojo mis redes no recojo más que vasijas rotas,
perros muertos, asombrosos desechos
igual que el pobrecito pescador al comenzar la noche fantástica
del cuento.
Pero no hay desenlaces con aplausos y palmas para mí
¿No era heroico perder? ¿No era intenso el peligro? ¿No era bella
la arena?
Entre mi amado y yo siempre hubo una espada;
justo en medio de la pasión el filo helado, el fulgor venenoso
que anunciaba traiciones y alumbraba la herida en el final de la
novela
Arena, sólo arena en el fondo de todos los ojos que me vieron.
¿Y ahora con que lágrimas sazonaré mi sal,
con que fuego de fiebres consteladas encenderé mi vino?
Si el bien perdido es lo ganado, mis posesiones son incalculables.
Pero cada posible desdicha es como un vértigo,
una provocación que la insaciable realidad acepta, más tarde
o más temprano
Más tarde o más temprano,
estoy aquí para que mi temor se cumpla.

Sofia Ferrero Cárrega (Còrdoba, Argentina)

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Oración al ausente

¿Cómo estarás vos, mientras yo me desvelo?
Que no estés bien sin mí. Que no estés mejor sin mí.
Que me extrañes. Que te acuerdes. Que me recuerdes. Que me acuerdes.
Que me sueñes, por favor que me sueñes.
Que te duela. Que lo sientas.
Que te cueste. Que no puedas. Que te cueste. Que me veas.
Que me busques y no me encuentres. Que te entristezcas.

Que me descubras en alguna oración. Que me cruces en cualquier canción.
Que me quieras, por favor que me quieras.
Que me oigas. Que me entiendas. Que me sientas. Que me huelas.
Que te inspire. Que te sorprenda. Que me llames y yo te atienda.
Que me cites. Que yo pueda.
Que me veas y me quieras.
Que sea. Que esto va a ser. Que esto TIENE que ser.
Que me mires. Que te acerques. Que me acerques. Que me abraces. Que me quieras.
Que me toques. Que me sientas. Que me huelas. Que me quieras.
Que te quedes. Que no te vayas. Que te compartas. Que amanezcas.

Que amanezca. Que me mires. Que me veas. Que me reconozcas. Que cedas. Que me quede. Que te quedes. Que nos quedamos.
Que ya no nos vamos.

Sofìa Ferrero Càrrega tiene 26 años, es una Licenciada en Comunicación Social, recibida de la universidad nacional de Córdoba. Realizó cursos de fotoperiodismo y talleres de escritura creativa.

Milka Rabasa Díez (Perú 1959)

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Si no fuera por ti
tendria que levantarme temprano en los días
y pensar en los quehaceres.


Si no fuera por ti
me ocuparía de la mugre
que se acumula en nuestra casa
y pasaría los días en hacerla brillar
para tu bien, mi vida
para mi bien.


Si no fuera por ti
estaría relegada al triste oficio
de saquear tus bolsillos
para comprar novedades con descuento
y saldar cuentas atrasadas.


Si no fuera por ti
me desnudaría a la altura de tus deseos
y tendría que comer a tus horas
cuidar de tu ropa
y fingir juventud y dicha eterna.


Si no fuera por ti, oh cuánto te lo agradezco
si no fuera por ti que tuviste la feliz idea
de abandonarme a tiempo.



ALEYDA QUEVEDO ROJAS( Ecuador, 1972 )

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Hondo muy hondo

Me afeito la cabeza
y empiezan las preguntas
sobre lo que dejamos de hacer

La alfombra verde que se hace hierba
cuando la pisas y se extiende como
mancha de insectos sobre mis manos
aún permanece en la sala de televisión

Un presentimiento puro
sale de mí
Las preguntas cubren mi cabeza afeitada

¿Quién soy?

¿Quién soy?
Tal vez la mujer senos de ámbar
y pies helados que escribe versos
para reconfortarse
Más la poesía
solo logra descarrilarme
Como el tren rojo que soy
Ese tren que se abre paso
entre las montañas puntiagudas
y difíciles de algún país
Ese tren que nunca llega
a ninguna estación de humo
Esta mujer que emana voces
Trenes y más trenes
que me esperan
Versos para sobrevivir
¿Quién soy?
Quizá este cuerpo encendido
que aún guarda tus huellas en los pliegues.


