abril 24, 2006

Ecilpse de luna

Verónica Condomí(Argentina) Eclipse de luna

Luna mojada que viaja
Luna que viaja mojada
Calma las aguas del alma
Alma en el agua que pasa

Luna mojada en el agua
Alma en el agua que viaja
Calma las aguas del alma
Calma en el agua que pasa

Luna que sabe la verdad
Llévate la maldad, llevala.
Luna que sabe la verdad
Dejanos nada más, la calma.
Luna que sabe la verdad
Llévate la maldad, llevala.
Luna que sabe la verdad
Dejanos nada más
Nuestra esperanza.

Marosa di Giorgio

Marosa Di Giorgio, Uruguay(1932-2004)
"Para cazar insectos y aderezarlos, mi abuela era especial.
Les mantenía la vida por mayor deleite y mayor asombro de clientes y convidados.
A la noche, íbamos a las mesitas del jardín con platitos y saleros.
En torno, estaban los rosales; las rosas únicas, inmóviles y nevadas.
Se oía el run run de los insestos, debidamente atados y mareados.
Los clientes llegaban como escondiéndose.
Algunos pedían luciérnagas, que era lo más caro. Aquellas luces.
Otros, mariposas gruesas, color crema, con una hoja de mneta y un minúsculo caracolillo.
Y recuerdo cuando servimos aquella mariposa negra, que parecía de teriopelo, que parecía una mujer.
-IV-

Es la noche de las azucenas de diciembre. A
eso de las diez, las flores se mecen un poco. Pa-
san las mariposas nocturnas con piedrecitas bri-
llantes en el ala y hacen besarse a las flores,
enmaridarse. Y aquello ocurre con sólo querer-
lo. Basta que se lo desee para que ya sea. Aca-
so sólo abandonar las manos y las trenzas. Y
así me abro a otro paisaje y a otros seres. Dios
está allí en el centro con su batón negro, sus
grandes alas y los antiguos parientes, los abue-
los. Todos devoran la enorme paz como una ce-
na. Yo ocupo un pequeño lugar y participo tam-
bién en el quieto regocijo.
Pero, una vez mamá llegó de pronto, me tocó
los hombros y fueron tales mi miedo, mi ver-
güenza, que no me atrevía a levantarme, a re-
sucitar.
de
Historial de las violetas

" El pensamiento del león se hizo espeso. Como una mancha de aceite grueso. Luego la arrastró al lugar más hondo de la cueva. Le lamió la cara. Ella se sonrió. Le hizo los mimos íntimos muy adentro. La médula de ella dijo ¡ay!...¡aaaay!.. Cantó cual mandolina, se la oyó en el aire. Ahí le comió la cabeza. De golpe y a pedacitos. Luego, le durmió un rato sobre el corazón. "

de Camino de las pedrerías (fragmento)



Marosa: "Lo que yo digo es claro como la luz del día y misterioso como la noche"

abril 23, 2006

Epejo,espejito...


"en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas"
Alejandra Pizarnik






Me acerqué el espejo. Quiero besarme. Nadie me impedirá besarme.
Nadie impedirá arrodillarme. Tu boca, espejo, es fresca como el agua.
Me da miedo. No existe la distancia que nos sepra, ni el fío helado
de tu superficie lisa. Voy a morir ahora mismo. Me desvestiré y me
quedaré desnuda. si alguien se acerca, que se vaya y me deje sola
bajo la mirada mía que pronto terminará. ¿Me matarás? ¿Te atreverás?
Moriré bajo tus cristales. Me arrodillaré a tus pies. Me taparé la
cabeza con mis brazos para no ver caer la cascada de vidrios. Qué
porquería eres. Me buscaré a mi misma en todos uts pedazos: un ojo,
una mano, un mechón de pelo, mis rodillas, mi nuca tan querida,
mis pies, mi ombligo, nunca podré juntarlos(...)la muerte de una
persona es igual a la muerte de un espejo.
No creí tener tanta suerte de morir contigo, espejo.

"Cornelia en el espejo"
de Silvina Ocampo.





EL ESPEJO
de Silvia Plath

Soy de plata y exacto. No tengo prejuicios.

Todo lo que veo lo trago de inmediato

tal y como es, sin la turbiedad del amor o de la antipatía.

No soy cruel, sólo veraz-

El ojo de un diosecillo, con cuatro esquinas.

La mayor parte del tiempo medito sobre la pared de enfrente.

Es rosada, con manchas. La he mirado tanto

que creo que forma parte de mi corazón. Pero se mueve.

Caras y oscuridad nos separan una y otra vez.



Ahora soy un lago. Una mujer se asoma sobre mí,

buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.

Luego se vuelve hacia esas embusteras, las velas o la luna.

Veo su espalda y la reflejo con fidelidad.

Me recompensa con lágrimas y gesticula con las manos.

Soy importante para ella. Viene y va.

Cada mañana es su cara lo que sucede a la oscuridad.

En mí ha ahogado a una muchacha, y desde mi una mujer mayor

se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible.


AUTORRETRATO

Me miro en el espejo.

Una mujer avanza
desnuda
sin heridas aparentes.
Es una hembra espléndida
en épocas de celo
tal vez.
Pero ya muerta.

En carne y sombra altiva
despoja sus silencios.
En silencio
un idioma de albatros
la sustenta.

Se yergue luego
intacta
con dignidad de hiedra.
Y asomada
a sus muros
de lumbre y soledades
espera.

de Ana Emilia Lahitte

Revelación de un mundo-Clarice Listector

"Cabe el deseo. El deseo cabe en todas partes
y se manifiesta de las maneras más insospechadas, cuando se manifiesta,
y cuando no se manifiesta-las más de las veces- es una pulsión interna,
un latido de ansiedad incontenible"

Luisa Valenzuela

"Revelación de un mundo" de Clarice Lispector

"No hay espacio femenino
aislado del cuerpo, de allí
la certeza de que la mujer
no se separa jamás de si misma"

Lou Andreas Salomé

Porque la primera verdad está en la tierra y en el cuerpo. Volver al cuerpo.
Si el brillo de la estrella me duele, si es posible esta comunicación distante,
es porque alguna cosa semejante a una estrella se estremece dentro de mí.
Estoy de vuelta en mí, en mi cuerpo, volver al cuerpo.
Cuando me sorprendo en el fondo del espejo me asusto. No puedo llegar a creer
que tengo límites, que soy recortada y definida.
Me siento dispersa en el aire, pasajeras de las cosas, pensativa criatura, viviendo en ellas más allá de mi misma. Cuando me observo en el espejo, no me asusto porque me hallé fea o linda, es que me descubro de otra cualidad que ignoro.
Después de no verme por un tiempo, casi olvido que soy humana, casi no recuerdo un pasado,
y tengo la misma libertad de fin y de conciencia de cualquier cosa viva.
Palabras, palabras muy puras, gotas de cristal. Siento la forma brillante y húmeda debatiéndose en mí, dentro. Pero, ¿Qué es lo que quiero decir, dónde está lo que debo decir?(...)

abril 21, 2006

Si te dicen que caí, es que caí

Beatriz Vignoli(Rosario,1965)
La caída


Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente sus lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.


de "Viernes"(poesía)

De la ley tu ley

Juana Bignozzi

EDUCADA EN EL VICIO DE LOS HOMBRES
de La ley tu ley



voy a la cocina y me siguen
voy al baño y golpean la puerta
me despiertan en la noche para preguntarme si duermo
llaman por teléfono en todas mis ciudades
para avisarme cuidado con el vino y la vida literaria
no he perdido padre ni tíos ni ahijado ni amigos de juventud
por no perder no he peridio ni editor
ni ese hombre
que ya sombra aún cuida mi paso en las esquinas

no me han dejado caer de su mano de su vicio
de su peso de mi corazón

vuelvo a pintar las flores de mi juventud
vuelvo a ver el amanecer
sin temor
ya nunca nadie podrá decirme éstas no son horas
veo amanecer como una mujer no como una joven temerosa
de la ley tu ley
el acero de esta luz para una mujer sola
que no debe temer sino decidir

Juana Bignozzi nació en Buenos Aires en 1937. Ha publicado cinco libros y una Obra reunida bajo el título La ley tu ley (Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2000) de donde se extraen estos poemas.