*Poeta y periodista. Ha publicado cuatro libros de poesía: Cambio en los climas del corazón (1989); La actitud del fuego (1994); Algunas rosas verdes (1996); Espacio vacío (2001),Soy mi cuerpo(2006).
Premio Nacional de Poesía "Jorge Carrera Andrade", 1996.
Su poesía ha sido publicada en revistas como Revista Casa Silva, de Colombia, Puesto de Combate, de Colombia, Hubbub magazine of poetry, de Oregon, Calapooya a literary review, de Oregon University.
Fue jefa de redacción de la Revista Hispanoamericana de Literatura "Línea Imaginaria" y se desempeñó como consultora de comunicación para la Oficina de UNICEF Ecuador.

miércoles

Graciela Perosio(Argentina,1950)

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Astillas de Carlos Muslero

Fragmentos

Astillas
algún canto rodado,
resaca.
Ya casi ni recuerdos,
preguntas, preguntas, preguntas
Soy fragmentos
y ni siquiera
todos ellos
son míos.

Aquí estoy como en nada.
En la espera.
¿Cuándo restallará la hoja
más verde de la tarde?
¿Cuándo penetraré
el sabio sueño del perro
sobre el mármol?

Dicen que es el verano
que el calor asesina las ideas.
Dicen que pasará
que después del dolor
que la paciencia.

Yo sé que estoy temblando
y es la espera.

yo que esperé
hoy ya no puedo
se me ha perdido
el tiempo
en un recodo
donde encontré
la foto
de aquel niño
muerto.

DE “BRECHAS DEL MURO”







Graciela Perosio nació en Buenos Aires en 1950. Egresó de la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Fue Directora del Departamento de Cultura del Instituto de Cultura Religiosa Superior y ejerció la docencia universitaria. Participó en la segunda edición de la Historia de la Literatura Argentina publicada por CEAL. En 1995 recibió la Beca de Investigación del Fondo Nacional de las Artes para estudiar la obra del poeta argentino Carlos Latorre. Sobre dicho autor ha publicado dos ensayos: Casa Extrema: la poesía de Carlos Latorre y Nunca contestó nadie. Tiene inéditos varios ensayos sobre poetas argentinos (Alfonsina Storni, Norah Lange, Juan Gelman, María Elena Walsh).Publicó seis libros de poemas: Del luminoso error, Brechas del Muro, La Varita del Mago, La Vida Espera y La entrada secreta, y Regreso a la fuente de reciente edicion.

martes

Genoveva Arcaute (Argentina.1953)

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Todas somos Frida

Todas somos Frida
Dijo la filósofa
Se sacó la camiseta
Y mostró una cicatriz


En el lóbulo frontal
[las mujeres lo tienen en el útero,
piensan con el vientre
y juzgan con la entraña]

Dijo también que todas
Nos pintamos un rostro
Sobre piel o sobre tela,
Unas cejas, un bigote, unas trenzas
Que desmientan
El frágil cascarón que queda abajo.
Y unos trajes de colores que disfracen
Esos huesos tan faltos de glamur
Con sarapes enroscados
en los muslos, los hombros, la cintura.

Todas somos Frida.
Con un Diego
Tan feo como un sapo veterano
De ojos grandes y párpados hinchados
Vientre lleno y falo indoblegable,
Haciendo juego.

Todas somos Frida.
Con espejo incorporado
Que vigila las poses del modelo
En la cama de hierro de unas vísceras
Constantes en la alarma del quirófano,
Unos senos que amenazan con tomías
Y obscenas ortopedias.

Todas somos Frida
Cuando vamos a nuestro vernissage
Con la cama puesta en ambulancia
Para discutir los tropos y las formas que creamos.
Todas somos Frida,
cicatrices y cenizas.

Nació en 1953 en La Plata. Es Profesora de Lengua y Literatura y Profesora de la Red Nacional de Formación Docente en la Facultad de Humanidades, de La Plata.
Colaboró en la revista “Humor"desde 1981 a 1990.
Es coautora de la pieza teatral “De Dulce de leche y de chocolate” en cartel desde 1983 hasta 1992 en La Plata y Capital.
Ganadora del festival de teatro Independiente año 1988.
Publicó ahora novela breve Mandorla

posee un blog: http://somosfrida.blogspot.com/

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