Ya no.

Idea Vilariño(Uruguay)

YA NO

Ya no será,
ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa, no te tendré de noche
no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
Ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.
No volveré a tocarte. No te veré morir.

ESO

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.

EL AMOR

Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorgojea al oído
y le gorgojeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda lo
levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
ríe y río
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
- no se trata de amor
damos la vida-
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo.

SI MURIERA ESTA NOCHE

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.


abril 20, 2006

El arte de perder




Elizabeth Bishop (EEUU,1911-1979)

Un arte

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, la horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.

Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.

*Algo más sobre la poeta Elizabeth Bishop .Vida y poesía

La Walsh

"Yo me nazco, yo misma me levanto,
organizo mi forma y determinomi cantidad ,
mi número divino,mi régimen de paz,
mi azar de llanto.
Establezco mi origen y termino porque sí,
para nunca, por lo tanto.
Soy lo que se me ocurre cuando canto.
No tengo ganas de tener destino"

Serenata para la tierra de uno

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Para sembrarte de guitarra
para cuidarte en cada flor,
y odiar a los que te lastiman, mi amor,
yo quiero vivir en vos.


Barco quieto

No te vayas, te lo pido,
de esta casa nuestra
dónde hemos vivido.
Qué nostalgia te puedo llevar
si de la ventana
no vemos el mar
y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Todo pasa, todo cansa
y uno se arrepiente
de estar en su casa
y de pronto se asoma
a un rincón
a mirar con lástima su corazón
y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

No te vayas, quédate
que ya estamos
de vuelta de todo
y esta casa es nuestro
modo de ser.
Tantas charlas, tanta vida,
tantas noches con olor a comida
con una eternidad familiar
en un solo día no puede cambiar
y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

Estos muros, estas puertas
no son de mentiras,
son el alma nuestra.
Barco quieto, morada interior
que vivimos lo hicimos
igual que el amor.
Y afuera llora la ciudad
tanta soledad.

No te vayas, quédate
que ya estamos
de vuelta de todo
y esta casa es nuestro
modo de ser.

Páginas sobre Ma. Elena Walsh.

Ma Elena Walsh en Literatura .org

abril 11, 2006

Esta mujer

Circe Maia, Uruguay

Esta mujer
A esta mujer la despierta un llanto:
se levanta medio dormida.
Prepara una leche en silencio
cortado por pequeños ruidos de cocina.
Mirá como envuelve su tiempo y en él
está viva.
y en el está viva
Sus horas
fuertemente tramadas
están hechas de fibras resistentes
como cosas reales: pan avena,
ropa lavada, lana tejida.
Cada hora germina otras horas y todas
son peldaños
que ella sube y resuenan.
Sale y entra y se mueve
y su hacer la ilumina.

Manos

Los gestos milenarios que repito
desde el tender la mesa a hacer dormirse
los niños, me descubrende pronto,
su otra cara.
Es mi mano y no es sólo la mía.
Vieja mano, viejísima, viniendo
desde siglos, se mueve
por detrás de una fría, gris mirada.
Visto y pensado, el mundo
contemplado, extendido
delante de los ojos
y los ojos buscando ver los hilos
de la espesa maraña...
Y sin embargo, manos
que nada ven, las ciegas
manos, mucho más hallan,
y sin buscar encuentran
una viva sustancia:
en palabras no entra
en los ojos no cabe.
Manos sólo la palpan.

El medio transparente

Lo mejor sería no pensar demasiado
en ellas, las palabras. Ellas vienen
así o de otro modo
y no es tan importante.
Vidrios, ventanas son y habría que
limpiarlas
con cuidado, por eso. No pintarlas
-¿qué verías detrás?- y no adornarlas.
Por mirar el adorno en la ventana
no miraste hacia afuera.
El más breve vistazo
hubiera sido al menos suficiente
para mirar la luz del otro lado.
Si, esa luz de afuera
sobre un rostro que pasa.

abril 10, 2006

Antes de dormir.






"…el no ser perfecta, me hiere", escribió Silvia Plath en su diario en 1957


Límite
(El último poema que escribe, la víspera del suicidio:)
La mujer ha llegado a la perfección.
Su cuerpo

Muerto viste la sonrisa de la realización,
la ilusión de una necesidad griega

fluye de los pergaminos de su toga,
sus pies

desnudos parecen decir:
hemos llegados demasiado lejos, se terminó.

Cada niño muerto enroscado, blancas serpientes,
uno a cada jarrita

de leche, ahora vacía.
Los ha plegado

de nuevo hacia su cuerpo, así como los pétalos
de una rosa cerrada cuando el jardín

se fortalece y los perfumes sangran
de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene porqué entristecerse,
mirando fijamente desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.
Sus negros crujen y se arrastran.

Versión de Agustina Jojärt

Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor maternal
para que cada marzo florezcan las hojas,
ni soy la belleza del jardín
de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
ignorando que pronto perderá sus pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo parecer a ellos a la perfección-
oscurecidos ya los pensamientos.
Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez,
y las flores tendrán tiempo para mí.
La Rival

La Luna, si sonriera, se te parecería.
Das la misma impresión
de cosa bella, pero que aniquila.
Ambas sois grandes tomadoras de luz.
Su boca de O se aflige por el mundo; la tuya se queda
indiferente,
y tu primer don es el de trocarlo todo en piedra.
Me despierto en un mausoleo; estás aquí
tamborileando con los dedos en la mesa de mármol, buscando
cigarrillos,
con rencor de mujer, pero sin tantos nervios,
muriéndote por decir algo que no admita respuesta.
También la luna envilece a sus vasallos,
pero a la luz del día hace el ridículo.

Tus insatisfacciones, por otra parte,
llegan por el buzón con amorosa regularidad,
blancas y vacías, tan expansivas como monóxido de carbono.
Ningún día está a salvo de noticias tuyas
tú que andas por África, tal vez, pero pensando en mí.
Me las arreglo
—Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro,
mi pielBrillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pieEs un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzoJudío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,¿Aterro acaso?
—¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso alientoSe desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carneQue la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie
—El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas
/Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismoRetorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
'Milagro!'
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón
–De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
o por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.
Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

abril 09, 2006

Maria Cristina Santiago/Argentina)

La historia permanente"Él, el hombre, se ocupaba de aquello
que ella ni siquiera agradecía;
él atizaba el fuego,
lo cual era su deber de nacimiento."

Clarice Lispector


Si intentas ser lo que el otro cree
resultas sometida a esa mirada
-piensa Leticia mientras con los dedos
pela una cebolla. Entre la sensatez y la locura
no hay respiración ni línea divisoria.
Todo es cuestión de tiempo -le dice-
persistir hasta ubicar el centro.
Capa por capa la desviste.
El cuerpo se eriza a lo evidente
pero mantiene el secreto.
La locura no es letal. Sólo unas lágrimas
mientras va camino a descubrir
el corazón de lo perfecto.
La embelesa su arquitectura que deshoja
y mira, a la cebolla, igual que a un rostro.
Hazaña de reconocimiento hacia el vacío
la tarea implica casi, lograr
el punto justo. Adivina el espacio
donde en armonía se instala el pensamiento
escurridizo; gelatina la piel que al desvestir
incita a un llanto inconsolable y seda.
Intuición de saber: tras cada lienzo subsiste nada.

Disculpen la demora -advierte a las que
esperan en la bolsa de nylon. La operación
es muy profunda y ella es única: una cebolla
única no puede desperdiciarse en rodajas.
Mejor sin lágrimas
pues si el que encendió el fuego llegara ahora
pensaría que he roto el equilibrio;
sus ojos con búsqueda total
devanarán los ángulos, las alacenas.
Pero hay orden: la comida hierve
puntualmente en la marmita
y le dará ilusoria la certeza
de haber tenido todo el día
incluso mis pensamientos, bajo su mirada.


En acto y paradoja

"El alimento que no alimenta
te hará tambalear del deseo al goce
y en el goce se desvivirá por el deseo".
I Ching

Sumergir las manos en agua jabonosa
¿he aquí el placer; la plenitud?
A través de la grasa de los platos
un goce postergado se desarma en burbujas.
La paciencia es fatal: engaña a la mujer
que cree estar viva sin ver que hasta la espuma
incontrolable muere en la canilla.
Signo: una boca abierta
recibiendo comida. Esa es la poesía oportuna
de esta hora. Alimentarlos para la infinitud
y en consecuencia: Hilda lava cacharros,
a la siesta. Sin prisa mas sin pausa
posponer el momento,
agujas de un reloj que acosa
a la conciencia.
Teme reconocerse sin reproches
en un deseo incompleto.
¿Por instalarlos en la eternidad
mató Medea a su prole?
Presta atención a lo nutriente, decía
un hexagrama, y a aquello con que trata
de llenar su boca uno mismo.
Subido a una pompa de jabón,
inoportuno, el pensamiento se abre
de soslayo. El cuerpo que acaricia en zonas
es un rompecabezas y tiene
partes nobles e innobles. Por eso será, intuye,
que sus dedos arrastran detergente y leche
por la casa y hacen ininteligibles las emociones.
Más tarde dejará para aplacarlas
correr el agua fría sobre esos pechos.
Concentrada en la pileta desengrasa
las copas. Raspa de los platos el borde.
Total, el resto es vicio. Simples fabulaciones.
Una mujer consigue dividirse en varias.
Postergar las ansias más secretas
hasta que, incluso el perro, todos duerman.
Dios es piadoso, le ha prometido en otra vida,
la unidad, no el placer si persevera.
Ahora sólo resta guardar
con precauciones, los cuchillos de alpaca.

abril 05, 2006

"Desde la mujer que soy..."


Gioconda Belli Nicaragua, 1948

Prejuicios sobre la maternidad

¿Es la única?
Me pregunta la mujer en el parque
contemplando los juegos de Adriana
Tengo cuatro, le respondo.
No tarda mucho en preguntarme sus edades
Y en mirarme, incrédula, cuando se las digo.
-Se ve usted muy joven para todo eso – comentan.
Es un halago
pero siempre me hace pensar
en los tristes perfiles, las asociaciones,
de la maternidad.
Más vida dan las mujeres,
-sostiene la popular sabiduria-
más vida pierden.
Los partos las destiñen.
Engordan. Se agotan. Envejecen.
Cuatro hijos tendrían que haber terminado
con la sensualidad o el deseo.
Como si cada hijo mágicamente redujera la libido,
y no fuera la realidad exactamente lo contrario:
Cada hijo dejandonos más cerca de la vida
más proclives a la ternura,
la piel más suave y el sexo más acogedor.
Es la falta de pan, de amor, la que desgasta.
No el parto. Uno no escoge.
uno no escoge el país donde nace;
Pero ama el país donde ha nacido.
Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
pero debe dejar huella de su tiempo.
Nadie puede evadir su responsabilidad.
Nadie puede taparse los ojos, los oídos,
enmudecer y cortarse las manos.
Todos tenemos un deber de amor que cumplir,
una historia que nacer
una meta que alcanzar.
No escogimos el momento para venir al mundo:
Ahora podemos hacer el mundo
en que nacerá y crecerá
la semilla que trajimos con nosotros.

Y Dios me hizo mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
en instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas
que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.


No me arrepiento de nada

Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
—ellas habitando en mí queriendo ser yo misma—
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
—en horas de oficina—
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Como gata boca arriba

Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.

*Más poesias de Gioconda Belli.

abril 04, 2006

Adrienne Rich

Adriene Rich, Estados Unidos, 1929.

"Nadie habita este cuarto sin sentir algún tipo de crisis".


"Al escribir poesía... he aprendido el camino a seguir, las direcciones personales, políticas de mi vida... He sido transformada, mi poesía ha sido transformándose en este proceso sin fin".



Reparto de tareas


Las revoluciones dan vueltas, pactan, hacen declaraciones:
una revista nueva aparece, viejos nombres en su cabecera,
una revista antigua abrillanta su obra
con deconstrucciones de la prosa de Malcolm X
Las mujeres en las filas traseras de la política
todavía lamen hilo para pasarlo por el ojo
de la aguja, truecan huesos por plástico, rajan vainas
para venderlas como collares en los cruceros
hacen inmaculados vestidos de Primera Comunión
con planchas y vacilante agua caliente
todavía ajustan los microscópicos hilos dorados
en los chips de silicio
todavía dan clase, vigilan a los niños
esaparecidos en las callejuelas de fuego cruzado, los barrancos de
repentinas inundaciones
los repentinos incendios de queroseno
-mujeres cuyo trabajo reconstruye el mundo
todas y cada una de la mañanas
He visto a una mujer sentada
entre la estufa y las estrellas
sus dedos chamuscados de apagar las velas
de la pura teoría Indice y pulgar: los dos quemados:
he sentido esa cera sagrada levantarme ampollas en la mano

(1988)



Tú, antaño una beldad en Shreveport,
con cabellos teñidos de henna,
la piel como un capullo de melocotón,
aún te haces vestidos copiados de aquella época,
y tocas un preludio de Chopin
del que Cortot dijo: «Deliciosos recuerdos
fluyen como perfume a través de la memoria.»
Tu mente ahora,
desmoronándose como una tarta nupcial,
cargada de experiencias inútiles, rica
en sospechas, rumores, fantasías,
rompiéndose bajo el filo del cuchillo
de la realidad. En la plenitud de tu vida.

Excitada, colérica, tu hija
seca las cucharas, crece de otra forma.


de Instantáneas de una nuera.


Veintiún poemas de amor
III

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

1974-76






Sueño que soy la muerte de Orfeo

Camino rápidamente a través de las estrías de luz y sombra
que arroja una arcada

Soy una mujer en la plenitud de la vida, con ciertos poderes
y estos poderes limitados severamente
por autoridades a las que pocas veces veo el rostro.
Soy una mujer en la plenitud de la vida
que conduce a su poeta muerto en un Rolls-Royce negro
por un paisaje de crepúsculo y espinas.
Una mujer con una cierta misión
que la dejará intacta si se obedece al pie de la letra.
Una mujer con los nervios de una pantera
una mujer con contactos entre los Ángeles del Infierno
una mujer que siente la grandeza de sus poderes
cn el preciso momento en que no debe usarlos
una mujer comprometida con la lucidez
que ve, a través de la confusión, los fuegos humeantes
de estas calles subterráneas
a su poeta muerto aprendiendo a caminar hacia atrás, contra el viento,
por el lado equivocado del espejo

*(Versiones de María Soledad Sánchez Gómez)

Primera Flor

Hilda Lizarazu (Argentina ,1962)


Amapola
Hay un cisne en un sapo en un escarabajo que vuela hacia mí
yo te puedo ver alta y sin miedo

Hay una bailadora que danza en el fondo de un pozo sin fin
yo te puedo ver, mueve tus manos hasta el presente

Todas las mañanas me hablan desde vos
cada lago de ausencia que mi ojo detecte


Este cielo de enero trajo una amapola en forma de nube
yo la empujaré muy lentamente


Se abren paso los días se abren paso las horas y todo sigue aquí
como esperando ser agua de una sed, mano de un ande


Todas las mañanas me hablan desde vos
cada lago de ausencia que mi ojo detecte
Y toda esa fauna que anda me conoce
cada lago de ausencia que mi ojo detecte


Todas las mañanas me hablan desde vos
cada lago de ausencia que mi ojo detecte
Y toda esa fauna que anda me conoce
cada lago de ausencia que mi ojo detecte

No te olvidaré
No te olvidaré
No te olvidaré
No, oh


Primera Flor


La ví nacer, pujé dolor,
salió de mí, de nuestro amor
paré, para parir, por fin
es un milagro, el porvenir

y en el jardín la veo jugar
entre araucarias con el jazmín
y en el jardín renacerá
pura ternura
primera flor

mi corazón se aceleró
al ver los pasos que ella dió

en la nostalgia, soy feliz
milonga siempre emperatriz

y en el jardín se hamacará
vestido al viento, verde mar
y en el jardín renacerá
pura ternura
primera flor
(de Gabinete de curiosidades ,2004 )

abril 03, 2006

El juego sin nombre. Maria Negroni

María Negroni
El juego sin nombre

Estoy recostada en un sillón, al borde de una autopista, hablando con mi madre. Ella dice:-Lo sabía. ( Se refiere a las disputas con mi amante que aparece en segundo plano, como Velázquez en el cuadro de Las Meninas.)Un hombre casi viejo, a quien odio y admiro a la vez,un monarca más gris que la bruma, se acerca y empieza a tocarme en la zona del corazón. ( Mi madre ha desaparecido.) No hay erotismo en sus gestos. Apenas, entre él y yo, la vigilia y colores que no existen. Le pregunto si existo de verdad. Le pido que enumere mi rosario de crímenes. Alguna prueba eficaz. Algo más que esta fiebre, esta ausencia atareada, este empeño de emociones rígidas como el metal. Su figura es un bosque. Dardos en combate. Una imagen huraña en el espejo.-Si no deja de tocarme-pienso-, abrirá en mí una distancia, un abismo presuntuoso ( como el que aparta a una piedra de sí misma). Acabaré tratando de robarle una forma, de inventar un sentido, de decir lo que no debe decirse-bajo ningún pretexto-en palabras. Me perderé.Silencio. Pasa una leve sombra temblorosa. El resto es la autopista y yo entrando en lo anónimo, el sordo susurro de un trozo de escritura mientras sube la noche, la noche sube, pálida.


(del libro El viaje en la noche. Editorial Lumen).


Maria Negroni nació en Rosario, Argentina. Tiene un doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Columbia, Nueva York. Ha publicado, entre otros, los siguientes títulos de poesía: De tanto desolar (1985), La jaula bajo el trapo (1991), Islandia (2001), El viaje de la noche (1994), Night journey (2002), Diario extranjero (2001), Camera delle meraviglie (2002), La ineptitud (2002) y Arte y fuga (2004). También publicó tres libros de ensayos: Ciudad gótica (1994), Museo negro (1999), El testigo lúcido (2003), una novela, El sueño de Úrsula (1998) y un libro-objeto, en colaboración con el artista plástico Jorge Macchi, Buenos Aires tour (2004). Tradujo, entre otros, a Louise Labé, Valentine Penrose, Georges Bataille, H.D. y Charles Simic. Obtuvo becas de las fundaciones Guggenheim (1994), Rockefeller (1998), Octavio Paz (2002) y New York Foundation for the Arts (2005). Su libro Islandia recibió el premio del PEN American Center al mejor libro de poesía en traducción del año (Nueva York, 2001). Dirige, junto al crítico Jorge Monteleone, la revista de poesía y poética Abyssinia. En la actualidad, enseña Literatura Latinoamericana en el Sarah Lawrence College, en Nueva York.